«Pabellones lejanos», de M. M. Kaye: la vuelta de un gran y polémico clásico de aventuras. 9/10. Por Ángeles López. Hay novelas que no se escriben en la actualidad porque ya no se vive como vivíamos. «Pabellones lejanos» pertenece a esa estirpe: una epopeya de más de mil páginas que se toma su tiempo, que se detiene en los horizontes, en las lealtades y en las contradicciones morales de un mundo en extinción…. Este libro es uno de los grandes relatos de aventuras del siglo XX ambientado en la India del Raj británico. La historia comienza en el Himalaya, bajo la sombra casi mítica de la cadena montañosa conocida como los «Pabellones lejanos». Allí nace Ashton Pelham-Martyn, hijo de padres ingleses, pero el azar lo empuja a crecer como un niño indio.. Criado por Sita, su aya hindú, Ash pasa su infancia sin saber quién es, hablando lenguas locales, compartiendo juegos y peligros con príncipes, sirvientes y jinetes. Cuando la verdad sobre su origen sale a la luz, el desgarro es inevitable: Inglaterra lo reclama, pero la India ya lo ha marcado para siempre. Ese conflicto identitario es el motor del libro. Ash no pertenece a ningún lugar. Demasiado indio para los británicos, demasiado británico para los indios. Una figura incómoda en un siglo XIX atravesado por el colonialismo, las guerras de frontera y la arrogancia imperial. Kaye construye así un héroe impulsivo, idealista, capaz de comprender ambos lados del conflicto, pero condenado a no ser aceptado por ninguno.. El telón de fondo no podría ser más insaciable. La novela recorre la India británica y Afganistán en un momento de máxima tensión histórica: el eco de la Rebelión de los Cipayos de 1857 aún resuena, y la Segunda Guerra anglo-afgana se cierne como un desenlace inevitable. Batallas, expediciones militares, intrigas palaciegas y largas travesías se suceden. Kaye sabía de lo que escribía: había crecido en la India, era hija y esposa de oficiales británicos y conocía de primera mano tanto la vida militar como la complejidad cultural del subcontinente. Pero reducir la obra a una novela de aventuras sería injusto. En su centro late una historia de amor imposible. Ash se enamora de Anjuli, una princesa india de ascendencia extranjera despreciada en la corte por no encajar en ninguna tradición. Su relación, atravesada por barreras culturales, religiosas y políticas, condensa el tema del libro: la imposibilidad de conciliar mundos que se atraen y se rechazan.. Una de las virtudes de esta historia es su mirada ambivalente sobre el Imperio británico. Kaye no oculta la brutalidad, el racismo y la injusticia del dominio colonial, pero tampoco renuncia a retratar el idealismo, el compañerismo y el sentido del deber de los británicos. Esa tensión es lo que hace que el libro siga provocando debate. ¿Es una novela colonialista, o un intento honesto de comprender un mundo mestizo? La respuesta, como Ash, no es clara. Quizá por eso se lee hoy con una mezcla de fascinación y distancia crítica. Su prosa es exuberante, poética en ocasiones, especialmente cuando describe los paisajes: montañas que recuerdan diosas vivas, llanuras abrasadas por el sol, palacios donde el tiempo parece estancado. Es una literatura que confía en que el lector quiera habitar ese mundo. Hay pocos libros como este, y no es solo una cuestión de extensión, sino de ambición narrativa.. La novela fue adaptada en 1984 en una miniserie protagonizada por Ben Cross, Amy Irving y Omar Sharif, que contribuyó a consolidar su estatus de clásico. Pero el libro sigue siendo una experiencia distinta: más compleja, más insobornable. Un viaje que no se limita a la nostalgia, sino que obliga a mirar el choque entre Oriente y Occidente; entre pertenencia y desarraigo. En tiempos de relatos breves y lecturas superficiales, sin empaque, volver a novelones como el presente es aceptar una invitación poco usual: perderse y encontrarse, durante semanas, en una historia que ambiciona englobarlo todo. Y descubrir, quizá, que algunas preguntas –sobre identidad, poder y lealtad– siguen tan abiertas como si reposaran bajo la sombra eterna de aquellas eternas montañas lejanas.. Lo mejor: la ambición épica, la riqueza histórica y un protagonista dividido que encarna el choque cultural. Lo peor: su extensión desmesurada y un último tramo bélico que diluye la intensidad emocional. «El contrabando ejemplar», de Pablo Maurette: un merecido Premio Herralde a la «épica triste» de Argentina. 