Cuando pensamos en probióticos, la mayoría imaginamos yogures y digestiones pesadas. Un suplemento para cuando el estómago no va bien. Algo que tomar después de los antibióticos. En los últimos años, la investigación sobre microbiota — el ecosistema de billones de microorganismos que habita en nuestro intestino — ha dado un giro que pocos esperaban. Lo que empezó como una conversación digestiva se ha convertido en una de las áreas más activas de la ciencia biomédica. Y los probióticos, las bacterias vivas que modulan ese ecosistema, están en el centro. Esto es lo que sabemos hoy. Cuando decimos que tenemos el estómago encogido por los nervios, no estamos siendo poéticos. Estamos describiendo una fisiología real. El intestino alberga más de 200 millones de neuronas — más que la médula espinal. Produce el 90% de la serotonina del cuerpo y el 50% de la dopamina. No es un órgano digestivo con algunas funciones nerviosas. Es un sistema neuroendocrino completo con línea directa al cerebro. La evidencia clínica empieza a confirmar que determinadas cepas probióticas pueden actuar sobre ese eje. Un estudio randomizado, doble ciego y controlado con placebo realizado sobre 103 adultos con estrés documentado mostró que la suplementación diaria con Lactiplantibacillus plantarum P8 durante 12 semanas redujo de forma estadísticamente significativa los scores de estrés y ansiedad evaluados con la escala DASS-42 — desde la semana 4 de tratamiento. Los efectos se mantuvieron hasta la semana 12, frente al grupo placebo que no mostró cambios. Además, el análisis metagenómico de la microbiota de los sujetos que tomaron P8 mostró cambios correlacionados con mejoras en las vías neuroactivas del eje intestino-cerebro: aumento de Bifidobacterium y Faecalibacterium prausnitzii, bacterias asociadas al bienestar mental, y mayor producción de SCFAs, vitamina K2 y GABA — metabolitos clave en la regulación emocional. Este tipo de probióticos — los que actúan específicamente sobre el eje intestino-cerebro — ya tienen nombre propio en la literatura científica: psicobióticos. Y representan una de las líneas de investigación más prometedoras de la última década. Otro número que sorprende siempre: el 80% del sistema inmune reside en la mucosa intestinal. Lo que significa que el estado de la microbiota no es irrelevante para cómo el cuerpo responde a infecciones, inflamación y agresiones externas. La combinación probiótica Synbio — formada por Lactobacillus rhamnosus IMC 501 y Lactobacillus paracasei IMC 502, dos cepas aisladas del intestino de personas mayores sanas — cuenta con más de 30 publicaciones científicas y 7 estudios clínicos. En un estudio doble ciego con 153 adultos durante 12 semanas, Synbio se asoció a una mejora significativa en la inmunidad de la mucosa intestinal — medida por niveles de IgA secretora — y a una reducción de síntomas de infecciones respiratorias como tos, congestión y c
Farmacéutico y fundador de Andala
Cuando pensamos en probióticos, la mayoría imaginamos yogures y digestiones pesadas. Un suplemento para cuando el estómago no va bien. Algo que tomar después de los antibióticos.En los últimos años, la investigación sobre microbiota — el ecosistema de billones de microorganismos que habita en nuestro intestino — ha dado un giro que pocos esperaban. Lo que empezó como una conversación digestiva se ha convertido en una de las áreas más activas de la ciencia biomédica. Y los probióticos, las bacterias vivas que modulan ese ecosistema, están en el centro. Esto es lo que sabemos hoy.Cuando decimos que tenemos el estómago encogido por los nervios, no estamos siendo poéticos. Estamos describiendo una fisiología real.El intestino alberga más de 200 millones de neuronas — más que la médula espinal. Produce el 90% de la serotonina del cuerpo y el 50% de la dopamina. No es un órgano digestivo con algunas funciones nerviosas. Es un sistema neuroendocrino completo con línea directa al cerebro.La evidencia clínica empieza a confirmar que determinadas cepas probióticas pueden actuar sobre ese eje. Un estudio randomizado, doble ciego y controlado con placebo realizado sobre 103 adultos con estrés documentado mostró que la suplementación diaria con Lactiplantibacillus plantarum P8® durante 12 semanas redujo de forma estadísticamente significativa los scores de estrés y ansiedad evaluados con la escala DASS-42 — desde la semana 4 de tratamiento. Los efectos se mantuvieron hasta la semana 12, frente al grupo placebo que no mostró cambios. Además, el análisis metagenómico de la microbiota de los sujetos que tomaron P8® mostró cambios correlacionados con mejoras en las vías neuroactivas del eje intestino-cerebro: aumento de Bifidobacterium y Faecalibacterium prausnitzii, bacterias asociadas al bienestar mental, y mayor producción de SCFAs, vitamina K2 y GABA — metabolitos clave en la regulación emocional.Este tipo de probióticos — los que actúan específicamente sobre el eje intestino-cerebro — ya tienen nombre propio en la literatura científica: psicobióticos. Y representan una de las líneas de investigación más prometedoras de la última década.Otro número que sorprende siempre: el 80% del sistema inmune reside en la mucosa intestinal. Lo que significa que el estado de la microbiota no es irrelevante para cómo el cuerpo responde a infecciones, inflamación y agresiones externas.La combinación probiótica Synbio® — formada por Lactobacillus rhamnosus IMC 501® y Lactobacillus paracasei IMC 502®, dos cepas aisladas del intestino de personas mayores sanas — cuenta con más de 30 publicaciones científicas y 7 estudios clínicos. En un estudio doble ciego con 153 adultos durante 12 semanas, Synbio® se asoció a una mejora significativa en la inmunidad de la mucosa intestinal — medida por niveles de IgA secretora — y a una reducción de síntomas de infecciones respiratorias como tos, congestió
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