Existen días de verano en los que Galicia parece contener varios climas dentro de una única frontera. El pasado 18 de agosto pudo ser uno de ellos. Esa jornada, en Ourense, el termómetro escaló hasta alcanzar los 42,1 grados a las 17.50 horas. Era una de esas fechas en las que la sombra apenas proporciona alivio y el calor condiciona cualquier actividad. A poco más de 150 kilómetros, junto al Cantábrico, la situación era radicalmente diferente. En Burela, la máxima de todo el día fue de 23,1 grados.. Entre ambas localidades hubo 19 grados de diferencia. El dato resume como pocos los enormes contrastes climáticos que pueden darse en Galicia y convierte a esta pequeña localidad de A Mariña lucense en uno de los grandes refugios frente al calor del verano. Porque lo ocurrido aquel martes no fue una excepción.. Los registros de la última semana muestran que Burela no alcanzó los 25 grados ni una sola vez entre el 14 y el 20 de agosto, precisamente durante unos días en los que el interior gallego soportó temperaturas extremas.. El 14 de agosto la máxima fue de 23,2 grados. Al día siguiente bajó hasta 21,5 y el 16 se quedó en 21,9. El día 17 apenas llegó a 22,1 grados y el 18 alcanzó los 23,1. La temperatura más elevada de toda la semana se produjo el miércoles 19, con 24,6 grados, antes de volver a descender hasta los 22,6 el jueves 20.. Hasta 19 grados de diferencia con Ourense. La comparación con Ourense muestra la magnitud de la diferencia. Mientras Burela encadenaba máximas propias de un verano especialmente suave, la ciudad de As Burgas superó los 35 grados durante seis jornadas consecutivas.. El día 14 llegó a 35,5 grados frente a los 23,2 de Burela. El 15 fueron 35,9 frente a 21,5. Un día después, Ourense alcanzaba 38,7 grados mientras la localidad lucense se quedaba en 21,9. La distancia siguió aumentando. El 17 de agosto se registraron 39,4 grados en Ourense y solo 22,1 en Burela: 17,3 grados de diferencia.. Pero el mayor contraste llegó el día 18. Los 42,1 grados registrados en Ourense prácticamente duplicaron, en términos de distancia respecto a los cero grados, los 23,1 de máxima de Burela. La brecha alcanzó esos llamativos 19 grados en una misma comunidad y en una misma jornada.. Incluso el día 19, cuando Burela registró su máxima semanal, con 24,6 grados, Ourense volvió a alcanzar los 35,3. Solo el día 20 se redujeron drásticamente las diferencias, con 24,6 grados en Ourense y 22,6 en Burela.. El Cantábrico, un enorme regulador térmico. Detrás de este contraste está la geografía. Burela se encuentra en plena costa cantábrica, en A Mariña lucense, y la influencia directa del mar actúa como moderadora de las temperaturas estivales.. El agua tiene una mayor inercia térmica que la superficie terrestre: tarda más en calentarse y también más en enfriarse. Durante el verano, esa característica contribuye a contener las temperaturas en las áreas costeras, mientras que el interior, alejado de la influencia marítima, puede calentarse mucho más rápidamente.. Es una de las razones por las que Galicia puede pasar en poco más de dos horas de coche de temperaturas superiores a los 40 grados a máximas que apenas rebasan los 20.. Burela vive literalmente mirando al Cantábrico. El municipio ocupa solo 7,78 kilómetros cuadrados y se convirtió en ayuntamiento independiente en diciembre de 1994, tras segregarse de Cervo. Su relación con el mar, sin embargo, viene de mucho más atrás y determina buena parte de su economía, su paisaje y su identidad.. Un paraíso en el que refugiarse del calor. La temperatura añade así un argumento más a la oferta turística de una localidad estrechamente ligada a la pesca y especialmente al bonito del norte y a la merluza del pincho.. Su puerto es uno de los grandes protagonistas de la villa y permite acercarse a la actividad pesquera, contemplar las embarcaciones o conocer el trabajo artesanal de las rederas. Allí permanece también amarrado el Virxen do Carmen, un antiguo bonitero tradicional reconvertido en barco museo.. El mar vuelve a acompañar al visitante en un paseo marítimo que conecta diferentes arenales, desde las playas urbanas de Portelo y O Cantiño hasta A Marosa. A ellos se suman enclaves como el mirador de Monte Castelo y un calendario festivo en el que sobresale la Festa do Bonito, celebrada desde 1983 y declarada de Interés Turístico Nacional.. Pero durante los episodios más extremos del verano hay otro atractivo difícil de encontrar en los folletos turísticos: poder pasar agosto sin mirar con miedo al termómetro.
