Si fuera una película, sin duda, se llamaría El club de los cinco, por aquel clásico de los 1980 en el que cinco adolescentes el atleta, el cerebrito, el abusón, la niña mimada y la rarita se unían contra un enemigo común. Sin etiquetar a ninguno, el club de los cinco también podrían ser Estados Unidos, Rusia, China, Reino Unido o Francia. Durante décadas, los submarinos más sofisticados parecían reservados para este pequeño grupo de potencias militares. Construir uno de estos gigantes silenciosos exigía décadas de experiencia industrial, tecnologías extremadamente sensibles y un nivel de ingeniería que muy pocos países podían alcanzar. Pero ese mapa está empezando a cambiar. Indonesia ha iniciado la construcción de dos Scorpène Evolved, submarinos de última generación que no solo reforzarán su armada, sino que además serán fabricados en el propio país mediante un amplio programa de transferencia tecnológica con la empresa francesa Naval Group. Más que la compra de dos buques, el acuerdo supone un paso hacia la independencia industrial de una nación que aspira a convertirse en una potencia naval del Indo-Pacífico. La decisión puede sorprender si se observa únicamente el nombre del país. Sin embargo, Indonesia posee la cuarta población más numerosa del planeta y está formada por más de 17.000 islas, un territorio donde controlar el mar no es una opción, sino una necesidad estratégica. En el mundo submarino existe una máxima sencilla: el mejor submarino es aquel cuya presencia nadie detecta. Los nuevos Scorpène Evolved han sido diseñados precisamente con esa idea. Incorporan baterías de ion-litio que sustituyen parcialmente a las tradicionales de plomo-ácido. La diferencia parece un detalle técnico, pero cambia profundamente sus capacidades. Las nuevas baterías almacenan más energía, se recargan con mayor rapidez y permiten navegar durante más tiempo completamente sumergidos sin necesidad de sacar el esnórquel para alimentar los motores diésel. Cada vez que un submarino emerge o utiliza ese sistema de ventilación aumenta el riesgo de ser localizado por radares, sensores infrarrojos o vigilancia aérea. El Scorpène Evolved puede superar los 20 nudos bajo el agua, operar a profundidades superiores a 300 metros, permanecer más de 78 días en misión y transportar hasta 18 armas, entre torpedos y misiles, lanzados desde seis tubos de lanzamiento. Todo ello gestionado por el sistema de combate SUBTICS, desarrollado específicamente para operaciones tanto en aguas oceánicas como en mares poco profundos. Sin embargo, el aspecto más importante del programa quizá no tenga que ver con las prestaciones del submarino. Los dos primeros Scorpène serán construidos en los astilleros de PT PAL, en Surabaya, con ingenieros indonesios que recibirán formación directa de Naval Group. El acuerdo contempla una amplia transferencia de conocimientos que permitirá al país fabricar, mantener y modernizar sus
Francia capacitará al país para construir las mismas naves que vendió a Marruecos en el pasado.
Si fuera una película, sin duda, se llamaría El club de los cinco, por aquel clásico de los 1980 en el que cinco adolescentes el atleta, el cerebrito, el abusón, la niña mimada y la rarita se unían contra un enemigo común. Sin etiquetar a ninguno, el club de los cinco también podrían ser Estados Unidos, Rusia, China, Reino Unido o Francia. Durante décadas, los submarinos más sofisticados parecían reservados para este pequeño grupo de potencias militares. Construir uno de estos gigantes silenciosos exigía décadas de experiencia industrial, tecnologías extremadamente sensibles y un nivel de ingeniería que muy pocos países podían alcanzar. Pero ese mapa está empezando a cambiar. Indonesia ha iniciado la construcción de dos Scorpène Evolved, submarinos de última generación que no solo reforzarán su armada, sino que además serán fabricados en el propio país mediante un amplio programa de transferencia tecnológica con la empresa francesa Naval Group. Más que la compra de dos buques, el acuerdo supone un paso hacia la independencia industrial de una nación que aspira a convertirse en una potencia naval del Indo-Pacífico. La decisión puede sorprender si se observa únicamente el nombre del país. Sin embargo, Indonesia posee la cuarta población más numerosa del planeta y está formada por más de 17.000 islas, un territorio donde controlar el mar no es una opción, sino una necesidad estratégica. En el mundo submarino existe una máxima sencilla: el mejor submarino es aquel cuya presencia nadie detecta. Los nuevos Scorpène Evolved han sido diseñados precisamente con esa idea. Incorporan baterías de ion-litio que sustituyen parcialmente a las tradicionales de plomo-ácido. La diferencia parece un detalle técnico, pero cambia profundamente sus capacidades.Las nuevas baterías almacenan más energía, se recargan con mayor rapidez y permiten navegar durante más tiempo completamente sumergidos sin necesidad de sacar el esnórquel para alimentar los motores diésel. Cada vez que un submarino emerge o utiliza ese sistema de ventilación aumenta el riesgo de ser localizado por radares, sensores infrarrojos o vigilancia aérea. El Scorpène Evolved puede superar los 20 nudos bajo el agua, operar a profundidades superiores a 300 metros, permanecer más de 78 días en misión y transportar hasta 18 armas, entre torpedos y misiles, lanzados desde seis tubos de lanzamiento. Todo ello gestionado por el sistema de combate SUBTICS, desarrollado específicamente para operaciones tanto en aguas oceánicas como en mares poco profundos. Sin embargo, el aspecto más importante del programa quizá no tenga que ver con las prestaciones del submarino. Los dos primeros Scorpène serán construidos en los astilleros de PT PAL, en Surabaya, con ingenieros indonesios que recibirán formación directa de Naval Group. El acuerdo contempla una amplia transferencia de conocimientos que permitirá al país fabricar, mantener y modernizar sus pro
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