España producirá en la campaña 2025-2026 alrededor de 5,44 millones de toneladas de cítricos, el volumen más bajo en más de una década y un 10% menos que la temporada anterior, según las estimaciones del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. De ese total, la producción de naranja se situará en torno a los 2,72 millones de toneladas, lo que supone una caída cercana al 12% interanual, aunque la calidad de este producto será «excepcional» gracias a las lluvias registradas, señalan los expertos. Andalucía concentrará algo más de dos millones de toneladas y aproximadamente el 37% del total nacional de cítricos, según los mismos datos.. En ese contexto, la naranja andaluza se mantiene como un producto «estrella» cuya calidad se comprueba sin margen para la interpretación. El primer gajo confirma o desmiente el resultado final y no hay relato que lo salve si escasea el zumo, si no tiene dulzor o si la textura de la propia naranja no cumple todos los estándares de calidad. Cuando el consumidor encuentra en el lineal de un supermercado una naranja con todas esas características está validando, aunque no sea consciente de ello, una cadena de decisiones que comienza mucho antes de la compra y que se apoya en el control del tiempo, del origen y del proceso, un factor determinante en los cítricos, donde cualquier fallo acaba reflejándose en el resultado final.. Ese recorrido se apoya hoy, en buena medida, en la gran distribución. En el caso de Lasarte Cítricos S. L., productora y comercializadora con explotaciones en el Valle del Guadalquivir, la relación con Mercadona ha sido determinante para producir más y mejor. La compañía es uno de los tres proveedores de naranja andaluza de la cadena —junto a Alcafruit y Martinavarro— y ha ampliado en los últimos años las variedades con las que trabaja para abastecer de naranja nacional hasta bien entrado el mes de septiembre a buena parte de los establecimientos de Mercadona (más de 125 tiendas) en Andalucía y otros puntos de venta en el extranjero, con el objetivo de ir ganando cada año más mercado. Desde su recolección hasta que llega a manos del consumidor pasa solamente uno o dos días.. José María Juarranz, CEO de Lasarte, explica en esta entrevista a pie de campo, en una de las fincas con las que cuenta el grupo, que su objetivo no ha cambiado pese al crecimiento que ha experimentado en los últimos años. Para él, mantener el estándar de calidad «en todos los momentos de la campaña, desde el periodo de comercialización de la navelina, valencia, la navelate o la navel powell –diferentes variedades cuya principal diferencia es que se recolectan en momentos diferentes del año– es una prioridad».. El punto de partida de ese modelo está en el campo. En una de sus haciendas, casi una veintena de jornaleros se afanan estos días en la recolección de navelina desde primera hora de la mañana. Hay música de fondo y un ritmo constante que marca la jornada. Cada día salen de la finca en torno a 22 toneladas de naranja. Solo en esta explotación, el grupo cuenta con más de 100 hectáreas de naranjos, una cifra que se multiplica si se suman las aportaciones de sus socios colaboradores. En total, Lasarte gestiona 789 hectáreas de cultivo repartidos entre las provincias de Sevilla y Córdoba.. La recolección se realiza siempre a mano y con tijera. No es un detalle menor. Juarranz explica que «ese tipo de corte permite que la fruta llegue en las mejores condiciones a la siguiente fase». Allí, en la propia finca ya se realiza un primer análisis del tamaño, contenido en zumo y madurez, lo que determinará, junto a otros controles que se realizan con la tecnología «más puntera» del sector, si se realiza o no la recolecta. El grado Brix, que mide la concentración de azúcares, actúa como referencia del sabor. Tras analizar una naranja recién cortada, Juarranz observa que se aproxima a los 12 grados y no duda en calificarlo como «una cosa extraordinaria». En diciembre, recuerda, una naranja que no alcanza determinados niveles queda fuera del circuito, ya que «una mala puntuación sería estar por debajo de 9». Esta exigencia responde a que «el cliente final necesita no sentirse engañado», insiste Juarranz, que pertenece a la tercera generación de una familia dedicada a este cultivo. Aunque la tecnología ocupa un lugar central, la experiencia sigue siendo determinante. Cuando surge la duda, explica, «me traigo a mi padre al campo y él sabe perfectamente si se puede cortar o no solo con ver