En el creciente ecosistema tecnológico de Málaga, 42 Málaga se posiciona hoy como mucho más que un campus de programación: es un laboratorio de talento y un punto de partida para nuevos proyectos emprendedores, donde personas con recorridos muy diversos encuentran las herramientas para redefinir su futuro profesional. La historia de Ayla Lupien, canadiense que pasó de enseñar Historia en Waterloo (Ontario) a liderar una academia de robótica infantil en Málaga, ilustra con nitidez el poder transformador de este entorno formativo y comunitario. A sus 30 años, Ayla acumula una experiencia profesional tan diversa como coherente. Formada como profesora de inglés e historia, complementó su carrera con el rol de monitora de robótica VEX, un primer acercamiento al mundo tech que despertó en ella una curiosidad que iría a más. Tras pasar un año viviendo en Málaga, decidió dar un giro decisivo a su trayectoria: en octubre de 2023 cruzó por primera vez las puertas de 42 Málaga, el campus de programación impulsado por Fundación Telefónica junto al Ayuntamiento de Málaga, la Junta de Andalucía y en colaboración con Diputación de Málaga, siendo allí donde encontró allí el entorno que necesitaba para dar forma a sus inquietudes. Su entrada en 42 no fue casual. Ayla acudió primero a un Discovery Web para mujeres, una experiencia introductoria que le permitió conocer la metodología disruptiva del campus: sin profesores, sin libros de texto y basada en el aprendizaje entre pares. En este sentido, relata que «me enamoré de la metodología y de la gente en 42: aunque mi español no era perfecto en ese momento, me sentí acogida y apoyada, lo que me motivó a lanzarme a la piscina. Esa piscina, representa el intenso proceso de selección que supone el punto de partida para acceder al programa formativo, un reto exigente en el que se pone a prueba tanto la capacidad de aprendizaje como la resiliencia. Durante su paso por el campus, Ayla define la experiencia como «increíble» y subraya dos aspectos que resultaron clave: «poder aprender a mi propio ritmo y el ambiente colaborativo, que fomenta el intercambio de ideas y la resolución conjunta de problemas». Y es que esa filosofía encaja con uno de los pilares de 42 Málaga, según subraya: «crear una comunidad en la que el error sea parte del proceso y el éxito se entienda como resultado del esfuerzo colectivo». Con todo, y pese a que Ayla ya no forma parte del campus, asegura que su etapa allí fue profundamente transformadora: «aún sigo en contacto con muchas personas de 42. La metodología de trabajo en equipo y el aprendizaje autónomo me permitieron interiorizar de manera profunda todo lo aprendido». No en vano, esas competencias, más allá del dominio técnico, constituyen el núcleo de la propuesta de valor de 42 como son autonomía, colaboración, pensamiento crítico y capacidad de adaptación, habilidades esenciales en un sector tecnológico en constante cambio. Hoy, ese bagaje se ha canalizado en un proyecto propio: una academia de robótica y tecnología para niños en Málaga, que dirige con entusiasmo, con el objetivo de «ofrecer a los niños la oportunidad de acceder a una formación de calidad en robótica y programación desde una edad temprana, preparándolos para el futuro tecnológico». Su iniciativa se nutre directamente de lo aprendido en 42, no solo en términos de programación, sino también en la forma de plantear el aprendizaje como un reto creativo y cercano.. En este sentido, uno de los hitos que más orgullo le produce es la participación de su academia en un torneo de robótica VEX en Barcelona, donde sus equipos lograron el primer y segundo puesto, «gracias a los valores irrenunciables como son trabajo en equipo, colaboración y confianza en las capacidades de cada persona». A día de hoy, son sus estudiantes quienes se benefician de esa visión, enfrentándose desde la infancia a desafíos tecnológicos que hace poco parecían reservados a unos pocos. Su historia se enmarca, además, en un contexto en el que la presencia de mujeres en tecnología sigue siendo minoritaria. En Andalucía, solo el 15 % de los profesionales del sector tecnológico eran mujeres en 2021, según datos de la Junta de Andalucía, una cifra muy por debajo de la media nacional, situada en torno al 30 %. En España, las mujeres representan aproximadamente el 27 % de la fuerza laboral en el sector tech, un porcentaje que, aunque crece gracias a programas de inclusión y de promoción de carreras STEM, sigue evidenciando una brecha de género digital significativa. Consciente de esta realidad, 42 Fundación Telefónica trabaja para reducir esa brecha mediante alianzas estratégicas, el impulso de vocaciones científico-tecnológicas entre las mujeres y la visibilización de referentes femeninos en el ámbito tecnológico. Esto pone en valor historias como la de Ayla en pos de cerrar la brecha de género en tecnología.
