La cultura es un puente y, para Ernest Urtasun, una herramienta diplomática. La descolonización de los museos ha vuelto a centralizar el discurso del Ministerio de Cultura. Esta vez, durante la inauguración en el Museo Arqueológico Nacional (MAN) de la exposición «La mitad del mundo. La mujer en el México indígena», donde Urtasun hablaba ayer en calidad de ministro, «pero también como diplomático de carrera», haciendo un llamamiento a perderle el «miedo» al «perdón» por parte de España hacia México por la Conquista. Unas palabras no aisladas, sino que siguen el objetivo del Gobierno de recuperar simpatías con respecto al país mexicano, y que se unen a los pasos iniciados por José Manuel Albares, ministro de Asuntos Exteriores, el pasado 31 de octubre. Fue durante la presentación de la misma muestra, que antes de aterrizar en el MAN se había instalado en el Museo Thyssen-Bornemisza, en el Instituto Cervantes y en la Casa de México, cuando Albares afirmaba que «ha habido dolor e injusticia, y justo es reconocerlo hoy y justo es lamentarlo, porque esa es parte de nuestra historia compartida». Unas palabras que acompañaban a la lectura de una carta de Claudia Sheinbaum, presidenta de México, que decía que «honrar el legado indígena implica reconocer los abusos del pasado y del presente».. La cuestión colonizadora no ha dejado de copar los fines del Ministerio de Urtasun, algo que además lleva flotando en el aire diplomático entre España y México desde que Andrés López Obrador, antecesor de Sheinbaum, pidiera el perdón de Felipe VI por los abusos que se produjeron durante las conquistas. A finales de noviembre, el Ministerio de Cultura presentaba las nuevas museografías de los Museos de Antropología y de América, reformas que son parte de su plan de descolonización al igual que el proyecto expositivo que ayer se inauguraba como un gesto que «tiene que ver con la tarea de responsabilidad, atención, respeto y acercamiento verdadero a realidades que han sido silenciadas, vulneradas o directamente ignoradas», apuntaba Urtasun.. Definía la exposición que se reparte entre las cuatro sedes madrileñas citadas como «algo más que una recopilación material. Es un acto de reconocimiento con el que devolvemos saberes e identidades injustamente relegados su lugar de centralidad, un reconocimiento profundo, verdadero, que no evita señalar responsabilidades en las distintas desigualdades que se han producido». Subrayaba, por tanto, y bajo su condición de diplomático, que «no debemos tener ningún miedo a las palabras que nos unen y aproximan en tantos países. Lo he dicho ya mil veces: palabras como diálogo, perdón, encuentro o fraternidad, nos acercan y mejoran nuestras vidas, y todas ellas constituyen el campo semántico de la cultura, que es ese terreno fértil donde siempre se anuncian los cambios y las transformaciones».. Este macro proyecto expositivo –se reúnen entre los cuatro espacios 435 piezas, de las cuales 250 se exponen en el MAN–, nació hace un año, durante un encuentro entre Urtasun y la Secretaria de Cultura de México, Claudia Curiel de Icaza. Ahora, llega enmarcado en el Año de la Mujer Indígena, que se ha venido celebrando en México durante 2025. «Es un proyecto que permite además un acercamiento político necesario», continuaba Urtasun, en una presentación donde también asistieron Quirino Ordaz Coppel, embajador de México en España, Isabel Izquierdo, directora del MAN, y la doctora Adriana Velázquez, asesora científica de la muestra. La comisaria, Karina Romero, no pudo asistir debido a problemas de salud.. Entre la casa y el poder. En el avance del pasado 31 de octubre, se presentaba que cada sede que acoge «La mitad del mundo. La mujer en el México indígena» está dirigida a un aspecto temático. El Thyssen exhibe la «Señora Tz’aka’ab Ahaw, la ‘‘Reina Roja’’ de Palenque», un ajuar funerario de una histórica figura maya del siglo VII. En la Casa de México se ofrece «El ámbito divino», abordando la espiritualidad y las prácticas rituales femeninas en las distintas culturas originarias de México. El Instituto Cervantes acoge «Historias tejidas», dedicada a la producción textil como forma de transmisión cultural. Ayer, el MAN presentaba «El ámbito humano», que ocupará sus salas hasta el 22 de marzo, y en el que se ahonda sobre «el contexto social de las