A poco más de una hora al norte de Manhattan, y desde hace casi 50 años, la compañía de teatro Hudson Valley Shakespeare representaba obras del dramaturgo inglés, y algunas de autores contemporáneos, en un teatro temporal con vistas al río Hudson. Seguir leyendo
En el estado de Nueva York, en el valle del río Hudson, el Scripps Theatre es un espacio abierto y cerrado capaz de hablar a la vez de representación y paisaje
A poco más de una hora al norte de Manhattan, y desde hace casi 50 años, la compañía de teatro Hudson Valley Shakespeare representaba obras del dramaturgo inglés, y algunas de autores contemporáneos, en un teatro temporal con vistas al río Hudson.
Hasta ahora lo había hecho en un espacio efímero aunque longevo. Y desde ese marco que combinaba la fuerza del paisaje y la fragilidad de la arquitectura alcanzó gran notoriedad al fundar el festival de verano que lleva su propio nombre. Durante estas décadas, la actuación y el paisaje han marcado el carácter de las obras representadas. Pero este verano, la compañía, muy arraigada en el lugar y en la comunidad, estrena escenario en el vecino Garrison. Y teatro: un edificio sostenible, en medio del paisaje que firman los arquitectos de Chicago Studio Gang.
Ocurrió que una persona, asidua entre el público, se empeñó en hacer crecer la iniciativa. Esa mujer, Wendy Scripps, donó 98 acres de terreno para honrar la memoria de su padre, gran aficionado al festival. Samuel H. Scripps da hoy nombre al teatro que, sin embargo, ha tratado de perpetuar los valores de la antigua instalación tempoal.
Los paisajistas del estudio Nelson Byrd Woltz diseñaron el nuevo campus con una idea integradora: replantando parte del terreno para fortalecer la biodiversidad y dibujando senderos en la topografía para llegar al teatro solo después de conocer el lugar. Así, antes de sentarse a ver la representación, el público ha paseado por los acantilados de Wind Gate o ha podido sentarse junto al río en una zona de descanso y picnic.

Fue con esa donación de terreno por parte de la hija de Samuel H. Scripps cuando, en 2022, el festival decidió mudarse al nuevo campus de Garrison (también en Nueva York) para planificar la continuidad de esa cita cultural con un nuevo escenario. Los arquitectos responsables de cuajar esa idea multiplicaron el proyecto mejorando las circulaciones, ampliando las posibilidades técnicas de la programación, dotando de mayor comodidad a las instalaciones, pero manteniendo la esencia de la apariencia temporal y procurando no interferir excesivamente en el paisaje. ¿Cómo lo han hecho? Básicamente, haciéndose notar poco y empleando materiales naturales. Así, con estructura de madera maciza, laminada y encolada, el edificio del nuevo teatro tiene forma de concha. Se extiende como una capa más de terreno, pero está asentado y busca integrarse en el paisaje circundante. No es esta la primera ocasión en la que el Studio Gang trabaja con estructuras de madera. En Cambridge, Massachusetts, ya firmaron la David Rubenstein Treehouse, el primer edificio de madera maciza proyectado como parte del campus de la Universidad de Harvard.
En esta ocasión, el escenario y el proscenio enmarcan vistas sobre Hudson Highlands, es decir ofrecen un fondo cambiante. El edificio, equipado con un auditiorio de 451 butacas, proporciona además de gradas y escenario espacios para los ensayos, almacenes, oficinas, camerinos y un departamento de educación. Todo, alrededor de la concha. Además, hoy el edificio es completamente accesible.

Así, en medio del paisaje, el teatro está aislado pero conectado. El uso de madera para la estructura, de paneles solares en la cubierta y de un sistema de recuperación del agua de lluvia es tan importante como lo que menos se ve: la recuperación de arbustos y hierbas naturales del lugar. Por eso, este es un teatro con certificación LEED platino de cuidado medioambiental. Para 2040 centro aspira ser un edificio pasivo —capaz de funcionar sin consumo energético que no sea capaz de almacenar por sí mismo—. De conseguirlo, sería el primer teatro norteamericano en lograr ese certificado.
Desde Studio Gang hablan de un proyecto conjunto. Está, en primer lugar, la comunidad, el origen de todo y una iniciativa —el festival de verano— clave para la economía local y los socios regionales. También los ingenieros de estructuras de Thornton Tomasetti y los responsables de la acústica de Threshold Acoustics, así como los veladores de la iluminación de Tillotson Design Associates. “Todos han aportado al diseño”, explica Jeanne Gang. El proyecto parece sencillo, pero es complejo: hay ingenieros geotérmicos y la marca de un filántropo, Samuel H. Scripps, “un amante de Shakespeare”.

De ahí que Jeanne Gang, la autora del Museo de Historia Natural de Manhattan o de la Embajada de Estados Unidos en Brasilia, hable de juntar gente y de conectar a las personas con la naturaleza. El nuevo teatro hace eso, pero reforzándolo desde la tecnología punta. “La estructura curva de madera maciza armoniza con el entorno, arraiga el nuevo edificio sin encerrarlo y apunta a un futuro más sostenible para el teatro”.
Un teatro ligero pero arraigado ha sido precisamente la idea en la que ha trabajado el paisajista Thomas Woltz, de Nelson Byrd Woldz Landscape Architects, para que este icono de la programación cultural veraniega pueda por fin ver qué sucede con el lugar y la programación cuando se consiguen más medios. El estado de Nueva York financió el proyecto con casi 20 millones de euros, tres y medio de los cuales provienen de la agencia de protección medioambiental. El mensaje es de unión: se puede disfrutar del teatro y de la naturaleza a la vez. Cuidar el paisaje es cultura.
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