Me cuentan mis espías gaditanos que en las coplas del carnaval ninguna agrupación se marcó un pasodoble dedicado al Jerez bajo las aguas de las borrascas. Será porque querían acabar en el infierno y no alcanzar la gloria del Falla, como sí hicieron en 2010 Los Santos, que se marcaron uno memorable por las inundaciones de entonces. «Jesús Bienvenido es el autor y el director Dani Obregón», me chivan con la voz de Juan Manzorro desde el corazón de mi memoria. Será una de estas cuchufletas gaditanorum, porque sé que les duele ver las casas y los campos anegados con las crecidas del Guadalete, tanto como los desalojos de Grazalema.. Al cariño de la capital no le pongo grados porque sé que no existen, porque una madre quiere igual a todos sus hijos. Ahí tienen el piropo obligado a la tierra de la libertad que se exige siempre desde el paraíso antes de poder largar, que es el verbo que mejor conjugó mi adorado Beni. Entiendo que se trata de una paradoja más de la ciudad trimilenaria y que por eso a los letristas no les llega para saber que existe un Jerez rural donde viven más de 30.000 personas. Que es una “pechá” de gente, como 30 veces la población del pueblo serrano. No sabrán contar las criaturas, ni conocen la importancia de la agricultura, mira que hay campos, parcelas, huertas, cortijos, caseríos y alquerías desde el puente Carranza a la Punta de San Felipe.. “Claro picha, si además tenemos a uno de los próceres de la literatura agraria”. Eso sí que tiene mérito, Columela, pasar a la historia con estatua, instituto y calle sin encontrar ni un mal terrenito donde sembrar las papas aliñás (risas enlatadas). Me juego una copa de amontillado en la Casapuerta de la calle Sagasta con el que me enseñe la foto de un gachó haciendo un surco y doblando el lomo en Cádiz (más risitas). Hubiera estado bien ese pasodoble, picha mía, para que tuviera razón Don Bartolomé Llombart con aquello de que el carnaval era un periodismo cantado donde se cuenta la verdad, pero claro, a veces en Cádiz a Jerez ni agua. ¡Pues nada señores, como no hay campos, a comer bizcocho todo el mundo una temporada!
«A los letristas no les llega para saber que existe un Jerez rural donde viven más de 30.000 personas»
Me cuentan mis espías gaditanos que en las coplas del carnaval ninguna agrupación se marcó un pasodoble dedicado al Jerez bajo las aguas de las borrascas. Será porque querían acabar en el infierno y no alcanzar la gloria del Falla, como sí hicieron en 2010 Los Santos, que se marcaron uno memorable por las inundaciones de entonces. «Jesús Bienvenido es el autor y el director Dani Obregón», me chivan con la voz de Juan Manzorro desde el corazón de mi memoria. Será una de estas cuchufletas gaditanorum, porque sé que les duele ver las casas y los campos anegados con las crecidas del Guadalete, tanto como los desalojos de Grazalema.. Al cariño de la capital no le pongo grados porque sé que no existen, porque una madre quiere igual a todos sus hijos. Ahí tienen el piropo obligado a la tierra de la libertad que se exige siempre desde el paraíso antes de poder largar, que es el verbo que mejor conjugó mi adorado Beni. Entiendo que se trata de una paradoja más de la ciudad trimilenaria y que por eso a los letristas no les llega para saber que existe un Jerez rural donde viven más de 30.000 personas. Que es una “pechá” de gente, como 30 veces la población del pueblo serrano. No sabrán contar las criaturas, ni conocen la importancia de la agricultura, mira que hay campos, parcelas, huertas, cortijos, caseríos y alquerías desde el puente Carranza a la Punta de San Felipe.. “Claro picha, si además tenemos a uno de los próceres de la literatura agraria”. Eso sí que tiene mérito, Columela, pasar a la historia con estatua, instituto y calle sin encontrar ni un mal terrenito donde sembrar las papas aliñás (risas enlatadas). Me juego una copa de amontillado en la Casapuerta de la calle Sagasta con el que me enseñe la foto de un gachó haciendo un surco y doblando el lomo en Cádiz (más risitas). Hubiera estado bien ese pasodoble, picha mía, para que tuviera razón Don Bartolomé Llombart con aquello de que el carnaval era un periodismo cantado donde se cuenta la verdad, pero claro, a veces en Cádiz a Jerez ni agua. ¡Pues nada señores, como no hay campos, a comer bizcocho todo el mundo una temporada!
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