Rocío Carrasco vivió uno de los momentos más disparatados del programa Hasta el fin del mundo durante la noche del miércoles en RTVE. Nada más llegar con Anabel Dueñas a una estación de autobuses en Perú, ambas se acercaron al mostrador y Rocío preguntó con normalidad por los billetes: «¿Qué precio tienen?». No imaginaban lo que venía después.. Anabel, siempre en clave de humor y mirando por mantener el presupuesto al máximo posible, soltó: «¿Nos hacéis una rebajita, que es mi cumple?». Pero el vendedor frenó en seco la broma. Les advirtió que no podían subir al autobús «si han consumido alcohol», una frase que dejó a las dos totalmente descolocadas.. Anabel se rio. «¿Qué se cree, que estoy borracha?», decía, incrédula. Rocío, sorprendida, quiso confirmarlo: «¿Lo dice por mí?». El empleado lo afirmó sin rodeo. «La he visto un poquito mal, se nota un poquito», señalando directamente a Carrasco y provocando su enfado inmediato.. «He tenido que venir a Perú para que me llamen borracha en mi cara», protestó Rocío, visiblemente molesta. Y lejos de dejarlo pasar, lo retó: «Si usted tiene un alcoholímetro, hágamelo ya». La tensión se palpaba mientras Anabel asistía incrédula a la escena.. Rocío se sometió a la prueba entre con la frente alta. «¡Hombre, que si me hago la prueba!», repetía. El resultado lo decía todo: negativo. «Por 0,0», afirmó. E indignada remató: «Encima se lo ha dicho a alguien que es abstemio. No vengo más nunca a Cruz del Sur».
Rocío Carrasco acabó indignada tras realizarse la prueba de alcoholímetro en una estación de autobuses: «¡Se lo ha dicho a alguien abstemio!»
20MINUTOS.ES – Televisión
Rocío Carrasco vivió uno de los momentos más disparatados del programa Hasta el fin del mundo durante la noche del miércoles en RTVE. Nada más llegar con Anabel Dueñas a una estación de autobuses en Perú, ambas se acercaron al mostrador y Rocío preguntó con normalidad por los billetes: «¿Qué precio tienen?». No imaginaban lo que venía después.. Anabel, siempre en clave de humor y mirando por mantener el presupuesto al máximo posible, soltó: «¿Nos hacéis una rebajita, que es mi cumple?». Pero el vendedor frenó en seco la broma. Les advirtió que no podían subir al autobús «si han consumido alcohol», una frase que dejó a las dos totalmente descolocadas.. Anabel se rio. «¿Qué se cree, que estoy borracha?», decía, incrédula. Rocío, sorprendida, quiso confirmarlo: «¿Lo dice por mí?». El empleado lo afirmó sin rodeo. «La he visto un poquito mal, se nota un poquito», señalando directamente a Carrasco y provocando su enfado inmediato.. «He tenido que venir a Perú para que me llamen borracha en mi cara», protestó Rocío, visiblemente molesta. Y lejos de dejarlo pasar, lo retó: «Si usted tiene un alcoholímetro, hágamelo ya». La tensión se palpaba mientras Anabel asistía incrédula a la escena.. Rocío se sometió a la prueba entre con la frente alta. «¡Hombre, que si me hago la prueba!», repetía. El resultado lo decía todo: negativo. «Por 0,0», afirmó. E indignada remató: «Encima se lo ha dicho a alguien que es abstemio. No vengo más nunca a Cruz del Sur».
