Aunque lejos de los grandes focos del fútbol de Primera División, en Málaga se está viviendo un caso digno de estudio. Un fenómeno para amigos de lo paranormal. El equipo blanquiazul, ahora en la zona templada de una tabla que da vuelcos jornada tras jornada por lo apretado que está todo -hay siete puntos entre el quinto equipo y el decimonoveno-, está próximo a establecer algún tipo de récord. Y, como casi todo en los últimos años, sería un registro negativo.. La afición siempre fiel que abarrota La Rosaleda cada dos semanas volvió a salir anoche del estadio con una indignación entre el cabreo colectivo, la rabia y la resignación. Otra vez volvió a pasar. Un partido que estaba ganando se escapó de nuevo en la última jugada. Dos puntos al limbo, y ya van unos cuantos. Es una especie de maldición que empieza en el minuto 90 y dura hasta que el árbitro pita el final del encuentro.. Por poner las cosas en contexto, el Málaga ha dejado escapar ya ocho puntos en los añadidos finales de lo que va de Liga. Es sacar el cuarto árbitro la pizarra electrónica y apoderarse la ansiedad de grada, banquillo y jugadores sobre el césped. Porque, al final, vuelve a ocurrir. Una mala marca. Un córner mal defendido. Un delantero que te gana la espalda. O, como anoche, un penalti en contra.. Corría el minuto 94, faltando uno de añadido. Atacaba el Zaragoza frente a un Málaga que, metido atrás, intentaba defender el gol de ventaja que había marcado 75 minutos antes. Forcejeo en el área, Ángel Recio que agarra a un rival y el árbitro pita penalti. Podría no haberlo pitado, es cierto. Agarrones como ese hay por decenas en cada partido. Pero lo pitó, y Dani Gómez lo convirtió. Además, el partido se embarulló de tal manera que el añadido llegó al 98. El marcador ya no se movió.. Fue el último episodio de algo que se ha convertido ya casi en costumbre, por desgracia. En Huesca, un partido igualado de cero a cero se definió también en la última jugada del encuentro a favor de los aragoneses. Especialmente doloroso fue lo de Castellón. Ganaba el Málaga cuando el árbitro enseñó la pizarra con ocho minutos. En el 92 empató Camara de cabeza. En el 99:30 remontaba Doue y se le iban otros tres puntos.. No menos doloroso fue lo que ocurrió, de nuevo en La Rosaleda, frente al Córdoba. Con un jugador más por expulsión de Albarrán, el Málaga apretó hasta que logró ponerse por delante en el 89 con un golazo de Rafa Rodríguez. El añadido fue eterno, de 11 minutos. Y de nuevo en la última jugada del partido Diego Bri dejaba las tablas definitivas en el marcador. Cuando llega el minuto 90, los fantasmas se agitan y se ponen a danzar por el coliseo blanquiazul.. Contra esa rémora, hubo una vez en que la moneda salió cara. Frente al Mirandés, el equipo que dirige Juan Francisco Funes -el día de su estreno, además- se había dejado empatar un 2-0 en la segunda parte. En el minuto 93, Einar Galilea a la salida de un córner le dio la victoria definitiva al Málaga. Pero, de haber podido aguantar los resultados tal como llegaron al minuto 90, el equipo andaluz sería ahora mismo quinto en Segunda, en playoff de ascenso. No pudo, y ahora se encuentra decimocuarto con dos puntos sobre la zona roja de 1ªRFEF. El fútbol tiene estas cosas. Y el Málaga, por ahora, está maldito en los tiempos de añadido.
El equipo andaluz está viviendo un auténtico fenómeno paranormal este año en los tiempos de añadido
Aunque lejos de los grandes focos del fútbol de Primera División, en Málaga se está viviendo un caso digno de estudio. Un fenómeno para amigos de lo paranormal. El equipo blanquiazul, ahora en la zona templada de una tabla que da vuelcos jornada tras jornada por lo apretado que está todo -hay siete puntos entre el quinto equipo y el decimonoveno-, está próximo a establecer algún tipo de récord. Y, como casi todo en los últimos años, sería un registro negativo.. La afición siempre fiel que abarrota La Rosaleda cada dos semanas volvió a salir anoche del estadio con una indignación entre el cabreo colectivo, la rabia y la resignación. Otra vez volvió a pasar. Un partido que estaba ganando se escapó de nuevo en la última jugada. Dos puntos al limbo, y ya van unos cuantos. Es una especie de maldición que empieza en el minuto 90 y dura hasta que el árbitro pita el final del encuentro.. Por poner las cosas en contexto, el Málaga ha dejado escapar ya ocho puntos en los añadidos finales de lo que va de Liga. Es sacar el cuarto árbitro la pizarra electrónica y apoderarse la ansiedad de grada, banquillo y jugadores sobre el césped. Porque, al final, vuelve a ocurrir. Una mala marca. Un córner mal defendido. Un delantero que te gana la espalda. O, como anoche, un penalti en contra.. Corría el minuto 94, faltando uno de añadido. Atacaba el Zaragoza frente a un Málaga que, metido atrás, intentaba defender el gol de ventaja que había marcado 75 minutos antes. Forcejeo en el área, Ángel Recio que agarra a un rival y el árbitro pita penalti. Podría no haberlo pitado, es cierto. Agarrones como ese hay por decenas en cada partido. Pero lo pitó, y Dani Gómez lo convirtió. Además, el partido se embarulló de tal manera que el añadido llegó al 98. El marcador ya no se movió.. Fue el último episodio de algo que se ha convertido ya casi en costumbre, por desgracia. En Huesca, un partido igualado de cero a cero se definió también en la última jugada del encuentro a favor de los aragoneses. Especialmente doloroso fue lo de Castellón. Ganaba el Málaga cuando el árbitro enseñó la pizarra con ocho minutos. En el 92 empató Camara de cabeza. En el 99:30 remontaba Doue y se le iban otros tres puntos.. No menos doloroso fue lo que ocurrió, de nuevo en La Rosaleda, frente al Córdoba. Con un jugador más por expulsión de Albarrán, el Málaga apretó hasta que logró ponerse por delante en el 89 con un golazo de Rafa Rodríguez. El añadido fue eterno, de 11 minutos. Y de nuevo en la última jugada del partido Diego Bri dejaba las tablas definitivas en el marcador. Cuando llega el minuto 90, los fantasmas se agitan y se ponen a danzar por el coliseo blanquiazul.. Contra esa rémora, hubo una vez en que la moneda salió cara. Frente al Mirandés, el equipo que dirige Juan Francisco Funes -el día de su estreno, además- se había dejado empatar un 2-0 en la segunda parte. En el minuto 93, Einar Galilea a la salida de un córner le dio la victoria definitiva al Málaga. Pero, de haber podido aguantar los resultados tal como llegaron al minuto 90, el equipo andaluz sería ahora mismo quinto en Segunda, en playoff de ascenso. No pudo, y ahora se encuentra decimocuarto con dos puntos sobre la zona roja de 1ªRFEF. El fútbol tiene estas cosas. Y el Málaga, por ahora, está maldito en los tiempos de añadido.
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