9/10. Por Jesús Ferrer. En pleno siglo XXI, cuando el Siglo de Oro suele presentarse como un panteón escolar, Luis Antonio de Villena irrumpe con un libro que devuelve carne, contradicción y deseo a los nombres que la pedagogía convirtió en efigies. Su propuesta se sostiene en una convicción vigorosa: los clásicos viven cuando dejan de ser marmóreos. Y para ello es preciso conocer sus pulsiones, sus biografías palmarias y sus claroscuros. La senda que plantea transfigura la imagen tradicional de los autores brillantes. Garcilaso emerge como fundador de un amor moderno que oscila entre sensualidad y espiritualidad; Herrera, su reverso, intelectualiza el deseo hasta volverlo casi ascético.. En Teresa de Jesús y Juan de la Cruz, el autor indaga en la erótica del éxtasis, tan limada por siglos de lectura devota: la herida mística teresiana, recuperada en su intensidad física, muestra la frontera sutil entre experiencia revelada y lenguaje del placer. Lope aparece como un sacerdote lleno de contradicciones –amante fogoso y hombre de fe culpable–; Góngora, vital y noctámbulo, se rodea de insinuaciones homoeróticas; Quevedo, habitual de burdeles, conserva en sus sonetos de amor un misterio intacto respecto al destinatario.. No faltan figuras menos transitadas, como el trágico conde de Villamediana, cuya vida –y muerte– revela los límites que la España barroca imponía a los amores ilícitos, o Sor Juana, leída desde el ímpetu afectivo de sus versos dirigidos a la virreina. El autor se sirve de un enfoque que combina erudición filológica y sensibilidad poética para mostrar que esta literatura fue un hervidero de tensiones: entre espíritu y carne, lo permitido y lo prohibido, lo religioso y el deseo. La prosa actúa como un espejo barroco en el que los autores del XVI y XVII recuperan su vibración originaria. Una invitación a revisar el Siglo de Oro.. Lo mejor: la deriva mítica con la que se abordan en el libro hechos históricos y sorprendentes acontecimientos actuales. Lo peor: ninguna objeción relevante se le puede hacer, estamos frente a una bien construida novela de simbólica configuración. «Cuentos completos», de George Saunders: un autor con mucho cuento, y del mejor. 9/10. Por Diego Gándara. Los cuentos de George Saunders (Texas, 1958) ocupan un lugar singular en la narrativa contemporánea de ese país. Aunque, a primera vista, su valor parece residir en la excentricidad y el absurdo (parques temáticos futuristas, empresas que controlan la vida emocional de sus empleados, experimentos científicos con consecuencias grotescas, personajes atrapados en trabajos humillantes), lo cierto es que, bajo esa superficie extraña y por momentos satírica, Saunders ofrece una reflexión profunda, incómoda incluso, sobre la condición humana, el poder, la desigualdad y la fragilidad moral en los tiempos actuales.. Tomados de sus colecciones de cuentos más importantes como «Guerracivilandia en ruinas», «Pastoralia», «Diez de diciembre» y «El día de la liberación», esta edición llamada «Cuentos escogidos» muestra el universo personal de uno de los autores estadounidenses más admirados por sus colegas: Jonathan Franzen, Dave Eggers y Zadie Smith no han escatimado en elogiar su obra.. Así, en esta colección, Saunders se entromete en el corazón del capitalismo y en la burocracia o en la cultura del consumo con situaciones que llevan a la risa y al llanto para mostrar que la vida en los tiempos modernos adquiere la forma de un absurdo incómodo, con momentos que rozan lo ridículo pero que lo único que hacen es perpetuar un sistema opresivo travestido de felicidad. Relatos como «La infelicidad del peluquero», «El presidente de doscientos kilos», «El lazo rojo» o «Diez diciembre» son ejemplos de la poética que acompaña las historias con una voz narrativa que coquetea con lenguajes contemporáneos: registros publicitarios, informes empresariales, monólogos interiores fragmentados, diálogos caóticos y un estilo que refleja la confusión mental y emocional de los personajes.. Lo mejor: los cuentos combinan una gran imaginación, crítica social y profundidad emocional, además de tener un estilo muy personal. Lo peor: quizá, que estos textos fueron traducidos por Javier Calvo y Ben Clark, y es notable la diferencia entre uno y otro
Y además, el merecido Premio Herralde a la «épica triste» de Argentina de la mano de Pablo Maurette
