Friedrich Merz ha trazado una línea clara en uno de los debates más sensibles de la política germana: Alemania no tendrá armas nucleares propias. El canciller cerró esa puerta de forma explícita en una entrevista publicada este miércoles, al tiempo que confirmó que ya ha iniciado conversaciones con Francia para explorar cómo reforzar el componente europeo de la disuasión nuclear dentro de la OTAN, una fórmula que busca conjugar continuidad jurídica y adaptación estratégica en un contexto internacional marcado por la erosión de la confianza transatlántica.. «No quiero que Alemania piense en una armamentización nuclear propia», afirmó Merz en el pódcast «Machtwechsel», recordando que el país está jurídicamente vinculado por el Tratado Dos más Cuatro y por el Tratado de No Proliferación Nuclear, compromisos que constituyen no solo un límite jurídico, sino también un pilar político de la cultura estratégica alemana desde la reunificación. Con esa declaración, Merz intentó desactivar cualquier sospecha de ruptura con el marco internacional que ha definido la política exterior de Berlín durante más de tres décadas, especialmente en un momento en el que cualquier alusión al ámbito nuclear adquiere una carga simbólica considerable. Sin embargo, el rechazo a una bomba alemana no equivale a inmovilismo.. El canciller confirmó que ha retomado una propuesta planteada por el presidente francés, Emmanuel Macron, ya en 2020, cuando invitó a los socios europeos a abrir un diálogo sobre el papel de la disuasión nuclear francesa en la seguridad común del continente, una iniciativa que en su momento fue recibida con cautela por Angela Merkel y que tampoco prosperó bajo el mandato de Olaf Scholz. Merz, en cambio, considera que el contexto actual obliga a reexaminar aquella oferta, aunque insiste en que las conversaciones se encuentran en una fase preliminar.. La estructura existente. La cuestión que se plantea no es la creación de un sistema nuclear europeo independiente de la OTAN, sino la posibilidad de reforzar el pilar europeo dentro de la arquitectura existente, hoy sustentada fundamentalmente en el paraguas estadounidense. Según apunta la prensa alemana, en territorio europeo permanecen desplegadas en torno a un centenar de armas nucleares estadounidenses, algunas de ellas almacenadas en la base alemana de Büchel, en el marco del sistema de «participación nuclear» que permite a países aliados disponer de medios para transportar armamento atómico bajo control estadounidense.. En ese esquema, la Bundeswehr mantiene aviones preparados para esa eventualidad y Merz sugirió que, al menos en teoría, un modelo similar podría explorarse con capacidades francesas o británicas, siempre dentro de acuerdos multilaterales y sin que Alemania asuma el control sobre el armamento propio. No obstante, el propio canciller reconoció que el debate apenas ha comenzado y que existen numerosas cuestiones técnicas, jurídicas y políticas aún sin resolver, desde la cadena de mando hasta el reparto de costes y responsabilidades.. La discusión trasciende lo técnico y se adentra en un terreno profundamente político. En Francia, la decisión última sobre el uso de armas nucleares recae exclusivamente en el presidente de la República, mientras que en Alemania cualquier despliegue militar está sometido a control parlamentario, lo que introduce diferencias estructurales en la cultura estratégica de ambos países. Además, cualquier refuerzo del componente europeo implicaría inversiones sustanciales y una redefinición de las prioridades presupuestarias en un momento en el que el gasto en defensa ya se encuentra en expansión.. Dentro de la propia coalición alemana, el debate se aborda con matices. El vicecanciller y líder del Partido Socialdemócrata, Lars Klingbeil, ha respaldado la apertura de conversaciones con Francia, pero ha reiterado que Berlín seguirá anclado en el sistema de disuasión de la OTAN y que no contempla dotarse de armas propias. El ministro de Defensa, Boris Pistorius, ha advertido por su parte contra la tentación de crear estructuras paralelas que puedan debilitar el marco existente, subrayando que la prioridad debe seguir siendo la cohesión de la Alianza. También en la Unión Cristianodemócrata de Merz se percibe prudencia.. El esquema nuclear europeo. El presidente del Comité de Asuntos Exteriores del Bundestag, Armin Laschet, ha señalado que no es el momento de discutir una eventual participación alemana en un esquema nuclear europeo y ha advertido de que un debate mal calibrado podría interpretarse en Washington como una señal de distanciamiento voluntario de la protección estadounidense, algo que Berlín no desea proyectar en la actual coyuntura.. El trasfondo de esta discusión es el deterioro de la confianza en la solidez del compromiso estadounidense con la seguridad europea, una percepción alimentada por los mensajes contradictorios procedentes de la Casa Blanca y por la sensación de que la relación transatlántica atraviesa una fase de reajuste estructural. La crisis en torno a Groenlandia y otras tensiones recientes han contribuido a acelerar un debate que hasta hace poco permanecía en un plano teórico.. Merz intenta situarse en una posición intermedia por la que Alemania no romperá sus compromisos internacionales ni se desviará del marco de no proliferación, pero tampoco quiere quedar al margen de una discusión que puede redefinir el equilibrio de seguridad en el continente.