los naranjos».. En definitiva, nada se improvisa. El día anterior a la recolección se decide en qué finca se va faenar, qué cuadrillas entran y cómo se organiza el transporte. Todo queda registrado en un sistema que también contempla la meteorología porque, como dice Juarranz, «dependiendo de las inclemencias, se sale o no se sale». Esa planificación permite que la fruta llegue a la planta de manipulación, ubicada a escasos kilómetros de la finca, sin retrasos que comprometan su frescura. En ese proceso tiene un papel clave Luis Navas, técnico de campo y responsable de las cortas, que gestiona las más de 700 hectáreas del grupo. Su trabajo se apoya en herramientas de análisis predictivo que convierten fotografías de las parcelas en datos. Sobre las 12:00 horas del mediodía ya había medido «158 frutos de tamaño medio» a través de una aplicación «que nos permite a través de fotografías saber el porcentaje de naranjas que hay en una finca con el calibre que necesitamos». Navas interpreta todos esos datos para «anticipar la producción y preparar campañas futuras». Mientras una variedad se está recolectando, otra ya se planifica, y así durante todo el año. «Ahora mismo estamos preparando la campaña de navelate», señala, refiriéndose a las naranjas que van a recolectar a partir de la segunda semana de enero.. Después, cuando la naranja sale del campo, entra en la central ubicada en las inmediaciones de Écija. Allí trabajan unas 70 personas en campaña, aunque la cifra total de empleados del grupo supera los 200 si se incluyen las cuadrillas de recolección. La palabra que lo articula todo es «trazabilidad». Cada lote queda identificado para saber de dónde procede la fruta, qué ha ocurrido en el campo y los procesos por los que ha pasado. Si surge cualquier incidencia, explica Juarranz, «sabemos de dónde viene y qué ha ocurrido durante todo el proceso». La fruta se descarga y pasa por «preconfección». Se lava , un requisito imprescindible con el que empieza el proceso. Antes de iniciar su relación con Mercadona, Lasarte destinaba casi el 100% de su producción al exterior, con destinos como Francia, Países Bajos, Italia, Alemania, Estados Unidos o Emiratos Árabes. Hoy, aproximadamente el 50% de la naranja se comercializa fuera y el otro 50% se queda en el mercado nacional. De ese porcentaje, un 30% se destina a Mercadona.. La planta está diseñada para ordenar los flujos de entrada y salida, de modo que la fruta avance sin interrupciones. En los últimos años, Lasarte ha invertido más de 1,5 millones de euros en tecnología, nuevas infraestructuras, cámaras frigoríficas –con capacidad para más de 2.000 toneladas– y en maquinaria de calibrado que facilita el trabajo a los operarios y mejora la homogeneidad del producto. Juarranz reconoce que son «muchos planes de crecimiento», posibles gracias a la estabilidad que aporta «trabajar con Mercadona», recalca en varias ocasiones.. Uno de los cambios más relevantes ha sido la automatización del granel, tras comprobar que representaba «cerca del 28% del producto final». La decisión permite ganar eficiencia, seguridad y empleo con mayor valor añadido. Aunque los calibradores cuentan con visión infrarroja, la fruta pasa también por sistemas de luz ultravioleta. El proceso, insiste Juarranz, se realiza «naranja por naranja». Desde el departamento de Calidad, Raquel Rubio explica que una herramienta tecnológica implantada recientemente ha permitido integrar el campo con el almacén mediante imágenes. En pantalla aparecen los lotes, los defectos y el color de cada naranja. Antes, el control se realizaba mediante muestreos manuales. Ahora, basta con fotografiar todas las naranjas para obtener la información necesaria, reforzando la trazabilidad y facilitando las auditorías.. El último tramo del recorrido está marcado por el tiempo. En el caso de Mercadona, la fruta sale hacia el bloque logístico de Antequera y desde allí se distribuye a unas 125 tiendas de Andalucía, Ceuta y Melilla. Mercadona trabaja con naranja nacional desde noviembre hasta agosto, el periodo en el que la fruta alcanza los estándares de calidad exigidos por el cliente. La política de frescos de la cadena permite que la naranja recolectada en las fincas de Sevilla y Córdoba esté en el supermercado apenas dos días después. «Primamos la calidad en los cuatro formatos que le vendemos, tanto en malla como destino exprimidor y a granel. No hay una naranja mejor y, además, con marca Andalucía», concluye el CEO de Lasarte.
