La guerra abierta entre Junts per Catalunya y Esquerra Republicana vive un nuevo capítulo, estando sus relaciones peor que nunca. Especialmente en Madrid, donde la distancia política, estratégica e ideológica entre ambas formaciones se ha hecho abismal. El último en verbalizarlo con dureza ha sido el portavoz de ERC en el Congreso, Gabriel Rufián, que ha acusado al “mundo convergente” de intentar “someter” al grupo republicano bajo la excusa de construir un supuesto frente común independentista.. En un tuit especialmente áspero, Rufián denuncia lo que califica como el enésimo intento de Junts —con “expertos imparciales en compol incluidos”— de arrastrar a ERC a una estrategia que, a su juicio, solo beneficia a los intereses del espacio posconvergente. “Admirable (enésimo) intento del mundo convergente para someter al grupo de ERC en Madrid con la excusa de hacer un frente común”, escribe el dirigente republicano, dejando claro que la desconfianza es total.. Rufián estructura su crítica en dos reproches muy concretos. En primer lugar, exige a Junts que “pida perdón por la turra miserable del ‘A cambio de nada’ de los últimos seis años”, en referencia a la principal crítica que desde Junts hacen a ERC: que apoyan al socialismo «a cambio de nada». En segundo lugar, reclama que dejen de “hacer daño a Cataluña votando con PP y VOX”, una acusación que apunta directamente a la deriva parlamentaria de Junts en el Congreso y a su disposición a alinear sus votos con la derecha y la extrema derecha españolas.. Solo después de esas dos condiciones, añade Rufián, “y (quizás) hablamos”. Hasta entonces, concluye con una frase que resume el clima actual: pide a Junts que “deje de vender mercancía tóxica a la gente”.. Este choque no es solo personal ni coyuntural, sino profundamente político. En Madrid, ERC se reivindica como una fuerza de izquierdas, partidaria de acuerdos sociales y de una negociación con el Estado con contrapartidas concretas. Junts, en cambio, es percibida por los republicanos como una formación cada vez más escorada a la derecha, cercana a la burguesía, al empresariado y a las lógicas del poder económico, compartiendo votos con PP y Vox.. El resultado es una relación prácticamente rota, sin confianza y sin un horizonte común. Lo que durante años se presentó como una alianza estratégica del independentismo hoy aparece como un campo de batalla permanente, en el que ERC y Junts no solo compiten por el liderazgo político, sino que se acusan mutuamente de traicionar a Cataluña. Y, a juzgar por el tono de Rufián, la tregua no parece cercana.
Los republicanos se niegan a hacer un «frente común»
La guerra abierta entre Junts per Catalunya y Esquerra Republicana vive un nuevo capítulo, estando sus relaciones peor que nunca. Especialmente en Madrid, donde la distancia política, estratégica e ideológica entre ambas formaciones se ha hecho abismal. El último en verbalizarlo con dureza ha sido el portavoz de ERC en el Congreso, Gabriel Rufián, que ha acusado al “mundo convergente” de intentar “someter” al grupo republicano bajo la excusa de construir un supuesto frente común independentista.. En un tuit especialmente áspero, Rufián denuncia lo que califica como el enésimo intento de Junts —con “expertos imparciales en compol incluidos”— de arrastrar a ERC a una estrategia que, a su juicio, solo beneficia a los intereses del espacio posconvergente. “Admirable (enésimo) intento del mundo convergente para someter al grupo de ERC en Madrid con la excusa de hacer un frente común”, escribe el dirigente republicano, dejando claro que la desconfianza es total.. Rufián estructura su crítica en dos reproches muy concretos. En primer lugar, exige a Junts que “pida perdón por la turra miserable del ‘A cambio de nada’ de los últimos seis años”, en referencia a la principal crítica que desde Junts hacen a ERC: que apoyan al socialismo «a cambio de nada». En segundo lugar, reclama que dejen de “hacer daño a Cataluña votando con PP y VOX”, una acusación que apunta directamente a la deriva parlamentaria de Junts en el Congreso y a su disposición a alinear sus votos con la derecha y la extrema derecha españolas.. Solo después de esas dos condiciones, añade Rufián, “y (quizás) hablamos”. Hasta entonces, concluye con una frase que resume el clima actual: pide a Junts que “deje de vender mercancía tóxica a la gente”.. Este choque no es solo personal ni coyuntural, sino profundamente político. En Madrid, ERC se reivindica como una fuerza de izquierdas, partidaria de acuerdos sociales y de una negociación con el Estado con contrapartidas concretas. Junts, en cambio, es percibida por los republicanos como una formación cada vez más escorada a la derecha, cercana a la burguesía, al empresariado y a las lógicas del poder económico, compartiendo votos con PP y Vox.. El resultado es una relación prácticamente rota, sin confianza y sin un horizonte común. Lo que durante años se presentó como una alianza estratégica del independentismo hoy aparece como un campo de batalla permanente, en el que ERC y Junts no solo compiten por el liderazgo político, sino que se acusan mutuamente de traicionar a Cataluña. Y, a juzgar por el tono de Rufián, la tregua no parece cercana.
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