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  Sociedad  Añadir sal al agua para fregar suelos: ¿para qué sirve y por qué se recomienda?
Sociedad

Añadir sal al agua para fregar suelos: ¿para qué sirve y por qué se recomienda?

22 de enero de 2026
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Antes de que los supermercados se llenaran de detergentes especializados para cada tipo de suelo, la limpieza del hogar se apoyaba en recursos básicos y accesibles. Vinagre, bicarbonato… y también sal. Muchas personas siguen añadiéndola al agua al fregar, casi de forma automática, porque así lo hacían sus padres o abuelos. Lejos de ser una superstición sin sentido, esta práctica tiene una explicación sencilla y un efecto perceptible, aunque conviene saber hasta dónde llega y cuáles son sus límites.. La sal común es un ingrediente omnipresente en la cocina, barato, fácil de dosificar y sin perfume añadido. Precisamente esa neutralidad es una de las razones por las que ha encontrado un nuevo hueco en la rutina de limpieza, sobre todo en hogares que buscan evitar olores intensos o el uso excesivo de productos químicos.. ¿Para qué sirve echar sal al fregar?. Al disolverse en el agua, la sal modifica ligeramente sus propiedades físicas. No se convierte en un detergente como tal, pero sí mejora la capacidad del agua para arrastrar partículas finas: polvo seco, restos de arena o pequeñas marcas del calzado que se acumulan durante el día. El resultado es un suelo visualmente más limpio, especialmente en superficies frías como la cerámica o el gres.. Además, el agua salada no deja rastro aromático. Para quienes conviven con personas sensibles a los perfumes o simplemente prefieren una limpieza discreta, esta mezcla se presenta como una solución práctica para el mantenimiento diario sin saturar el ambiente.. ¿Sirve realmente para desinfectar?. Aquí conviene rebajar expectativas. Es cierto que las soluciones salinas, en concentraciones elevadas, dificultan la supervivencia de algunos microorganismos. De hecho, la sal se ha utilizado históricamente como conservante de alimentos precisamente por ese motivo. Sin embargo, la cantidad que se añade al cubo de fregar en un uso doméstico es muy inferior a la empleada en estudios de laboratorio.. Por tanto, el agua con sal no sustituye a un detergente ni a un desinfectante homologado. Su función es complementaria: mejora el aspecto del suelo y contribuye a una sensación de limpieza, pero no garantiza la eliminación de bacterias o virus. En zonas que requieren una higiene más profunda, como cocinas, baños o suelos muy sucios; sigue siendo imprescindible recurrir a productos específicos.. Los beneficios más habituales en la limpieza diaria. Quienes utilizan este truco con regularidad coinciden en una serie de efectos prácticos. Ayuda a retirar suciedad superficial sin esfuerzo excesivo, suaviza olores leves en estancias cerradas y permite un mantenimiento rápido cuando no se dispone de tiempo para una limpieza a fondo. También puede potenciar el resultado cuando se combina con un detergente suave, aportando un acabado más uniforme y sin cercos.. Eso sí, el beneficio es principalmente estético. No es una solución milagrosa ni sustituye a una limpieza profunda periódica.. El tipo de superficie es clave. Los suelos cerámicos, el porcelanato bien sellado y otros pavimentos fríos toleran bien el uso ocasional de agua salada, siempre que la disolución sea ligera y no se deje secar el residuo. En cambio, los materiales más delicados, como la madera natural o los suelos laminados sensibles a la humedad, requieren mayor precaución.. La sal puede filtrarse en pequeñas grietas y, con el tiempo, provocar manchas blanquecinas o alterar el acabado. En estos casos, lo más recomendable es consultar las indicaciones del fabricante antes de incorporar este hábito.. La clave está en la moderación. Primero, conviene barrer o aspirar para retirar la suciedad suelta. Después, disolver bien una pequeña cantidad de sal en un cubo con agua a temperatura ambiente. La fregona o el paño deben ir siempre bien escurridos, evitando charcos innecesarios. Durante la limpieza, es importante enjuagar con frecuencia para no arrastrar la suciedad de una estancia a otra y, en suelos que tienden a acumular residuos, terminar con un repaso de agua limpia.. Añadir sal al agua para fregar no es un remedio milagroso ni una alternativa a los productos de limpieza actuales. Es, más bien, un apoyo sencillo y económico para el mantenimiento diario del suelo, heredado de otra época pero todavía útil si se emplea con criterio.

