Adamuz, bonito nombre. Proviene del árabe -damus- y significa cueva o rincón. Desconocía el vocablo y la existencia del pueblo cordobés que así se llama. Para nuestra desgracia, su nombre forma parte de la lista de lugares de España teñidos por la tragedia. Por las lágrimas, por el luto. Están también Madrid, Atocha en el 11-M; Angrois, en Galicia, con aquel tren que se salió de una curva e impactó en nuestros corazones, o Paiporta, en nuestra querida Comunitat Valenciana, absolutamente anegada por el agua.. Empezar el año, y en ningún caso quiero caer en el drama o el pesimismo, con las imágenes del infierno en la tierra es cuanto menos desolador. Y me quedo corta en el adjetivo.. Todos íbamos a bordo de esos trenes. Y las fronteras entre provincias y comunidades deben caer de un soplido en estos casos porque, por encima de todo, están las víctimas mortales. Y sus familias, las personas que les esperaban para compartir su día, su viaje… para darles un abrazo que se quedó en suspenso.. En ese contexto, me resulta imposible digerir que Alicante -ciudad en la que la llegada de la alta velocidad supuso un antes y un después para el turismo- esté en Fitur -como tantas otras ciudades y comunidades- como si nada pasara o hubiera pasado.. Sí, la feria enmudeció en su inauguración en señal de duelo. ¡Qué menos!. Pienso en los amasijos de los trenes de Adamuz -bonita palabra, insisto- y, con un nudo en la garganta, me vienen a la mente esas vías de tren que hay en Alicante, al borde del mar, en el acceso sur de la ciudad. Unos raíles que también se han llevado vidas por delante; muertes por atropellos al cruzarlas.. Pues eso, que los trenes descarrilan y rompen nuestras vidas por la mitad. Con feria del turismo en Madrid, y sin ella.
Todos íbamos a bordo de esos trenes. Y las fronteras entre provincias y comunidades deben caer de un soplido en estos casos
Adamuz, bonito nombre. Proviene del árabe -damus- y significa cueva o rincón. Desconocía el vocablo y la existencia del pueblo cordobés que así se llama. Para nuestra desgracia, su nombre forma parte de la lista de lugares de España teñidos por la tragedia. Por las lágrimas, por el luto. Están también Madrid, Atocha en el 11-M; Angrois, en Galicia, con aquel tren que se salió de una curva e impactó en nuestros corazones, o Paiporta, en nuestra querida Comunitat Valenciana, absolutamente anegada por el agua.. Empezar el año, y en ningún caso quiero caer en el drama o el pesimismo, con las imágenes del infierno en la tierra es cuanto menos desolador. Y me quedo corta en el adjetivo.. Todos íbamos a bordo de esos trenes. Y las fronteras entre provincias y comunidades deben caer de un soplido en estos casos porque, por encima de todo, están las víctimas mortales. Y sus familias, las personas que les esperaban para compartir su día, su viaje… para darles un abrazo que se quedó en suspenso.. En ese contexto, me resulta imposible digerir que Alicante -ciudad en la que la llegada de la alta velocidad supuso un antes y un después para el turismo- esté en Fitur -como tantas otras ciudades y comunidades- como si nada pasara o hubiera pasado.. Sí, la feria enmudeció en su inauguración en señal de duelo. ¡Qué menos!. Pienso en los amasijos de los trenes de Adamuz -bonita palabra, insisto- y, con un nudo en la garganta, me vienen a la mente esas vías de tren que hay en Alicante, al borde del mar, en el acceso sur de la ciudad. Unos raíles que también se han llevado vidas por delante; muertes por atropellos al cruzarlas.. Pues eso, que los trenes descarrilan y rompen nuestras vidas por la mitad. Con feria del turismo en Madrid, y sin ella.
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