mujeres indígenas desde la época prehispana hasta hoy», indicaba Izquierdo. Cuidadoras, chamanas, tejedoras, guerreras, gobernantes… son varios los roles femeninos representados en el MAN, a través de, añadía la directora, «esculturas de gran formato, terracotas, joyerías o textiles procedentes de 31 museos y sitios arqueológicos mexicanos».. Este ámbito humano que acoge el MAN, especifica la Doctora Velázquez que «se refiere a la vida doméstica, y al poder y la toma de decisiones». Respecto a la primera parte, la muestra arroja luz sobre cómo durante la época prehispánica la educación de las niñas era rigurosa y moralizante, pues desde pequeñas eran instruidas en el hogar para formarlas como mujeres obedientes, devotas y trabajadoras. Se observa en esta parte de la muestra cómo aprendían a hilar, a tejer, a moler el maíz o a mantener el orden doméstico. Así como hasta qué punto la llegada de la menstruación era fundamental, y cómo el embarazo era algo sagrado y comunitario: para los mexicas, morir dando a luz era equiparable a la muerte de un guerrero en combate, lo que hacía que estas mujeres fallecidas fueran deificadas.. Por su parte, en la sección «Linaje y poder», se presentan ejemplos de figuras femeninas que rompieron con los roles de género establecidos, ejerciendo funciones de liderazgo político o religioso. Se incluyen, apunta Velázquez, «piezas que pocas veces se han visto, que nunca se habían exhibido ni en la Ciudad de México», y que descubren facetas de la mujer indígena. Es el caso de su participación en el «Juego de pelota», una actividad ritual prehispánica que se creía sólo reservada a los hombres. O el ámbito cortesano: se incluye un panel donde se representa a «La del rostro resplandeciente», una mujer de élite ricamente ataviada, representada a través de piedra caliza y que fue hallada durante una excavación orquestada por la Universidad Complutense de Madrid, apunta la Doctora. «Descubrimos que las mujeres, a lo largo de la historia, siempre hemos sido multitarea», resume.
El ministro ha reivindicado, durante la presentación en el MAN de la exposición «La mitad del mundo. La mujer en el México Indígena», la cultura como «ese terreno fértil donde siempre se anuncian los cambios y las transformaciones»
La cultura es un puente y, para Ernest Urtasun, una herramienta diplomática. La descolonización de los museos ha vuelto a centralizar el discurso del Ministerio de Cultura. Esta vez, durante la inauguración en el Museo Arqueológico Nacional (MAN) de la exposición «La mitad del mundo. La mujer en el México indígena», donde Urtasun hablaba ayer en calidad de ministro, «pero también como diplomático de carrera», haciendo un llamamiento a perderle el «miedo» al «perdón» por parte de España hacia México por la Conquista. Unas palabras no aisladas, sino que siguen el objetivo del Gobierno de recuperar simpatías con respecto al país mexicano, y que se unen a los pasos iniciados por José Manuel Albares, ministro de Asuntos Exteriores, el pasado 31 de octubre. Fue durante la presentación de la misma muestra, que antes de aterrizar en el MAN se había instalado en el Museo Thyssen-Bornemisza, en el Instituto Cervantes y en la Casa de México, cuando Albares afirmaba que «ha habido dolor e injusticia, y justo es reconocerlo hoy y justo es lamentarlo, porque esa es parte de nuestra historia compartida». Unas palabras que acompañaban a la lectura de una carta de Claudia Sheinbaum, presidenta de México, que decía que «honrar el legado indígena implica reconocer los abusos del pasado y del presente».. La cuestión colonizadora no ha dejado de copar los fines del Ministerio de Urtasun, algo que además lleva flotando en el aire diplomático entre España y México desde que Andrés López Obrador, antecesor de Sheinbaum, pidiera el perdón de Felipe VI por los abusos que se produjeron durante las conquistas. A finales de noviembre, el Ministerio de Cultura presentaba las nuevas museografías de los Museos de Antropología y de América, reformas que son parte de su plan de descolonización al igual que el proyecto expositivo que ayer se inauguraba como un gesto que «tiene que ver con la tarea de responsabilidad, atención, respeto y acercamiento verdadero a realidades que han sido silenciadas, vulneradas o directamente ignoradas», apuntaba Urtasun.. Definía