No superó los 24,6 ºC entre el 14 y el 20 de agosto y llegó a registrar 19 grados menos que la ciudad de Ourense en plena ola de calor
Existen días de verano en los que Galicia parece contener varios climas dentro de una única frontera. El pasado 18 de agosto pudo ser uno de ellos. Esa jornada, en Ourense, el termómetro escaló hasta alcanzar los 42,1 grados a las 17.50 horas. Era una de esas fechas en las que la sombra apenas proporciona alivio y el calor condiciona cualquier actividad. A poco más de 150 kilómetros, junto al Cantábrico, la situación era radicalmente diferente. En Burela, la máxima de todo el día fue de 23,1 grados.. Entre ambas localidades hubo 19 grados de diferencia. El dato resume como pocos los enormes contrastes climáticos que pueden darse en Galicia y convierte a esta pequeña localidad de A Mariña lucense en uno de los grandes refugios frente al calor del verano. Porque lo ocurrido aquel martes no fue una excepción.. Los registros de la última semana muestran que Burela no alcanzó los 25 grados ni una sola vez entre el 14 y el 20 de agosto, precisamente durante unos días en los que el interior gallego soportó temperaturas extremas.. El 14 de agosto la máxima fue de 23,2 grados. Al día siguiente bajó hasta 21,5 y el 16 se quedó en 21,9. El día 17 apenas llegó a 22,1 grados y el 18 alcanzó los 23,1. La temperatura más elevada de toda la semana se produjo el miércoles 19, con 24,6 grados, antes de volver a descender hasta los 22,6 el jueves 20.. Hasta 19 grados de diferencia con Ourense. La comparación con Ourense muestra la magnitud de la diferencia. Mientras Burela encadenaba máximas propias de un verano especialmente suave, la ciudad de As Burgas superó los 35 grados durante seis jornadas consecutivas.. El día 14 llegó a 35,5 grados frente a los 23,2 de Burela. El 15 fueron 35,9 frente a 21,5. Un día después, Ourense alcanzaba 38,7 grados mientras la localidad lucense se quedaba en 21,9. La distancia siguió aumentando. El 17 de agosto se registraron 39,4 grados en Ourense y solo 22,1 en Burela: 17,3 grados de diferencia.. Pero el mayor contraste llegó el día 18. Los 42,1 grados registrados en Ourense prácticamente duplicaron, en términos de distancia respecto a los cero grados, los 23,1 de máxima de Burela. La brecha alcanzó esos llamativos 19 grados en una misma comunidad y en una misma jornada.. Incluso el día 19, cuando Burela registró su máxima semanal, con 24,6 grados, Ourense volvió a alcanzar los 35,3. Solo el día 20 se redujeron drásticamente las diferencias, con 24,6 grados en Ourense y 22,6 en Burela.. El Cantábrico, un enorme regulador térmico. Detrás de este contraste está la geografía. Burela se encuentra en plena costa cantábrica, en A Mariña lucense, y la influencia directa del mar actúa como moderadora de las temperaturas estivales.. El agua tiene una mayor inercia térmica que la superficie terrestre: tarda más en calentarse y también más en enfriarse. Durante el verano, esa característica contribuye a contener las temperaturas en las áreas costeras, mientras que el interior, alejado de la influencia marítima, puede calentarse mucho más rápidamente.. Es una de las razones por las que Galicia puede pasar en poco más de dos horas de coche de temperaturas superiores a los 40 grados a máximas que apenas rebasan los 20.. Burela vive literalmente mirando al Cantábrico. El municipio ocupa solo 7,78 kilómetros cuadrados y se convirtió en ayuntamiento independiente en diciembre de 1994, tras segregarse de Cervo. Su relación con el mar, sin embargo, viene de mucho más atrás y determina buena parte de su economía, su paisaje y su identidad.. Un paraíso en el que refugiarse del calor. La temperatura añade así un argumento más a la oferta turística de una localidad estrechamente ligada a la pesca y especialmente al bonito del norte y a la merluza del pincho.. Su puerto es uno de los grandes protagonistas de la villa y permite acercarse a la actividad pesquera, contemplar las embarcaciones o conocer el trabajo artesanal de las rederas. Allí permanece también amarrado el Virxen do Carmen, un antiguo bonitero tradicional reconvertido en barco museo.. El mar vuelve a acompañar al visitante en un paseo marítimo que conecta diferentes arenales, desde las playas urbanas de Portelo y O Cantiño hasta A Marosa. A ellos se suman enclaves como el mirador de Monte Castelo y un calendario festivo en el que sobresale la Festa do Bonito, celebrada desde 1983 y declarada de Interés Turístico Nacional.. Pero durante los episodios más extremos del verano hay otro atractivo difícil de encontrar en los folletos turísticos: poder pasar agosto sin mirar con miedo al termómetro.
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