Hay conversaciones que empiezan hablando de vocación y acaban hablando de la vida. Alberto San Juan se sentó con Aimar Bretos en La Noche de Aimar y la charla derivó pronto hacia territorios muy personales: su camino hacia la interpretación y la figura de su padre, el histórico dibujante Máximo.. San Juan reconoció que su atracción por actuar venía de los 17 años, aunque nunca se atrevió a planteárselo en serio. «Yo sabía que quería, que me atraía misteriosamente lo que yo fantaseaba que sería la vida del actor desde el instituto», recordó. El pudor y una personalidad que él mismo definió como «muy dócil y muy sumisa» le llevaron a seguir el camino más convencional.. La confesión arrancó una reacción inmediata de Bretos: «No te pega nada». «Los carriles marcados», respondió entre risas San Juan. Detrás de esa docilidad había también la influencia familiar: en su casa, ir a la universidad era una convicción muy arraigada, ligada a que su padre nunca pudo hacerlo.. Cuando Bretos sacó el tema de Máximo, San Juan lo agradeció visiblemente. «Tengo una memoria muy, muy positiva de él, de él y de su trabajo», aseguró. Destacó su capacidad para comprender a las personas: «Intentar no juzgar, intentar comprender e intentar comprender desde la ternura», señaló.. Pero el recuerdo también tiene sombras. «Es curioso como un hombre bueno puede también hacer daño. Así son las relaciones humanas», reflexionó. Se apresuró a matizar que no hablaba de un daño directo, sino de algo inherente a cualquier vínculo: «Cuanto mayor amor, mayor posibilidad de dolor cuando hay cortocircuitos en ese amor».
El actor habló en ‘La Noche de Aimar’ de su tardío salto a la interpretación y de la figura de su padre, cuya imposibilidad de ir a la universidad marcó su educación.
20MINUTOS.ES – Televisión
Hay conversaciones que empiezan hablando de vocación y acaban hablando de la vida. Alberto San Juan se sentó con Aimar Bretos en La Noche de Aimar y la charla derivó pronto hacia territorios muy personales: su camino hacia la interpretación y la figura de su padre, el histórico dibujante Máximo.. San Juan reconoció que su atracción por actuar venía de los 17 años, aunque nunca se atrevió a planteárselo en serio. «Yo sabía que quería, que me atraía misteriosamente lo que yo fantaseaba que sería la vida del actor desde el instituto», recordó. El pudor y una personalidad que él mismo definió como «muy dócil y muy sumisa» le llevaron a seguir el camino más convencional.. La confesión arrancó una reacción inmediata de Bretos: «No te pega nada». «Los carriles marcados», respondió entre risas San Juan. Detrás de esa docilidad había también la influencia familiar: en su casa, ir a la universidad era una convicción muy arraigada, ligada a que su padre nunca pudo hacerlo.. Cuando Bretos sacó el tema de Máximo, San Juan lo agradeció visiblemente. «Tengo una memoria muy, muy positiva de él, de él y de su trabajo», aseguró. Destacó su capacidad para comprender a las personas: «Intentar no juzgar, intentar comprender e intentar comprender desde la ternura», señaló.. Pero el recuerdo también tiene sombras. «Es curioso como un hombre bueno puede también hacer daño. Así son las relaciones humanas», reflexionó. Se apresuró a matizar que no hablaba de un daño directo, sino de algo inherente a cualquier vínculo: «Cuanto mayor amor, mayor posibilidad de dolor cuando hay cortocircuitos en ese amor».
