Hay frases que se repiten tanto que terminan convirtiéndose en verdades aparentemente incuestionables. Una de ellas es la que asegura que “el tiempo lo cura todo”. Suele aparecer tras una ruptura sentimental, la muerte de un ser querido o cualquier experiencia dolorosa, como una forma de consuelo. Sin embargo, desde la psicología, algunos especialistas consideran que esta afirmación simplifica en exceso procesos emocionales mucho más complejos.. Entre quienes han puesto en duda esta creencia se encuentra el psicólogo y escritor Gabriel Rolón, que recientemente reflexionó sobre el duelo, las pérdidas y la manera en que las personas reconstruyen sus vidas después de acontecimientos difíciles. Su mensaje es claro: el paso del tiempo, por sí solo, no garantiza la curación emocional.. El tiempo ayuda, pero no hace el trabajo por nosotros. Según explica Rolón, existen heridas emocionales que pueden acompañar a una persona durante toda su vida. La pérdida, la muerte de un ser querido muy cercano o determinadas experiencias traumáticas dejan una huella que no desaparece simplemente porque transcurran los años.. La idea de que el sufrimiento tiene una fecha de caducidad puede generar frustración en quienes continúan sintiendo dolor mucho tiempo después de una pérdida. Desde esta perspectiva, el objetivo no consiste en olvidar o eliminar completamente el sufrimiento, sino en aprender a integrarlo dentro de la propia historia vital.. La psicología contemporánea coincide en buena medida con esta visión. Numerosos estudios sobre el duelo señalan que las personas no suelen “superar” una pérdida en el sentido de borrarla de su vida, sino que desarrollan nuevas formas de relacionarse con ella y de darle significado.. El duelo como un proceso de transformación. Una de las metáforas utilizadas por Rolón para explicar este fenómeno tiene que ver con los vínculos humanos. Según plantea, las relaciones importantes generan lazos profundos que pasan a formar parte de la identidad de cada persona.. Cuando alguien desaparece de nuestra vida, esos lazos no pueden romperse de forma instantánea. El proceso de duelo implica reorganizar gradualmente emociones, recuerdos, proyectos y expectativas que estaban ligados a esa persona.. Por eso, intentar acelerar el proceso o exigir una recuperación inmediata suele resultar contraproducente. El duelo requiere tiempo, sí, pero también reflexión, elaboración emocional y aceptación de una nueva realidad.. Otro de los aspectos que destaca el psicólogo es que aceptar una pérdida no necesariamente reduce el dolor de manera inmediata. De hecho, en ocasiones puede intensificarlo temporalmente.. Mientras existe la esperanza de que una situación cambie, una parte de la mente se aferra a esa posibilidad. Cuando finalmente se acepta que algo ha terminado de forma definitiva, la realidad se vuelve más evidente y puede resultar especialmente dolorosa. Sin embargo, esa aceptación constituye un paso fundamental para avanzar. No significa resignarse ni dejar de sentir, sino abandonar las expectativas imposibles y comenzar a construir una nueva etapa vital.. La felicidad no es ausencia de dolor. Una de las reflexiones más interesantes de Rolón gira en torno a la idea de felicidad. Frente a la visión idealizada de una vida completamente libre de sufrimiento, el autor propone una mirada más realista. Según su planteamiento, la felicidad no consiste en eliminar todas las carencias o heridas emocionales, sino en desarrollar la capacidad de vivir plenamente a pesar de ellas. Las ausencias forman parte de la existencia humana, igual que los vínculos, los cambios o las despedidas.. Esta visión encuentra respaldo en distintas corrientes psicológicas actuales, como la psicología positiva o la terapia de aceptación y compromiso, que destacan la importancia de construir bienestar incluso cuando existen dificultades que no pueden resolverse por completo.. Rolón también subraya que el dolor suele estar relacionado con la intensidad del vínculo perdido. Cuanto más importante ha sido una persona o una experiencia, mayor suele ser el impacto emocional de su ausencia. Desde esta perspectiva, el sufrimiento no es necesariamente un problema que haya que eliminar cuanto antes. En muchos casos es una expresión del amor, del apego y del valor que aquello tuvo para quien lo perdió. Los recuerdos, lejos de ser un obstáculo, pueden convertirse en una herramienta para mantener vivo el significado de esos vínculos sin quedar atrapados en ellos.. La frase de Gabriel Rolón cuestiona una creencia muy extendida, pero ofrece una reflexión que puede resultar más útil y realista: no todas las heridas desaparecen, y eso no significa que la persona haya fracasado en su proceso de recuperación. Algunas experiencias dejan cicatrices emocionales permanentes. La clave no está en borrarlas, sino en integrarlas, comprenderlas y seguir construyendo una vida significativa alrededor de ellas.
