No es el momento de las divisiones ni las rencillas, sino el de la solidaridad y la unidad de las administraciones ante la gravedad de unos incendios que en Ávila, Toledo y Madrid ya han arrasado con al menos 15.000 hectáreas, han obligado a evacuar una decena de municipios y dejan unas 60.000 personas afectadas entre desalojados y confinados. España ha sufrido en lo que va de año 29 grandes incendios, una cifra que multiplica por tres la media de la última década, y las sucesivas olas de calor, aceleradas por el calentamiento global, amenazan con convertir estas catástrofes en una nueva normalidad de impredecibles consecuencias. No existe ahora otra prioridad que asistir con la máxima celeridad a los afectados y salvar las vidas amenazadas por el fuego descontrolado y devastador. Seguir leyendo
La respuesta urgente es controlar los incendios y asistir a los afectados, pero después resulta crucial modernizar los métodos de prevención y extinción
editorialEs responsabilidad del director, y expresa la opinión del diario sobre asuntos de actualidad nacional o internacionalLa respuesta urgente es controlar los incendios y asistir a los afectados, pero después resulta crucial modernizar los métodos de prevención y extinción El audio de esta noticia utiliza una voz sintética generada por Inteligencia Artificial y podría tener algunas inconsistencias.La humareda causada por el incendio forestal en Cenicientos (Madrid) rodea la bandera de España, este viernes. Daniel Gonzalez (EFE)No es el momento de las divisiones ni las rencillas, sino el de la solidaridad y la unidad de las administraciones ante la gravedad de unos incendios que en Ávila, Toledo y Madrid ya han arrasado con al menos 15.000 hectáreas, han obligado a evacuar una decena de municipios y dejan unas 60.000 personas afectadas entre desalojados y confinados. España ha sufrido en lo que va de año 29 grandes incendios, una cifra que multiplica por tres la media de la última década, y las sucesivas olas de calor, aceleradas por el calentamiento global, amenazan con convertir estas catástrofes en una nueva normalidad de impredecibles consecuencias. No existe ahora otra prioridad que asistir con la máxima celeridad a los afectados y salvar las vidas amenazadas por el fuego descontrolado y devastador. La naturaleza de estos incendios los hace distintos a otros sufridos este verano en España, porque al abarcar distintas comunidades obliga a una colaboración más estrecha entre las administraciones. En este contexto no existe otra opción que coordinarse, como se hizo en las primeras horas para desalojar a los vecinos afectados, dar cobijo a los evacuados y a los más vulnerables, perimetrar el fuego y empeñarse en su extinción. El envío de refuerzos de otros países europeos por medio del mecanismo de protección civil de la UE y el despliegue de un millar de militares forma parte de esa escala de prioridades, así como la declaración de emergencia nacional que ha decretado el Gobierno, en respuesta a la petición de la Comunidad de Madrid. Todas estas medidas están justificadas ante una situación que desborda los territorios y los encuadres administrativos, y que exige la mayor cooperación y esfuerzo cuando hay fuegos sin control y tantos ciudadanos en la incertidumbre sobre si podrán regresar a sus casas. El drama es que estos incendios se han vuelto cada vez más frecuentes, extensos y difíciles de extinguir, y cada año con más antelación, porque se alcanzan antes las temperaturas de récord. En España han ardido en 2026 114.796 hectáreas, que incluyen las 7.000 que se quemaron el 9 de julio en Los Gallardos (Almería), donde murieron 13 personas, uno de los incendios más letales de la historia de este país. La catástrofe afecta al centro de la península y se acerca a la capital, Madrid, pero sus dimensiones son europeas. En Francia, permanecían activos este viernes tres grandes incendios: dos en la c
Opinión en EL PAÍS
