Un usuario de las redes sociales se siente divulgador musical: “Triunfitos con más oyentes mensuales en Spotify”. Y empieza a enumerar, por orden de escuchas: “Aitana [12M], Lola Indigo [5M], Natalia Lacunza [1,7M], Amaia [1,6M], Naiara [550k], Ana Guerra [415k], La Cruz [338k], Miki Nuñez [320k], Alba Reche [317k] y Alfred Garcia [291k]”. Ni rastro de David Bisbal, Pablo López, Manuel Carrasco… Ellos también son OT.. Otro usuario de redes habla de shippeos históricos de la historia de OT. Valga la redundancia. Por supuesto, se olvida del Operación Triunfo que revolucionó unas audiencias que no se repetirán. Chenoa y Bisbal con su Escondidos pusieron a un país a flor de piel. No se ha vuelto a repetir la catarsis colectiva de la final de OT1. Todos emocionados contemplando los planos de reacción de Chenoa mirando con una sensibilidad diáfana cómo David Bisbal cruzaba la pasarela para reencontrarse con su padre en la gala que ganó Rosa y que paralizó todo un país. España se sentía viviendo el amor. Aunque nadie nos había comunicado públicamente tal amor.. Pero estamos en una sociedad adanista en la que solo se valora aquello que han visto nuestros propios ojos. Los que nos precedieron apenas existen. Así pensamos que siempre somos los primeros. La realidad empieza y termina en nuestro ombligo. Este OT 2025, como efecto colateral, ha propiciado también un retrato de la cultura social menguante a través de los comentarios de unos seguidores que solo recuerdan lo más último: lo que antes era un síntoma de ignorancia que avergonzaba, ahora es una demostración de seguridad que gritamos a los cuatro vientos.. La manera de consumo de las redes sociales nos ha invitado a interiorizar que todos somos verificadores de momentos históricos. Aunque, justamente, no tengamos el conocimiento de la perspectiva histórica. Siempre la juventud ha supuesto que lo novedoso es lo suyo. Todos hemos sido así. Aunque ahora no solo lo suponemos, directamente lo convertimos en contenido audiovisual que otorga autoridad pública a datos incorrectos. La verdad cotejada no importa. No es de extrañar el auge de los populismos: la desmemoria colectiva es perfecta para picar en el anzuelo de sus mentiras. Y hacerlo una y otra vez.Porque la frenética inmediatez de la viralidad nos está animando a pensar que sabemos todo en vez de enseñarnos a comprender de los que vinieron antes. Porque siempre alguien abrió caminos antes.
La sociedad adanista.
20MINUTOS.ES – Televisión
Un usuario de las redes sociales se siente divulgador musical: “Triunfitos con más oyentes mensuales en Spotify”. Y empieza a enumerar, por orden de escuchas: “Aitana [12M], Lola Indigo [5M], Natalia Lacunza [1,7M], Amaia [1,6M], Naiara [550k], Ana Guerra [415k], La Cruz [338k], Miki Nuñez [320k], Alba Reche [317k] y Alfred Garcia [291k]”. Ni rastro de David Bisbal, Pablo López, Manuel Carrasco… Ellos también son OT.. Otro usuario de redes habla de shippeos históricos de la historia de OT. Valga la redundancia. Por supuesto, se olvida del Operación Triunfo que revolucionó unas audiencias que no se repetirán. Chenoa y Bisbal con su Escondidos pusieron a un país a flor de piel. No se ha vuelto a repetir la catarsis colectiva de la final de OT1. Todos emocionados contemplando los planos de reacción de Chenoa mirando con una sensibilidad diáfana cómo David Bisbal cruzaba la pasarela para reencontrarse con su padre en la gala que ganó Rosa y que paralizó todo un país. España se sentía viviendo el amor. Aunque nadie nos había comunicado públicamente tal amor.. Pero estamos en una sociedad adanista en la que solo se valora aquello que han visto nuestros propios ojos. Los que nos precedieron apenas existen. Así pensamos que siempre somos los primeros. La realidad empieza y termina en nuestro ombligo. Este OT 2025, como efecto colateral, ha propiciado también un retrato de la cultura social menguante a través de los comentarios de unos seguidores que solo recuerdan lo más último: lo que antes era un síntoma de ignorancia que avergonzaba, ahora es una demostración de seguridad que gritamos a los cuatro vientos.. La manera de consumo de las redes sociales nos ha invitado a interiorizar que todos somos verificadores de momentos históricos. Aunque, justamente, no tengamos el conocimiento de la perspectiva histórica. Siempre la juventud ha supuesto que lo novedoso es lo suyo. Todos hemos sido así. Aunque ahora no solo lo suponemos, directamente lo convertimos en contenido audiovisual que otorga autoridad pública a datos incorrectos. La verdad cotejada no importa. No es de extrañar el auge de los populismos: la desmemoria colectiva es perfecta para picar en el anzuelo de sus mentiras. Y hacerlo una y otra vez.Porque la frenética inmediatez de la viralidad nos está animando a pensar que sabemos todo en vez de enseñarnos a comprender de los que vinieron antes. Porque siempre alguien abrió caminos antes.