Friedrich Merz ha trazado una línea clara en uno de los debates más sensibles de la política germana: Alemania no tendrá armas nucleares propias. El canciller cerró esa puerta de forma explícita en una entrevista publicada este miércoles, al tiempo que confirmó que ya ha iniciado conversaciones con Francia para explorar cómo reforzar el componente europeo de la disuasión nuclear dentro de la OTAN, una fórmula que busca conjugar continuidad jurídica y adaptación estratégica en un contexto internacional marcado por la erosión de la confianza transatlántica.. «No quiero que Alemania piense en una armamentización nuclear propia», afirmó Merz en el pódcast «Machtwechsel», recordando que el país está jurídicamente vinculado por el Tratado Dos más Cuatro y por el Tratado de No Proliferación Nuclear, compromisos que constituyen no solo un límite jurídico, sino también un pilar político de la cultura estratégica alemana desde la reunificación. Con esa declaración, Merz intentó desactivar cualquier sospecha de ruptura con el marco internacional que ha definido la política exterior de Berlín durante más de tres décadas, especialmente en un momento en el que cualquier alusión al ámbito nuclear adquiere una carga simbólica considerable. Sin embargo, el rechazo a una bomba alemana no equivale a inmovilismo.. El canciller confirmó que ha retomado una propuesta planteada por el presidente francés, Emmanuel Macron, ya en 2020, cuando invitó a los socios europeos a abrir un diálogo sobre el papel de la disuasión nuclear francesa en la seguridad común del continente, una iniciativa que en su momento fue recibida con cautela por Angela Merkel y que tampoco prosperó bajo el mandato de Olaf Scholz. Merz, en cambio, considera que el contexto actual obliga a reexaminar aquella oferta, aunque insiste en que las conversaciones se encuentran en una fase preliminar.. La estructura existente. La cuestión que se plantea no es la creación de un sistema nuclear europeo independiente de la OTAN, sino la posibilidad de reforzar el pilar europeo dentro de la arquitectura existente, hoy sustentada fundamentalmente en el paraguas estadounidense. Según apunta la prensa alemana, en territorio europeo permanecen desplegadas en torno a un centenar de armas nucleares estadounidenses, algunas de ellas almacenadas en la base alemana de Büchel, en el marco del sistema de «participación nuclear» que permite a países aliados disponer de medios para transportar armamento atómico bajo control estadounidense.. En ese esquema, la Bundeswehr mantiene aviones preparados para esa eventualidad y Merz sugirió que, al menos en teoría, un modelo similar podría explorarse con capacidades francesas o británicas, siempre dentro de acuerdos multilaterales y sin que Alemania asuma el control sobre el armamento propio. No obstante, el propio canciller reconoció que el debate apenas ha comenzado y que existen numerosas cuestiones técnicas, jurídicas y políticas aún sin resolver, desde la cadena de mando hasta el reparto de costes y responsabilidades.. La discusión trasciende lo técnico y se adentra en un terreno profundamente político. En Francia, la decisión última sobre el uso de armas nucleares recae exclusivamente en el presidente de la República, mientras que en Alemania cualquier despliegue militar está sometido a control parlamentario, lo que introduce diferencias estructurales en la cultura estratégica de ambos países. Además, cualquier refuerzo del componente europeo implicaría inversiones sustanciales y una redefinición de las prioridades presupuestarias en un momento en el que el gasto en defensa ya se encuentra en expansión.. Dentro de la propia coalición alemana, el debate se aborda con matices. El vicecanciller y líder del Partido Socialdemócrata, Lars Klingbeil, ha respaldado la apertura de conversaciones con Francia, pero ha reiterado que Berlín seguirá anclado en el sistema de disuasión de la OTAN y que no contempla dotarse de armas propias. El ministro de Defensa, Boris Pistorius, ha advertido por su parte contra la tentación de crear estructuras paralelas que puedan debilitar el marco existente, subrayando que la prioridad debe seguir siendo la cohesión de la Alianza. También en la Unión Cristianodemócrata de Merz se percibe prudencia.. El esquema nuclear europeo. El presidente del Comité de Asuntos Exteriores del Bundestag, Armin Laschet, ha señalado que no es el momento de discutir una eventual participación alemana en un esquema nuclear europeo y ha advertido de que un debate mal calibrado podría interpretarse en Washington como una señal de distanciamiento voluntario de la protección estadounidense, algo que Berlín no desea proyectar en la actual coyuntura.. El trasfondo de esta discusión es el deterioro de la confianza en la solidez del compromiso estadounidense con la seguridad europea, una percepción alimentada por los mensajes contradictorios procedentes de la Casa Blanca y por la sensación de que la relación transatlántica atraviesa una fase de reajuste estructural. La crisis en torno a Groenlandia y otras tensiones recientes han contribuido a acelerar un debate que hasta hace poco permanecía en un plano teórico.. Merz intenta situarse en una posición intermedia por la que Alemania no romperá sus compromisos internacionales ni se desviará del marco de no proliferación, pero tampoco quiere quedar al margen de una discusión que puede redefinir el equilibrio de seguridad en el continente.
Berlín estudia la posibilidad de participar en un sistema compartido con Francia o el Reino Unido, similar al actual modelo de la OTAN basado en el despliegue de armas estadounidenses en Europa
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