«Pabellones lejanos», de M. M. Kaye: la vuelta de un gran y polémico clásico de aventuras. 9/10. Por Ángeles López. Hay novelas que no se escriben en la actualidad porque ya no se vive como vivíamos. «Pabellones lejanos» pertenece a esa estirpe: una epopeya de más de mil páginas que se toma su tiempo, que se detiene en los horizontes, en las lealtades y en las contradicciones morales de un mundo en extinción…. Este libro es uno de los grandes relatos de aventuras del siglo XX ambientado en la India del Raj británico. La historia comienza en el Himalaya, bajo la sombra casi mítica de la cadena montañosa conocida como los «Pabellones lejanos». Allí nace Ashton Pelham-Martyn, hijo de padres ingleses, pero el azar lo empuja a crecer como un niño indio.. Criado por Sita, su aya hindú, Ash pasa su infancia sin saber quién es, hablando lenguas locales, compartiendo juegos y peligros con príncipes, sirvientes y jinetes. Cuando la verdad sobre su origen sale a la luz, el desgarro es inevitable: Inglaterra lo reclama, pero la India ya lo ha marcado para siempre. Ese conflicto identitario es el motor del libro. Ash no pertenece a ningún lugar. Demasiado indio para los británicos, demasiado británico para los indios. Una figura incómoda en un siglo XIX atravesado por el colonialismo, las guerras de frontera y la arrogancia imperial. Kaye construye así un héroe impulsivo, idealista, capaz de comprender ambos lados del conflicto, pero condenado a no ser aceptado por ninguno.. El telón de fondo no podría ser más insaciable. La novela recorre la India británica y Afganistán en un momento de máxima tensión histórica: el eco de la Rebelión de los Cipayos de 1857 aún resuena, y la Segunda Guerra anglo-afgana se cierne como un desenlace inevitable. Batallas, expediciones militares, intrigas palaciegas y largas travesías se suceden. Kaye sabía de lo que escribía: había crecido en la India, era hija y esposa de oficiales británicos y conocía de primera mano tanto la vida militar como la complejidad cultural del subcontinente. Pero reducir la obra a una novela de aventuras sería injusto. En su centro late una historia de amor imposible. Ash se enamora de Anjuli, una princesa india de ascendencia extranjera despreciada en la corte por no encajar en ninguna tradición. Su relación, atravesada por barreras culturales, religiosas y políticas, condensa el tema del libro: la imposibilidad de conciliar mundos que se atraen y se rechazan.. Una de las virtudes de esta historia es su mirada ambivalente sobre el Imperio británico. Kaye no oculta la brutalidad, el racismo y la injusticia del dominio colonial, pero tampoco renuncia a retratar el idealismo, el compañerismo y el sentido del deber de los británicos. Esa tensión es lo que hace que el libro siga provocando debate. ¿Es una novela colonialista, o un intento honesto de comprender un mundo mestizo? La respuesta, como Ash, no es clara. Quizá por eso se lee hoy con una mezcla de fascinación y distancia crítica. Su prosa es exuberante, poética en ocasiones, especialmente cuando describe los paisajes: montañas que recuerdan diosas vivas, llanuras abrasadas por el sol, palacios donde el tiempo parece estancado. Es una literatura que confía en que el lector quiera habitar ese mundo. Hay pocos libros como este, y no es solo una cuestión de extensión, sino de ambición narrativa.. La novela fue adaptada en 1984 en una miniserie protagonizada por Ben Cross, Amy Irving y Omar Sharif, que contribuyó a consolidar su estatus de clásico. Pero el libro sigue siendo una experiencia distinta: más compleja, más insobornable. Un viaje que no se limita a la nostalgia, sino que obliga a mirar el choque entre Oriente y Occidente; entre pertenencia y desarraigo. En tiempos de relatos breves y lecturas superficiales, sin empaque, volver a novelones como el presente es aceptar una invitación poco usual: perderse y encontrarse, durante semanas, en una historia que ambiciona englobarlo todo. Y descubrir, quizá, que algunas preguntas –sobre identidad, poder y lealtad– siguen tan abiertas como si reposaran bajo la sombra eterna de aquellas eternas montañas lejanas.. Lo mejor: la ambición épica, la riqueza histórica y un protagonista dividido que encarna el choque cultural. Lo peor: su extensión desmesurada y un último tramo bélico que diluye la intensidad emocional. «El contrabando ejemplar», de Pablo Maurette: un merecido Premio Herralde a la «épica triste» de Argentina. 