Lasarte surte de este producto a más de 125 tiendas de Mercadona en la región con una fruta que va del árbol a la mesa en apenas dos día
España producirá en la campaña 2025-2026 alrededor de 5,44 millones de toneladas de cítricos, el volumen más bajo en más de una década y un 10% menos que la temporada anterior, según las estimaciones del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. De ese total, la producción de naranja se situará en torno a los 2,72 millones de toneladas, lo que supone una caída cercana al 12% interanual, aunque la calidad de este producto será «excepcional» gracias a las lluvias registradas, señalan los expertos. Andalucía concentrará algo más de dos millones de toneladas y aproximadamente el 37% del total nacional de cítricos, según los mismos datos.. En ese contexto, la naranja andaluza se mantiene como un producto «estrella» cuya calidad se comprueba sin margen para la interpretación. El primer gajo confirma o desmiente el resultado final y no hay relato que lo salve si escasea el zumo, si no tiene dulzor o si la textura de la propia naranja no cumple todos los estándares de calidad. Cuando el consumidor encuentra en el lineal de un supermercado una naranja con todas esas características está validando, aunque no sea consciente de ello, una cadena de decisiones que comienza mucho antes de la compra y que se apoya en el control del tiempo, del origen y del proceso, un factor determinante en los cítricos, donde cualquier fallo acaba reflejándose en el resultado final.. Ese recorrido se apoya hoy, en buena medida, en la gran distribución. En el caso de Lasarte Cítricos S. L., productora y comercializadora con explotaciones en el Valle del Guadalquivir, la relación con Mercadona ha sido determinante para producir más y mejor. La compañía es uno de los tres proveedores de naranja andaluza de la cadena —junto a Alcafruit y Martinavarro— y ha ampliado en los últimos años las variedades con las que trabaja para abastecer de naranja nacional hasta bien entrado el mes de septiembre a buena parte de los establecimientos de Mercadona (más de 125 tiendas) en Andalucía y otros puntos de venta en el extranjero, con el objetivo de ir ganando cada año más mercado. Desde su recolección hasta que llega a manos del consumidor pasa solamente uno o dos días.. José María Juarranz, CEO de Lasarte, explica en esta entrevista a pie de campo, en una de las fincas con las que cuenta el grupo, que su objetivo no ha cambiado pese al crecimiento que ha experimentado en los últimos años. Para él, mantener el estándar de calidad «en todos los momentos de la campaña, desde el periodo de comercialización de la navelina, valencia, la navelate o la navel powell –diferentes variedades cuya principal diferencia es que se recolectan en momentos diferentes del año– es una prioridad».. El punto de partida de ese modelo está en el campo. En una de sus haciendas, casi una veintena de jornaleros se afanan estos días en la recolección de navelina desde primera hora de la mañana. Hay música de fondo y un ritmo constante que marca la jornada. Cada día salen de la finca en torno a 22 toneladas de naranja. Solo en esta explotación, el grupo cuenta con más de 100 hectáreas de naranjos, una cifra que se multiplica si se suman las aportaciones de sus socios colaboradores. En total, Lasarte gestiona 789 hectáreas de cultivo repartidos entre las provincias de Sevilla y Córdoba.. La recolección se realiza siempre a mano y con tijera. No es un detalle menor. Juarranz explica que «ese tipo de corte permite que la fruta llegue en las mejores condiciones a la siguiente fase». Allí, en la propia finca ya se realiza un primer análisis del tamaño, contenido en zumo y madurez, lo que determinará, junto a otros controles que se realizan con la tecnología «más puntera» del sector, si se realiza o no la recolecta. El grado Brix, que mide la concentración de azúcares, actúa como referencia del sabor. Tras analizar una naranja recién cortada, Juarranz observa que se aproxima a los 12 grados y no duda en calificarlo como «una cosa extraordinaria». En diciembre, recuerda, una naranja que no alcanza determinados niveles queda fuera del circuito, ya que «una mala puntuación sería estar por debajo de 9». Esta exigencia responde a que «el cliente final necesita no sentirse engañado», insiste Juarranz, que pertenece a la tercera generación de una familia dedicada a este cultivo. Aunque la tecnología ocupa un lugar central, la experiencia sigue siendo determinante. Cuando surge la duda, explica, «me traigo a mi padre al campo y él sabe perfectamente