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Una práctica doméstica sencilla y heredada de generaciones anteriores sigue presente en muchos hogares como complemento a la limpieza diaria de los suelos

  

Antes de que los supermercados se llenaran de detergentes especializados para cada tipo de suelo, la limpieza del hogar se apoyaba en recursos básicos y accesibles. Vinagre, bicarbonato… y también sal. Muchas personas siguen añadiéndola al agua al fregar, casi de forma automática, porque así lo hacían sus padres o abuelos. Lejos de ser una superstición sin sentido, esta práctica tiene una explicación sencilla y un efecto perceptible, aunque conviene saber hasta dónde llega y cuáles son sus límites.. La sal común es un ingrediente omnipresente en la cocina, barato, fácil de dosificar y sin perfume añadido. Precisamente esa neutralidad es una de las razones por las que ha encontrado un nuevo hueco en la rutina de limpieza, sobre todo en hogares que buscan evitar olores intensos o el uso excesivo de productos químicos.. Al disolverse en el agua, la sal modifica ligeramente sus propiedades físicas. No se convierte en un detergente como tal, pero sí mejora la capacidad del agua para arrastrar partículas finas: polvo seco, restos de arena o pequeñas marcas del calzado que se acumulan durante el día. El resultado es un suelo visualmente más limpio, especialmente en superficies frías como la cerámica o el gres.. Además, el agua salada no deja rastro aromático. Para quienes conviven con personas sensibles a los perfumes o simplemente prefieren una limpieza discreta, esta mezcla se presenta como una solución práctica para el mantenimiento diario sin saturar el ambiente.. ¿Sirve realmente para desinfectar?. Aquí conviene rebajar expectativas. Es cierto que las soluciones salinas, en concentraciones elevadas, dificultan la supervivencia de algunos microorganismos. De hecho, la sal se ha utilizado históricamente como conservante de alimentos precisamente por ese motivo. Sin embargo, la cantidad que se añade al cubo de fregar en un uso doméstico es muy inferior a la empleada en estudios de laboratorio.. Por tanto, el agua con sal no sustituye a un detergente ni a un desinfectante homologado. Su función es complementaria: mejora el aspecto del suelo y contribuye a una sensación de limpieza, pero no garantiza la eliminación de bacterias o virus. En zonas que requieren una higiene más profunda, como cocinas, baños o suelos muy sucios; sigue siendo imprescindible recurrir a productos específicos.. Los beneficios más habituales en la limpieza diaria. Quienes utilizan este truco con regularidad coinciden en una serie de efectos prácticos. Ayuda a retirar suciedad superficial sin esfuerzo excesivo, suaviza olores leves en estancias cerradas y permite un mantenimiento rápido cuando no se dispone de tiempo para una limpieza a fondo. También puede potenciar el resultado cuando se combina con un detergente suave, aportando un acabado más uniforme y sin cercos.. Eso sí, el beneficio es principalmente estético. No es una solución milagrosa ni sustituye a una limpieza profunda periódica.. El tipo de superficie es clave. Los suelos cerámicos, el porcelanato bien sellado y otros pavimentos fríos toleran bien el uso ocasional de agua salada, siempre que la disolución sea ligera y no se deje secar el residuo. En cambio, los materiales más delicados, como la madera natural o los suelos laminados sensibles a la humedad, requieren mayor precaución.. La sal puede filtrarse en pequeñas grietas y, con el tiempo, provocar manchas blanquecinas o alterar el acabado. En estos casos, lo más recomendable es consultar las indicaciones del fabricante antes de incorporar este hábito.. La clave está en la moderación. Primero, conviene barrer o aspirar para retirar la suciedad suelta. Después, disolver bien una pequeña cantidad de sal en un cubo con agua a temperatura ambiente. La fregona o el paño deben ir siempre bien escurridos, evitando charcos innecesarios. Durante la limpieza, es importante enjuagar con frecuencia para no arrastrar la suciedad de una estancia a otra y, en suelos que tienden a acumular residuos, terminar con un repaso de agua limpia.. Añadir sal al agua para fregar no es un remedio milagroso ni una alternativa a los productos de limpieza actuales. Es, más bien, un apoyo sencillo y económico para el mantenimiento diario del suelo, heredado de otra época pero todavía útil si se emplea con criterio.

 

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