La cara de Belén Esteban se ilumina cuando ve a la prensa del corazón esperando su llegada en el aeropuerto. La Patrona, que antes fue La Princesa del Pueblo, vuelve a interesar a los reporteros del corazón. Y ella no puede disimularlo: transmite la ilusión del encuentro con los micrófonos, los focos y los cuchicheos ajenos. Se nota que los ha echado de menos. Los periodistas asfálticos ya no incordian como antes. Ya no hay que huir de ellos con mala mueca. Ahora, son una señal de que sigues interesando. Aunque no se traduzca en audiencias televisivas masivas.. El regreso a la palestra de Belén Esteban ha sido gracias a los dardos que la ha enviado Juls, Julia Janeiro, que se está dejando querer con los medios de comunicación. Como Belén, se para con los reporteros y conversa con ellos en modo espontánea amiga. Dice que no ve la tele, pero le encanta la cámara. Va al gimnasio lista para ser grabada y lanzar pullas que se ha percatado que propulsan su nueva fama. Su inteligencia está en que habla de la sonrisa y no se toma demasiado en serio. Ahí la hija de Jesulín y María José Campanario adelanta a Belén en este ring de apariciones callejeras que beneficia a las dos, pero en la que ella es la savia nueva.. Belén mantiene la capacidad de crear un lenguaje propio. Juls la redujo a “meme” como forma de insulto, pero sus memes han atesorado cierta filosofía de supervivencia costumbrista que han hecho a Esteban más identificable desde el «Andrea, cómete el pollo». Ese reflejo de los barrios ha sido su valor para mantenerse tantos años en televisión. De hecho, cuando se plantea una serie sobre Belén Esteban se piensa en un culebrón desde Ambiciones hasta Sálvame. Cuando, en realidad, esa ficción se debería parecer más Paquita Salas: la chica que no termina de percatarse que el mundo que conoció ha cambiado.. Belén ha vivido la fama de una prensa rosa que, en la actualidad, brota desde unas redes sociales que van cambiando la manera con la que dialogamos con los famosos. Ya no necesitamos intermediarios para especular con vidas ajenas, hoy somos nosotros mismos los que asistimos a sus quehaceres diarios desde su teléfono móvil.. Este cambio de paradigma ha dejado noqueados a la tele y los famosos de antaño, intentando crear cebos como antes. Y, mientras tanto, la gente se marcha a una plataforma o una aplicación a buscar un contenido concreto. No hay tiempo que perder con todo lo que debemos ver. Hasta las declaraciones de Juls y Belén nos saltan en las redes sociales bien resumidas.. Ya nos sabemos los trucos de la vieja televisión. Nosotros y Belén Esteban. Juls, no. Juls utiliza la tele de siempre para sumar más followers, que es la fama que interesa a su generación: “Gracias a todos vosotros (la prensa) me esta escribiendo mucha gente pidiendo rutinas de entrenamiento”, reconoce a los propios reporteros. No necesita sentarse en un plató a sufrir preguntas incómodas. Solo está coqueteando con las ventajas de la popularidad. Y está dispuesta a aprovecharla para ser una rentable influencer. Al menos, hasta que la gracia de que sientes que el mundo te hace caso mute en la molestia de que nadie te deje en paz.
La tele ya no es la única forma de fama masiva.
20MINUTOS.ES – Televisión
La cara de Belén Esteban se ilumina cuando ve a la prensa del corazón esperando su llegada en el aeropuerto. La Patrona, que antes fue La Princesa del Pueblo, vuelve a interesar a los reporteros del corazón. Y ella no puede disimularlo: transmite la ilusión del encuentro con los micrófonos, los focos y los cuchicheos ajenos. Se nota que los ha echado de menos. Los periodistas asfálticos ya no incordian como antes. Ya no hay que huir de ellos con mala mueca. Ahora, son una señal de que sigues interesando. Aunque no se traduzca en audiencias televisivas masivas.. El regreso a la palestra de Belén Esteban ha sido gracias a los dardos que la ha enviado Juls, Julia Janeiro, que se está dejando querer con los medios de comunicación. Como Belén, se para con los reporteros y conversa con ellos en modo espontánea amiga. Dice que no ve la tele, pero le encanta la cámara. Va al gimnasio lista para ser grabada y lanzar pullas que se ha percatado que propulsan su nueva fama. Su inteligencia está en que habla de la sonrisa y no se toma demasiado en serio. Ahí la hija de Jesulín y María José Campanario adelanta a Belén en este ring de apariciones callejeras que beneficia a las dos, pero en la que ella es la savia nueva.. Belén mantiene la capacidad de crear un lenguaje propio. Juls la redujo a “meme” como forma de insulto, pero sus memes han atesorado cierta filosofía de supervivencia costumbrista que han hecho a Esteban más identificable desde el «Andrea, cómete el pollo». Ese reflejo de los barrios ha sido su valor para mantenerse tantos años en televisión. De hecho, cuando se plantea una serie sobre Belén Esteban se piensa en un culebrón desde Ambiciones hasta Sálvame. Cuando, en realidad, esa ficción se debería parecer más Paquita Salas: la chica que no termina de percatarse que el mundo que conoció ha cambiado.. Belén ha vivido la fama de una prensa rosa que, en la actualidad, brota desde unas redes sociales que van cambiando la manera con la que dialogamos con los famosos. Ya no necesitamos intermediarios para especular con vidas ajenas, hoy somos nosotros mismos los que asistimos a sus quehaceres diarios desde su teléfono móvil.. Este cambio de paradigma ha dejado noqueados a la tele y los famosos de antaño, intentando crear cebos como antes. Y, mientras tanto, la gente se marcha a una plataforma o una aplicación a buscar un contenido concreto. No hay tiempo que perder con todo lo que debemos ver. Hasta las declaraciones de Juls y Belén nos saltan en las redes sociales bien resumidas.. Ya nos sabemos los trucos de la vieja televisión. Nosotros y Belén Esteban. Juls, no.Juls utiliza la tele de siempre para sumar más followers, que es la fama que interesa a su generación: “Gracias a todos vosotros (la prensa) me esta escribiendo mucha gente pidiendo rutinas de entrenamiento”, reconoce a los propios reporteros. No necesita sentarse en un plató a sufrir preguntas incómodas. Solo está coqueteando con las ventajas de la popularidad. Y está dispuesta a aprovecharla para ser una rentable influencer. Al menos, hasta que la gracia de que sientes que el mundo te hace caso mute en la molestia de que nadie te deje en paz.