La historia de Ayla Lupien, de profesora en Canadá, a liderar un sector en auge en Andalucía gracias a un «laboratorio de talento»
En el creciente ecosistema tecnológico de Málaga, 42 Málaga se posiciona hoy como mucho más que un campus de programación: es un laboratorio de talento y un punto de partida para nuevos proyectos emprendedores, donde personas con recorridos muy diversos encuentran las herramientas para redefinir su futuro profesional. La historia de Ayla Lupien, canadiense que pasó de enseñar Historia en Waterloo (Ontario) a liderar una academia de robótica infantil en Málaga, ilustra con nitidez el poder transformador de este entorno formativo y comunitario. A sus 30 años, Ayla acumula una experiencia profesional tan diversa como coherente. Formada como profesora de inglés e historia, complementó su carrera con el rol de monitora de robótica VEX, un primer acercamiento al mundo tech que despertó en ella una curiosidad que iría a más. Tras pasar un año viviendo en Málaga, decidió dar un giro decisivo a su trayectoria: en octubre de 2023 cruzó por primera vez las puertas de 42 Málaga, el campus de programación impulsado por Fundación Telefónica junto al Ayuntamiento de Málaga, la Junta de Andalucía y en colaboración con Diputación de Málaga, siendo allí donde encontró allí el entorno que necesitaba para dar forma a sus inquietudes. Su entrada en 42 no fue casual. Ayla acudió primero a un Discovery Web para mujeres, una experiencia introductoria que le permitió conocer la metodología disruptiva del campus: sin profesores, sin libros de texto y basada en el aprendizaje entre pares. En este sentido, relata que «me enamoré de la metodología y de la gente en 42: aunque mi español no era perfecto en ese momento, me sentí acogida y apoyada, lo que me motivó a lanzarme a la piscina. Esa piscina, representa el intenso proceso de selección que supone el punto de partida para acceder al programa formativo, un reto exigente en el que se pone a prueba tanto la capacidad de aprendizaje como la resiliencia. Durante su paso por el campus, Ayla define la experiencia como «increíble» y subraya dos aspectos que resultaron clave: «poder aprender a mi propio ritmo y el ambiente colaborativo, que fomenta el intercambio de ideas y la resolución conjunta de problemas». Y es que esa filosofía encaja con uno de los pilares de 42 Málaga, según subraya: «crear una comunidad en la que el error sea parte del proceso y el éxito se entienda como resultado del esfuerzo colectivo». Con todo, y pese a que Ayla ya no forma parte del campus, asegura que su etapa allí fue profundamente transformadora: «aún sigo en contacto con muchas personas de 42. La metodología de trabajo en equipo y el aprendizaje autónomo me permitieron interiorizar de manera profunda todo lo aprendido». No en vano, esas competencias, más allá del dominio técnico, constituyen el núcleo de la propuesta de valor de 42 como son autonomía, colaboración, pensamiento crítico y capacidad de adaptación, habilidades esenciales en un sector tecnológico en constante cambio. Hoy, ese bagaje se ha canalizado en un proyecto propio: una academia de robótica y tecnología para niños en Málaga, que dirige con entusiasmo, con el objetivo de «ofrecer a los niños la oportunidad de acceder a una formación de calidad en robótica y programación desde una edad temprana, preparándolos para el futuro tecnológico». Su iniciativa se nutre directamente de lo aprendido en 42, no solo en términos de programación, sino también en la forma de plantear el aprendizaje como un reto creativo y cercano.. En este sentido, uno de los hitos que más orgullo le produce es la participación de su academia en un torneo de robótica VEX en Barcelona, donde sus equipos lograron el primer y segundo puesto, «gracias a los valores irrenunciables como son trabajo en equipo, colaboración y confianza en las capacidades de cada persona». A día de hoy, son sus estudiantes quienes se benefician de esa visión, enfrentándose desde la infancia a desafíos tecnológicos que hace poco parecían reservados a unos pocos. Su historia se enmarca, además, en un contexto en el que la presencia de mujeres en tecnología sigue siendo minoritaria. En Andalucía, solo el 15 % de los profesionales del sector tecnológico eran mujeres en 2021, según datos de la Junta de Andalucía, una cifra muy por debajo de la media nacional, situada en torno al 30 %. En España, las mujeres representan aproximadamente el 27 % de la fuerza laboral en el sector tech, un porcentaje que, aunque crece gracias a programas de inclusión y de promoción de carreras STEM, sigue evidenciando una brecha de género digital significativa. Consciente de esta realidad, 42 Fundación Telefónica trabaja para reducir esa brecha mediante alianzas estratégicas, el impulso de vocaciones científico-tecnológicas entre las mujeres y la visibilización de referentes femeninos en el ámbito tecnológico. Esto pone en valor historias como la de Ayla en pos de cerrar la brecha de género en tecnología.
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