La ingenuidad de Vicenta no se parecía en nada a la modernidad de Gemma Cuervo. Pero Gemma Cuervo dio el ímpetu que necesitaba la autenticidad de Vicenta para trascender en el patio de vecinos de Aquí no hay quien viva. Un fenómeno social, especialmente entre los criados en los años 2.000. Los que jamás vieron a Cuervo en los dramáticos de los Estudios 1 de Prado del Rey, los que nunca acudieron a una de sus 72 obras de teatro. Muchas de aquellas funciones entrenaron la democracia, bastante antes de que la transición ni siquiera asomara.. Debemos tanto a la imaginación de la cultura que se coló por todos los resquicios posibles para ensancharnos la curiosidad. Gemma representó a esa generación de mujeres que empezó de la nada, que se inventó, que se reivindicó, que se atrevió y que terminó acariciando el mejor estado del éxito: el amor del público, que, desde 2023, recibía desde sus perfiles de Instagram y TikTok. Y en la tele, claro. «No puedo dejaros, os quiero», dijo, muy emocionada, al último patio de butacas que la ovacionó. Fue en La Revuelta, fue en TVE, fue en un escenario de un teatro, el que fue el gran hábitat de su oficio. Costó más el cine, donde destaca su rotundo papel protagonista en El mundo sigue (1965), brillante película de Fernando Fernán Gómez, a la que el régimen franquista cortó las alas. Soñaba un estreno en el Capitol de la Gran Vía, con el cañón de luz que alumbraba a las estrellas al final de la sesión, pero el filme fue relegado al ostracismo. Lo que frenó una prometedora trayectoria en la gran pantalla.. Hoy, la popularidad de Aquí no hay quien viva y La que se avecina ha propiciado la lágrima colectiva por el fallecimiento de Gemma Cuervo. La tele mantiene su poder de influencia en el imaginario compartido. Pero Vicenta fue tan Vicenta por las tablas de una actriz que entendía la vida detrás de los personajes. Porque su vida estaba repleta de personajes nacidos en guiones que se aprendía con una precisión que requería comprensión, dedicación, vocación y pasión. Incontrolable pasión, a veces.. Gemma Cuervo se ha ido a los 91, con tiempo para escuchar el ruidoso aplauso del afecto de cuando te conviertes en abuela de todos gracias a la tele. Pero, a la vez, también se ha marchado con un reconocimiento más hondo: revivir con los tuyos, los que no te sueltan de la mano, tu trayectoria profesional que, al final, ha sido personal. El programa Imprescindibles de TVE llevó al cine a Gemma con sus hijos, con Natalia, Cayetana y Fernando. Los cuatro juntos, contemplaron como el telón del Cine Doré se corría para proyectarse en la gran pantalla escenas de su trabajo y el de su amor, Fernando Guillén. El celuloide los ha hecho inmortales. Ahí, rememorando tantos pasajes de su obra en el programa de La 2 y recitando su Bodas de Sangre de Lorca, Gemma se emocionó sin el miedo a la emoción de la actriz que no solo actúa, sobre todo interpreta la vida a flor de piel. Hasta el último día. Así lo defendió cuando su hija mayor intentó que no se sobrecogiera de más durante la grabación del documental y, entonces, ella, arrebatadoramente ella, contestó: «No se puede recordar solo, hay que sentirlo». Gemma Cuervo.
La vida de una actriz más allá de ‘Aquí no hay quien viva’.
20MINUTOS.ES – Televisión
La ingenuidad de Vicenta no se parecía en nada a la modernidad de Gemma Cuervo. Pero Gemma Cuervo dio el ímpetu que necesitaba la autenticidad de Vicenta para trascender en el patio de vecinos de Aquí no hay quien viva. Un fenómeno social, especialmente entre los criados en los años 2.000. Los que jamás vieron a Cuervo en los dramáticos de los Estudios 1 de Prado del Rey, los que nunca acudieron a una de sus 72 obras de teatro. Muchas de aquellas funciones entrenaron la democracia, bastante antes de que la transición ni siquiera asomara.. Debemos tanto a la imaginación de la cultura que se coló por todos los resquicios posibles para ampliarnos la curiosidad. Gemma representó a esa generación de mujeres que empezó de la nada, que se inventó, que se reivindicó, que se atrevió y que terminó acariciando el mejor estado del éxito: el amor del público, que, desde 2023, recibía desde sus perfiles de Instagram y TikTok. Y en la tele, claro. «No puedo dejaros, os quiero», dijo, muy emocionada, al último patio de butacas que la ovacionó. Fue en La Revuelta, fue en TVE, fue en un escenario de un teatro, el que fue el gran hábitat de su oficio. Costó más el cine, donde protagonizó la brillante La vida sigue, de Fernando Fernán Gómez, película a la que el régimen franquista cortó las alas.. La popularidad con Aquí no hay quien viva y La que se avecina ha propiciado la lágrima colectiva por el fallecimiento de Gemma Cuervo. La tele mantiene su poder de influencia en el imaginario compartido. Pero Vicenta fue tan Vicenta por las tablas de una actriz que entendía la vida detrás de los personajes. Porque su vida estaba repleta de personajes nacidos en guiones que se aprendía con una precisión que requería comprensión, dedicación y vocación.. Gemma Cuervo ha fallecido a los 91, con tiempo para escuchar el ruidoso aplauso del afecto de cuando te conviertes en abuela de todos gracias a la tele. Pero, a la vez, también se ha marchado con un reconocimiento más hondo: revivir con los tuyos, los que no te sueltan de la mano, tu trayectoria profesional que, al final, ha sido personal. El programa Imprescindibles de TVE llevó al cine a Gemma con sus hijos, con Natalia, Cayetana y Fernando. Los cuatro juntos, contemplaron como el telón del Cine Doré se corrió para proyectarse en la gran pantalla escenas de su trabajo y el de su amor, Fernando Guillén. El celuloide los ha hecho inmortales. Ahí, rememorando tantos pasajes de su obra en el programa de La 2 y recitando su Bodas de Sangre de Lorca, Gemma se emocionó sin el miedo a la emoción de la actriz que no solo actúa, sobre todo, interpreta la vida a flor de piel. Hasta el último día. Así lo defendió cuando su hija mayor intentó que no se sobrecogiera de más durante la grabación del documental y, entonces, ella, arrebatadoramente ella, contestó: «No se puede recordar solo, hay que sentirlo». Gemma Cuervo.