la exposición que se reparte entre las cuatro sedes madrileñas citadas como «algo más que una recopilación material. Es un acto de reconocimiento con el que devolvemos saberes e identidades injustamente relegados su lugar de centralidad, un reconocimiento profundo, verdadero, que no evita señalar responsabilidades en las distintas desigualdades que se han producido». Subrayaba, por tanto, y bajo su condición de diplomático, que «no debemos tener ningún miedo a las palabras que nos unen y aproximan en tantos países. Lo he dicho ya mil veces: palabras como diálogo, perdón, encuentro o fraternidad, nos acercan y mejoran nuestras vidas, y todas ellas constituyen el campo semántico de la cultura, que es ese terreno fértil donde siempre se anuncian los cambios y las transformaciones».. Este macro proyecto expositivo –se reúnen entre los cuatro espacios 435 piezas, de las cuales 250 se exponen en el MAN–, nació hace un año, durante un encuentro entre Urtasun y la Secretaria de Cultura de México, Claudia Curiel de Icaza. Ahora, llega enmarcado en el Año de la Mujer Indígena, que se ha venido celebrando en México durante 2025. «Es un proyecto que permite además un acercamiento político necesario», continuaba Urtasun, en una presentación donde también asistieron Quirino Ordaz Coppel, embajador de México en España, Isabel Izquierdo, directora del MAN, y la doctora Adriana Velázquez, asesora científica de la muestra. La comisaria, Karina Romero, no pudo asistir debido a problemas de salud.. En el avance del pasado 31 de octubre, se presentaba que cada sede que acoge «La mitad del mundo. La mujer en el México indígena» está dirigida a un aspecto temático. El Thyssen exhibe la «Señora Tz’aka’ab Ahaw, la ‘‘Reina Roja’’ de Palenque», un ajuar funerario de una histórica figura maya del siglo VII. En la Casa de México se ofrece «El ámbito divino», abordando la espiritualidad y las prácticas rituales femeninas en las distintas culturas originarias de México. El Instituto Cervantes acoge «Historias tejidas», dedicada a la producción textil como forma de transmisión cultural. Ayer, el MAN presentaba «El ámbito humano», que ocupará sus salas hasta el 22 de marzo, y en el que se ahonda sobre «el contexto social de las mujeres indígenas desde la época prehispana hasta hoy», indicaba Izquierdo. Cuidadoras, chamanas, tejedoras, guerreras, gobernantes… son varios los roles femeninos representados en el MAN, a través de, añadía la directora, «esculturas de gran formato, terracotas, joyerías o textiles procedentes de 31 museos y sitios arqueológicos mexicanos».. Este ámbito humano que acoge el MAN, especifica la Doctora Velázquez que «se refiere a la vida doméstica, y al poder y la toma de decisiones». Respecto a la primera parte, la muestra arroja luz sobre cómo durante la época prehispánica la educación de las niñas era rigurosa y moralizante, pues desde pequeñas eran instruidas en el hogar para formarlas como mujeres obedientes, devotas y trabajadoras. Se observa en esta parte de la muestra cómo aprendían a hilar, a tejer, a moler el maíz o a mantener el orden doméstico. Así como hasta qué punto la llegada de la menstruación era fundamental, y cómo el embarazo era algo sagrado y comunitario: para los mexicas, morir dando a luz era equiparable a la muerte de un guerrero en combate, lo que hacía que estas mujeres fallecidas fueran deificadas.. Por su parte, en la sección «Linaje y poder», se presentan ejemplos de figuras femeninas que rompieron con los roles de género establecidos, ejerciendo funciones de liderazgo político o religioso. Se incluyen, apunta Velázquez, «piezas que pocas veces se han visto, que nunca se habían exhibido ni en la Ciudad de México», y que descubren facetas de la mujer indígena. Es el caso de su participación en el «Juego de pelota», una actividad ritual prehispánica que se creía sólo reservada a los hombres. O el ámbito cortesano: se incluye un panel donde se representa a «La del rostro resplandeciente», una mujer de élite ricamente ataviada, representada a través de piedra caliza y que fue hallada durante una excavación orquestada por la Universidad Complutense de Madrid, apunta la Doctora. «Descubrimos que las mujeres, a lo largo de la historia, siempre hemos sido multitarea», resume.
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