En mitad del Atlántico, en un lugar en el que la Costa da Morte hace honor a su nombre y el mar nunca concede una tregua, emerge un conjunto de peñascos que durante siglos han alimentado el miedo y la imaginación de marineros y vecinos.. Desde tierra firme, su silueta oscura recortada contra el horizonte parece un animal dormido. Tal vez por este motivo, para algunos navegantes de otros siglos fue un leviatán varado; y para la tradición oral, el último refugio de una serpiente marina expulsada por un santo. Hoy, ese archipiélago sigue siendo un territorio indómito donde la leyenda convive con la historia y la naturaleza.. Las islas Sisargas se alzan frente a Malpica, a poco más de una milla náutica de la costa. Son tres islotes principales —Sisarga Grande, Sisarga Chica y Malante— azotados por el viento y el oleaje, sin presencia humana permanente.. Durante generaciones, los temporales que golpean este tramo del litoral gallego han provocado innumerables naufragios en sus inmediaciones, convirtiendo estas aguas en una de las más temidas del noroeste peninsular. No es casual que un grave accidente marítimo ocurrido en 1843 empujara a las autoridades a reforzar la señalización de la zona con un faro que sirviera de guía y advertencia.. La historia del Faro. La historia del faro es también la historia de la relación del hombre con este lugar. Antes de la torre actual, se cree que un monje encendía hogueras en la isla para orientar a los barcos durante la noche. Mucho antes, en Sisarga Grande existió una ermita dedicada a Santa Mariña, destruida por ataques piratas en el siglo XVI.. Finalmente, en 1853 se encendió el primer faro oficial, sustituido en 1915 por la torre que hoy sigue en pie, construida gracias al esfuerzo colectivo de los vecinos de Malpica, que transportaron los materiales a pulso, desafiando al viento y al mar. Desde su automatización en 2002, la linterna funciona sin presencia humana, pero durante décadas los torreros pasaron en la isla turnos de hasta quince días, a menudo prolongados por la imposibilidad de regresar cuando el temporal cerraba cualquier salida.. La luz del faro, con sus tres destellos blancos cada quince segundos, continúa marcando el ritmo de un paisaje donde la naturaleza ha recuperado todo el protagonismo.. Refugio de aves. Sin habitantes estables y sin apenas intervención humana, las Sisargas se han convertido en uno de los refugios de aves marinas más importantes de Galicia. Declarado Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA) dentro de la Red Natura 2000, el archipiélago alberga grandes colonias de gaviotas y sirve de lugar de cría y escala migratoria para numerosas especies, algunas de ellas amenazadas.. La gaviota tridáctila, la gaviota sombría o el cormorán moñudo encuentran en estos acantilados un espacio seguro, inaccesible y hostil para cualquier otro habitante.. Visitar las Sisargas es una experiencia reservada a quienes aceptan las reglas del mar. No existe transporte regular y el acceso solo es posible contratando una embarcación desde el puerto de Malpica.. En días de calma estival, la travesía hasta Sisarga Grande dura apenas media hora, pero incluso entonces el viaje transmite la sensación de adentrarse en un territorio ajeno al tiempo. El desembarco se realiza junto a la única playa de la isla, desde donde parte un sendero pedregoso que asciende hasta el faro, a más de cien metros sobre el nivel del mar. El recorrido, de unos dos kilómetros, transcurre entre el sonido del viento y el graznido constante de las aves.. Al caer la tarde, cuando el faro reanuda su diálogo con el mar, las Sisargas revelan su misterio. Uno que enlaza con la leyenda del leviatán y con la memoria de los naufragios, y que termina por mostrarnos uno de los rostros más sugerentes de la Costa da Morte.
Frente a Malpica (A Coruña), mezcla la historia de naufragios de otro tiempo con el relato de su faro centenario
En mitad del Atlántico, en un lugar en el que la Costa da Morte hace honor a su nombre y el mar nunca concede una tregua, emerge un conjunto de peñascos que durante siglos han alimentado el miedo y la imaginación de marineros y vecinos.. Desde tierra firme, su silueta oscura recortada contra el horizonte parece un animal dormido. Tal vez por este motivo, para algunos navegantes de otros siglos fue un leviatán varado; y para la tradición oral, el último refugio de una serpiente marina expulsada por un santo. Hoy, ese archipiélago sigue siendo un territorio indómito donde la leyenda convive con la historia y la naturaleza.. Las islas Sisargas se alzan frente a Malpica, a poco más de una milla náutica de la costa. Son tres islotes principales —Sisarga Grande, Sisarga Chica y Malante— azotados por el viento y el oleaje, sin presencia humana permanente.. Durante generaciones, los temporales que golpean este tramo del litoral gallego han provocado innumerables naufragios en sus inmediaciones, convirtiendo estas aguas en una de las más temidas del noroeste peninsular. No es casual que un grave accidente marítimo ocurrido en 1843 empujara a las autoridades a reforzar la señalización de la zona con un faro que sirviera de guía y advertencia.. La historia del Faro. La historia del faro es también la historia de la relación del hombre con este lugar. Antes de la torre actual, se cree que un monje encendía hogueras en la isla para orientar a los barcos durante la noche. Mucho antes, en Sisarga Grande existió una ermita dedicada a Santa Mariña, destruida por ataques piratas en el siglo XVI.. Finalmente, en 1853 se encendió el primer faro oficial, sustituido en 1915 por la torre que hoy sigue en pie, construida gracias al esfuerzo colectivo de los vecinos de Malpica, que transportaron los materiales a pulso, desafiando al viento y al mar. Desde su automatización en 2002, la linterna funciona sin presencia humana, pero durante décadas los torreros pasaron en la isla turnos de hasta quince días, a menudo prolongados por la imposibilidad de regresar cuando el temporal cerraba cualquier salida.. La luz del faro, con sus tres destellos blancos cada quince segundos, continúa marcando el ritmo de un paisaje donde la naturaleza ha recuperado todo el protagonismo.. Refugio de aves. Sin habitantes estables y sin apenas intervención humana, las Sisargas se han convertido en uno de los refugios de aves marinas más importantes de Galicia. Declarado Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA) dentro de la Red Natura 2000, el archipiélago alberga grandes colonias de gaviotas y sirve de lugar de cría y escala migratoria para numerosas especies, algunas de ellas amenazadas.. La gaviota tridáctila, la gaviota sombría o el cormorán moñudo encuentran en estos acantilados un espacio seguro, inaccesible y hostil para cualquier otro habitante.. Visitar las Sisargas es una experiencia reservada a quienes aceptan las reglas del mar. No existe transporte regular y el acceso solo es posible contratando una embarcación desde el puerto de Malpica.. En días de calma estival, la travesía hasta Sisarga Grande dura apenas media hora, pero incluso entonces el viaje transmite la sensación de adentrarse en un territorio ajeno al tiempo. El desembarco se realiza junto a la única playa de la isla, desde donde parte un sendero pedregoso que asciende hasta el faro, a más de cien metros sobre el nivel del mar. El recorrido, de unos dos kilómetros, transcurre entre el sonido del viento y el graznido constante de las aves.. Al caer la tarde, cuando el faro reanuda su diálogo con el mar, las Sisargas revelan su misterio. Uno que enlaza con la leyenda del leviatán y con la memoria de los naufragios, y que termina por mostrarnos uno de los rostros más sugerentes de la Costa da Morte.
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