A Donald Trump le gusta hacer historia, pero sobre todo le encanta demostrar que las reglas tradicionales no van con él, porque tiene las suyas propias. Su última apuesta ha sido anunciar una convención republicana extraordinaria, ¨la primera de la historia¨, ha asegurado, de cara a las elecciones legislativas que se celebrarán el próximo noviembre. Este tipo de eventos son más propios de unas elecciones presidenciales, pero la decisión del republicano da una idea de hasta qué punto los próximos comicios son cruciales para Trump. En juego está el control del Congreso, y con él, la posibilidad de gobernar sin demasiados obstáculos durante la recta final de su mandato.El encuentro ha sido convocado para los días 9 y 10 de septiembre en Dallas y se augura interesante. Trump ha prometido que será un evento ¨histórico¨ y con ¨gran entretenimiento¨, diseñado para celebrar lo que llama el renacer de EE UU.La apuesta es el último esfuerzo por conseguir una victoria que los republicanos no tienen asegurada. Llegan a noviembre con mayorías estrechas en la Cámara de Representantes y el Senado, y si los demócratas recuperan alguna de las dos cámaras podrían bloquear buena parte de la agenda de Trump, frenar sus reformas e impulsar investigaciones contra su Administración.Fiel a su estilo, Trump no quiere dejar nada al azar. Sin su nombre en la papeleta, el desafío del Partido Republicano será lograr que los votantes vayan a las urnas con la misma intensidad con la que votarían en unas elecciones presidenciales. Por eso esta convención es mucho más que un mitin, es una demostración de fuerza y unión, y una forma de convertir las legislativas en un referéndum sobre sus dos primeros años de mandato, que Trump presenta como todo un éxito, así como sobre el rumbo que quiere imponer al país en los próximos 24 meses.
A Donald Trump le gusta hacer historia, pero sobre todo le encanta demostrar que las reglas tradicionales no van con él, porque tiene las suyas propias. Su última apuesta ha sido anunciar una convención republicana extraordinaria, la primera de la historia, ha asegurado, de cara a las elecciones legislativas que se celebrarán el próximo noviembre. Este tipo de eventos son más propios de unas elecciones presidenciales, pero la decisión del republicano da una idea de hasta qué punto los próximos comicios son cruciales para Trump. En juego está el control del Congreso, y con él, la posibilidad de gobernar sin demasiados obstáculos durante la recta final de su mandato. El encuentro ha sido convocado para los días 9 y 10 de septiembre en Dallas y se augura interesante. Trump ha prometido que será un evento histórico y con gran entretenimiento, diseñado para celebrar lo que llama el renacer de EE UU. La apuesta es el último esfuerzo por conseguir una victoria que los republicanos no tienen asegurada. Llegan a noviembre con mayorías estrechas en la Cámara de Representantes y el Senado, y si los demócratas recuperan alguna de las dos cámaras podrían bloquear buena parte de la agenda de Trump, frenar sus reformas e impulsar investigaciones contra su Administración. Fiel a su estilo, Trump no quiere dejar nada al azar. Sin su nombre en la papeleta, el desafío del Partido Republicano será lograr que los votantes vayan a las urnas con la misma intensidad con la que votarían en unas elecciones presidenciales. Por eso esta convención es mucho más que un mitin, es una demostración de fuerza y unión, y una forma de convertir las legislativas en un referéndum sobre sus dos primeros años de mandato, que Trump presenta como todo un éxito, así como sobre el rumbo que quiere imponer al país en los próximos 24 meses.
El mandatario pone toda la carne en el asador para llegar a la recta final de su mandato sin demasiados obstáculos
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