9/10. Por Jesús Ferrer. En pleno siglo XXI, cuando el Siglo de Oro suele presentarse como un panteón escolar, Luis Antonio de Villena irrumpe con un libro que devuelve carne, contradicción y deseo a los nombres que la pedagogía convirtió en efigies. Su propuesta se sostiene en una convicción vigorosa: los clásicos viven cuando dejan de ser marmóreos. Y para ello es preciso conocer sus pulsiones, sus biografías palmarias y sus claroscuros. La senda que plantea transfigura la imagen tradicional de los autores brillantes. Garcilaso emerge como fundador de un amor moderno que oscila entre sensualidad y espiritualidad; Herrera, su reverso, intelectualiza el deseo hasta volverlo casi ascético.. En Teresa de Jesús y Juan de la Cruz, el autor indaga en la erótica del éxtasis, tan limada por siglos de lectura devota: la herida mística teresiana, recuperada en su intensidad física, muestra la frontera sutil entre experiencia revelada y lenguaje del placer. Lope aparece como un sacerdote lleno de contradicciones –amante fogoso y hombre de fe culpable–; Góngora, vital y noctámbulo, se rodea de insinuaciones homoeróticas; Quevedo, habitual de burdeles, conserva en sus sonetos de amor un misterio intacto respecto al destinatario.. No faltan figuras menos transitadas, como el trágico conde de Villamediana, cuya vida –y muerte– revela los límites que la España barroca imponía a los amores ilícitos, o Sor Juana, leída desde el ímpetu afectivo de sus versos dirigidos a la virreina. El autor se sirve de un enfoque que combina erudición filológica y sensibilidad poética para mostrar que esta literatura fue un hervidero de tensiones: entre espíritu y carne, lo permitido y lo prohibido, lo religioso y el deseo. La prosa actúa como un espejo barroco en el que los autores del XVI y XVII recuperan su vibración originaria. Una invitación a revisar el Siglo de Oro.. Lo mejor: la deriva mítica con la que se abordan en el libro hechos históricos y sorprendentes acontecimientos actuales. Lo peor: ninguna objeción relevante se le puede hacer, estamos frente a una bien construida novela de simbólica configuración. «Cuentos completos», de George Saunders: un autor con mucho cuento, y del mejor. 9/10. Por Diego Gándara. Los cuentos de George Saunders (Texas, 1958) ocupan un lugar singular en la narrativa contemporánea de ese país. Aunque, a primera vista, su valor parece residir en la excentricidad y el absurdo (parques temáticos futuristas, empresas que controlan la vida emocional de sus empleados, experimentos científicos con consecuencias grotescas, personajes atrapados en trabajos humillantes), lo cierto es que, bajo esa superficie extraña y por momentos satírica, Saunders ofrece una reflexión profunda, incómoda incluso, sobre la condición humana, el poder, la desigualdad y la fragilidad moral en los tiempos actuales.. Tomados de sus colecciones de cuentos más importantes como «Guerracivilandia en ruinas», «Pastoralia», «Diez de diciembre» y «El día de la liberación», esta edición llamada «Cuentos escogidos» muestra el universo personal de uno de los autores estadounidenses más admirados por sus colegas: Jonathan Franzen, Dave Eggers y Zadie Smith no han escatimado en elogiar su obra.. Así, en esta colección, Saunders se entromete en el corazón del capitalismo y en la burocracia o en la cultura del consumo con situaciones que llevan a la risa y al llanto para mostrar que la vida en los tiempos modernos adquiere la forma de un absurdo incómodo, con momentos que rozan lo ridículo pero que lo único que hacen es perpetuar un sistema opresivo travestido de felicidad. Relatos como «La infelicidad del peluquero», «El presidente de doscientos kilos», «El lazo rojo» o «Diez diciembre» son ejemplos de la poética que acompaña las historias con una voz narrativa que coquetea con lenguajes contemporáneos: registros publicitarios, informes empresariales, monólogos interiores fragmentados, diálogos caóticos y un estilo que refleja la confusión mental y emocional de los personajes.. Lo mejor: los cuentos combinan una gran imaginación, crítica social y profundidad emocional, además de tener un estilo muy personal. Lo peor: quizá, que estos textos fueron traducidos por Javier Calvo y Ben Clark, y es notable la diferencia entre uno y otro
Noticias de cultura en La Razón
