Juancho Conejo Torres lleva años subiendo a escenarios de todos los tamaños, como parte de Leiva y parte de Sidecars. Esta vida, casi, de conciertos le ha proporcionado una perspectiva sobre su trabajo que poca gente tiene en la industria de la música.. Ha aprendido de todo, de lo que significan para él los conciertos y de cómo le afectan, y ha desarrollado mucho respeto hacia el público.. En La Tribu con Patricia Navarro, cuenta que sigue teniendo nervios previos al concierto y para él es una buena señal ya que estarían ligados a la responsabilidad y respeto que tiene por el oficio. «Me parece algo muy sano. Sería muy loco subirte a un escenario para 10.000 personas y estar tranquilo, porque significaría que le has perdido un poco el respeto al oficio».. «Cuando termino una gira siempre termino agotado diciendo qué ganas de estar en casa y de parar», explica en el videopódcast. «Las dos primeras semanas están genial, a la tercera semana estoy que me subo por las paredes», refiriéndose al ritmo de las giras y horarios.. La diferencia de ir a un concierto con 10.000 personas y, luego, sacar al perro. «La vida te puede hacer creer que eres más importante de lo que eres, porque subes a un escenario y la gente te grita», cuenta que cuando la gente le pide fotos y le dice que es muy importante en su vida hay que ser muy consciente del momento. «Es muy peligroso creérselo».. Su antídoto es sencillo pero efectivo: «Es muy importante llegar a casa, sacar el perro y normalizar esa diferencia. No creerte la última Coca-Cola del desierto cuando estás en el escenario, ni tampoco la última mierda del mundo cuando estás en casa solo con un bajón emocional de la hostia».. Algo que le ha ayudado es llegar al sitio donde está despacio. «Eso nos ha permitido valorar mucho el esfuerzo y no creer que nos merecíamos nada». Comenta que en ocasiones el ser joven y que llegue la fama de golpe entraña más riesgos porque es más complicado de gestionar. Añade algo que muchos músicos de la industria no se atreven a decir en voz alta: «A todos nos ha tocado pasar por terapia e intentar entenderlo un poco».. «Cuando trajeron a Alta Sociedad nos voló la cabeza a todos». Habla también de sus influencias desde pequeños, algo en lo que sus padres y sus hermanos tuvieron mucho que ver. «Por parte de mi padre, que son eruditos del flamenco estábamos todo el rato escuchando a Camarón, a Lola y Manuel». Por parte de su madre, en su casa sonaba muchos los Beatles.. Luego mi hermano Pablo, que es el mayor de todos y mi hermana, empezaron a traer a Bruce Springsteen, a los Rolling Stones, a los Rodríguez, Andrés Calamaro», recuerda de otros tiempos. «Me acuerdo cuando trajeron Alta Sociedad nos voló la cabeza a todos. Creo que ellos fueron los que continuaron ese legado que empezaron mis padres».. El videopódcast está disponible en el canal de Youtube de La Razón, en el que se puede escuchar y ver la entrevista al completo.
El músico madrileño reflexiona en La Tribu con Patricia Navarro sobre la adicción a los escenarios, la salud mental en la industria y de las influencias musicales que recibió de pequeño
Juancho Conejo Torres lleva años subiendo a escenarios de todos los tamaños, como parte de Leiva y parte de Sidecars. Esta vida, casi, de conciertos le ha proporcionado una perspectiva sobre su trabajo que poca gente tiene en la industria de la música.. Ha aprendido de todo, de lo que significan para él los conciertos y de cómo le afectan, y ha desarrollado mucho respeto hacia el público.. En La Tribu con Patricia Navarro, cuenta que sigue teniendo nervios previos al concierto y para él es una buena señal ya que estarían ligados a la responsabilidad y respeto que tiene por el oficio. «Me parece algo muy sano. Sería muy loco subirte a un escenario para 10.000 personas y estar tranquilo, porque significaría que le has perdido un poco el respeto al oficio».. «Cuando termino una gira siempre termino agotado diciendo qué ganas de estar en casa y de parar», explica en el videopódcast. «Las dos primeras semanas están genial, a la tercera semana estoy que me subo por las paredes», refiriéndose al ritmo de las giras y horarios.. La diferencia de ir a un concierto con 10.000 personas y, luego, sacar al perro. «La vida te puede hacer creer que eres más importante de lo que eres, porque subes a un escenario y la gente te grita», cuenta que cuando la gente le pide fotos y le dice que es muy importante en su vida hay que ser muy consciente del momento. «Es muy peligroso creérselo».. Su antídoto es sencillo pero efectivo: «Es muy importante llegar a casa, sacar el perro y normalizar esa diferencia. No creerte la última Coca-Cola del desierto cuando estás en el escenario, ni tampoco la última mierda del mundo cuando estás en casa solo con un bajón emocional de la hostia».. Algo que le ha ayudado es llegar al sitio donde está despacio. «Eso nos ha permitido valorar mucho el esfuerzo y no creer que nos merecíamos nada». Comenta que en ocasiones el ser joven y que llegue la fama de golpe entraña más riesgos porque es más complicado de gestionar. Añade algo que muchos músicos de la industria no se atreven a decir en voz alta: «A todos nos ha tocado pasar por terapia e intentar entenderlo un poco».. «Cuando trajeron a Alta Sociedad nos voló la cabeza a todos». Habla también de sus influencias desde pequeños, algo en lo que sus padres y sus hermanos tuvieron mucho que ver. «Por parte de mi padre, que son eruditos del flamenco estábamos todo el rato escuchando a Camarón, a Lola y Manuel». Por parte de su madre, en su casa sonaba muchos los Beatles.. Luego mi hermano Pablo, que es el mayor de todos y mi hermana, empezaron a traer a Bruce Springsteen, a los Rolling Stones, a los Rodríguez, Andrés Calamaro», recuerda de otros tiempos. «Me acuerdo cuando trajeron Alta Sociedad nos voló la cabeza a todos. Creo que ellos fueron los que continuaron ese legado que empezaron mis padres».. El videopódcast está disponible en el canal de Youtube de La Razón, en el que se puede escuchar y ver la entrevista al completo.
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