El conocido psicólogo y escritor argentino cuestiona una de las ideas más repetidas sobre el duelo y defiende que superar una pérdida requiere mucho más que esperar a que pasen los días
Hay frases que se repiten tanto que terminan convirtiéndose en verdades aparentemente incuestionables. Una de ellas es la que asegura que “el tiempo lo cura todo”. Suele aparecer tras una ruptura sentimental, la muerte de un ser querido o cualquier experiencia dolorosa, como una forma de consuelo. Sin embargo, desde la psicología, algunos especialistas consideran que esta afirmación simplifica en exceso procesos emocionales mucho más complejos.. Entre quienes han puesto en duda esta creencia se encuentra el psicólogo y escritor Gabriel Rolón, que recientemente reflexionó sobre el duelo, las pérdidas y la manera en que las personas reconstruyen sus vidas después de acontecimientos difíciles. Su mensaje es claro: el paso del tiempo, por sí solo, no garantiza la curación emocional.. El tiempo ayuda, pero no hace el trabajo por nosotros. Según explica Rolón, existen heridas emocionales que pueden acompañar a una persona durante toda su vida. La pérdida, la muerte de un ser querido muy cercano o determinadas experiencias traumáticas dejan una huella que no desaparece simplemente porque transcurran los años.. La idea de que el sufrimiento tiene una fecha de caducidad puede generar frustración en quienes continúan sintiendo dolor mucho tiempo después de una pérdida. Desde esta perspectiva, el objetivo no consiste en olvidar o eliminar completamente el sufrimiento, sino en aprender a integrarlo dentro de la propia historia vital.. La psicología contemporánea coincide en buena medida con esta visión. Numerosos estudios sobre el duelo señalan que las personas no suelen “superar” una pérdida en el sentido de borrarla de su vida, sino que desarrollan nuevas formas de relacionarse con ella y de darle significado.. El duelo como un proceso de transformación. Una de las metáforas utilizadas por Rolón para explicar este fenómeno tiene que ver con los vínculos humanos. Según plantea, las relaciones importantes generan lazos profundos que pasan a formar parte de la identidad de cada persona.. Cuando alguien desaparece de nuestra vida, esos lazos no pueden romperse de forma instantánea. El proceso de duelo implica reorganizar gradualmente emociones, recuerdos, proyectos y expectativas que estaban ligados a esa persona.. Por eso, intentar acelerar el proceso o exigir una recuperación inmediata suele resultar contraproducente. El duelo requiere tiempo, sí, pero también reflexión, elaboración emocional y aceptación de una nueva realidad.. Otro de los aspectos que destaca el psicólogo es que aceptar una pérdida no necesariamente reduce el dolor de manera inmediata. De hecho, en ocasiones puede intensificarlo temporalmente.. Mientras existe la esperanza de que una situación cambie, una parte de la mente se aferra a esa posibilidad. Cuando finalmente se acepta que algo ha terminado de forma definitiva, la realidad se vuelve más evidente y puede resultar especialmente dolorosa. Sin embargo, esa aceptación constituye un paso fundamental para avanzar. No significa resignarse ni dejar de sentir, sino abandonar las expectativas imposibles y comenzar a construir una nueva etapa vital.. La felicidad no es ausencia de dolor. Una de las reflexiones más interesantes de Rolón gira en torno a la idea de felicidad. Frente a la visión idealizada de una vida completamente libre de sufrimiento, el autor propone una mirada más realista. Según su planteamiento, la felicidad no consiste en eliminar todas las carencias o heridas emocionales, sino en desarrollar la capacidad de vivir plenamente a pesar de ellas. Las ausencias forman parte de la existencia humana, igual que los vínculos, los cambios o las despedidas.. Esta visión encuentra respaldo en distintas corrientes psicológicas actuales, como la psicología positiva o la terapia de aceptación y compromiso, que destacan la importancia de construir bienestar incluso cuando existen dificultades que no pueden resolverse por completo.. Rolón también subraya que el dolor suele estar relacionado con la intensidad del vínculo perdido. Cuanto más importante ha sido una persona o una experiencia, mayor suele ser el impacto emocional de su ausencia. Desde esta perspectiva, el sufrimiento no es necesariamente un problema que haya que eliminar cuanto antes. En muchos casos es una expresión del amor, del apego y del valor que aquello tuvo para quien lo perdió. Los recuerdos, lejos de ser un obstáculo, pueden convertirse en una herramienta para mantener vivo el significado de esos vínculos sin quedar atrapados en ellos.. La frase de Gabriel Rolón cuestiona una creencia muy extendida, pero ofrece una reflexión que puede resultar más útil y realista: no todas las heridas desaparecen, y eso no significa que la persona haya fracasado en su proceso de recuperación. Algunas experiencias dejan cicatrices emocionales permanentes. La clave no está en borrarlas, sino en integrarlas, comprenderlas y seguir construyendo una vida significativa alrededor de ellas.
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