si se puede cortar o no solo con ver los naranjos».. En definitiva, nada se improvisa. El día anterior a la recolección se decide en qué finca se va faenar, qué cuadrillas entran y cómo se organiza el transporte. Todo queda registrado en un sistema que también contempla la meteorología porque, como dice Juarranz, «dependiendo de las inclemencias, se sale o no se sale». Esa planificación permite que la fruta llegue a la planta de manipulación, ubicada a escasos kilómetros de la finca, sin retrasos que comprometan su frescura. En ese proceso tiene un papel clave Luis Navas, técnico de campo y responsable de las cortas, que gestiona las más de 700 hectáreas del grupo. Su trabajo se apoya en herramientas de análisis predictivo que convierten fotografías de las parcelas en datos. Sobre las 12:00 horas del mediodía ya había medido «158 frutos de tamaño medio» a través de una aplicación «que nos permite a través de fotografías saber el porcentaje de naranjas que hay en una finca con el calibre que necesitamos». Navas interpreta todos esos datos para «anticipar la producción y preparar campañas futuras». Mientras una variedad se está recolectando, otra ya se planifica, y así durante todo el año. «Ahora mismo estamos preparando la campaña de navelate», señala, refiriéndose a las naranjas que van a recolectar a partir de la segunda semana de enero.. Después, cuando la naranja sale del campo, entra en la central ubicada en las inmediaciones de Écija. Allí trabajan unas 70 personas en campaña, aunque la cifra total de empleados del grupo supera los 200 si se incluyen las cuadrillas de recolección. La palabra que lo articula todo es «trazabilidad». Cada lote queda identificado para saber de dónde procede la fruta, qué ha ocurrido en el campo y los procesos por los que ha pasado. Si surge cualquier incidencia, explica Juarranz, «sabemos de dónde viene y qué ha ocurrido durante todo el proceso». La fruta se descarga y pasa por «preconfección». Se lava , un requisito imprescindible con el que empieza el proceso. Antes de iniciar su relación con Mercadona, Lasarte destinaba casi el 100% de su producción al exterior, con destinos como Francia, Países Bajos, Italia, Alemania, Estados Unidos o Emiratos Árabes. Hoy, aproximadamente el 50% de la naranja se comercializa fuera y el otro 50% se queda en el mercado nacional. De ese porcentaje, un 30% se destina a Mercadona.. La planta está diseñada para ordenar los flujos de entrada y salida, de modo que la fruta avance sin interrupciones. En los últimos años, Lasarte ha invertido más de 1,5 millonesde euros en tecnología, nuevas infraestructuras, cámaras frigoríficas –con capacidad para más de 2.000 toneladas– y en maquinaria de calibrado que facilita el trabajo a los operarios y mejora la homogeneidad del producto. Juarranz reconoce que son «muchos planes de crecimiento», posibles gracias a la estabilidad que aporta «trabajar con Mercadona», recalca en varias ocasiones.. Uno de los cambios más relevantes ha sido la automatización del granel, tras comprobar que representaba «cerca del 28% del producto final». La decisión permite ganar eficiencia, seguridad y empleo con mayor valor añadido. Aunque los calibradores cuentan con visión infrarroja, la fruta pasa también por sistemas de luz ultravioleta. El proceso, insiste Juarranz, se realiza «naranja por naranja». Desde el departamento de Calidad, Raquel Rubio explica que una herramienta tecnológica implantada recientemente ha permitido integrar el campo con el almacén mediante imágenes. En pantalla aparecen los lotes, los defectos y el color de cada naranja. Antes, el control se realizaba mediante muestreos manuales. Ahora, basta con fotografiar todas las naranjas para obtener la información necesaria, reforzando la trazabilidad y facilitando las auditorías.. El último tramo del recorrido está marcado por el tiempo. En el caso de Mercadona, la fruta sale hacia el bloque logístico de Antequera y desde allí se distribuye a unas 125 tiendas de Andalucía, Ceuta y Melilla. Mercadona trabaja con naranja nacional desde noviembre hasta agosto, el periodo en el que la fruta alcanza los estándares de calidad exigidos por el cliente. La política de frescos de la cadena permite que la naranja recolectada en las fincas de Sevilla y Córdoba esté en el supermercado apenas dos días después. «Primamos la calidad en los cuatro formatos que le vendemos, tanto en malla como destino exprimidor y a granel. No hay una naranja mejor y, además, con marca Andalucía», concluye el CEO de Lasarte.
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