La libertad es un bien muy preciado y, en algunos lugares del mundo, tremendamente escaso. En regímenes dictatoriales, donde los medios son manejados por el Estado o los periodistas son amenazados, ha surgido con cada vez más fuerza el papel de la ciudadanía, que utiliza plataformas y redes sociales para mostrar la realidad de vivir allí más allá de la propaganda. En lugares como Irán o Cuba, que suelen manejar con extremo cuidado lo que se muestra de ellos, estos jóvenes suelen ser prácticamente la única forma de conocer la realidad social fuera del relato controlado e institucional. Una batalla cultural que se libra en las redes sociales.. A principios de este mes, el youtuber cubano Eddy Ceballos era detenido por el régimen y, a fecha de hoy, se encuentra enfrentando una posible condena de hasta 30 años por mostrar en su canal, Despingovery Channel, las duras condiciones del pueblo de Cuba sin la habitual dosis de ideología que se suele ver en los comunicados oficiales. En sus videos se enseñaba, con mucho humor, un país empobrecido desde hace décadas por una élite gobernante corrupta y tendente a la violencia, muy lejos del relato victimista y antiamericano que hemos visto mencionar a ambos lados del Atlántico por los sospechosos habituales.. Si bien su caso es llamativo por la detención, muchos otros cubanos han comenzado a hacer lo mismo. Sus videos en redes sociales son expresiones vivas de la normalidad en un país que, por sus problemas internos, poco tiene de normal a nuestros ojos: enormes colas para comprar alimentos, cortes de luz que duran días y una sensación de miedo constante a la cárcel y la censura, como le ha sucedido a Ceballos. El «Washington Post» mostraba el pasado mayo, en un largo reportaje titulado «Cuba’s mom influencers share rare view of struggles under U.S. fuel embargo», cómo mujeres maduras y personas de todo tipo habían convertido estas plataformas no solo en sus fuentes de ingresos –debido al colapso del peso cubano desde hace años–, sino también en la forma más real y cercana de conocer la realidad más allá de los anuncios oficiales, ya que el periodismo en Cuba se encuentra severamente perseguido si la información que se proporciona es crítica.. Las plataformas ante la represión. De hecho, la Fundación Bertelsmann, que analiza la calidad democrática de los países, remarcaba en su informe de 2026 sobre Cuba cómo los influencers se habían convertido en la mayor piedra en el zapato para el régimen, ya que su contenido, muy variado y crítico, lograba romper el velo de silencio que el gobierno de la isla había construido internamente y hacia el exterior con sus aliados.. Ahora bien, aunque Cuba es paradigmática en tiempos recientes, no es para nada el único caso. En Irán, durante las importantes revueltas del año pasado, las redes sociales se convirtieron en una de las mejores formas de conocer la realidad del país y, sobre todo, el nivel de violencia que el régimen de los ayatolás aplicaba contra los manifestantes y los críticos. A principios de este año se publicaba el análisis «Visibility Under Constraint: Format Publics and the Politics of Visibility on TikTok Protest Videos During the Mahsa Amini Movement in Iran», en el que se analizaba justamente este caso. En el texto, que trata de organizar la maraña de videos y actividades de los influencers durante las protestas, se destaca cómo, en un régimen tan controlado, esta libertad de acción de las plataformas se ha convertido en la mejor manera de actuar en un ambiente de censura y represión.. Algo interesante también es cómo los usuarios navegan estas restricciones mediante formatos cortos y creativos para hacer visibles sus demandas de libertad y contra la opresión. A pesar de la brutal represión, plataformas como TikTok o YouTube se han convertido en espacios de resistencia donde la población desafía el control narrativo del régimen teocrático.. Y es que el fenómeno trasciende a Cuba e Irán para convertirse en una dinámica global de las redes sociales en la lucha por el relato. En un mundo donde múltiples regímenes autoritarios controlan férreamente los medios tradicionales, los influencers y YouTubers se han convertido en uno de los instrumentos más efectivos para romper el monopolio de la información. Su utilidad en este sentido es global. Desde Venezuela hasta Corea del Norte, pasando por Bielorrusia o Nicaragua, ciudadanos comunes armados con un teléfono logran documentar la represión, la corrupción y el sufrimiento cotidiano que los gobiernos pretenden ocultar a través de su propaganda.. Aunque el precio que pagan estos influencers puede ser muy alto –detenciones, exilio, amenazas e incluso la muerte–, estas personas siguen insistiendo con sus videos y contenido.Pese a todo esto, mientras existan estos «periodistas ciudadanos», ningún régimen autoritario podrá controlar totalmente la narrativa, creando estas pequeñas ventanas para poder ver de verdad y de forma directa cómo es vivir en esos lugares sin que ningún aparato mediático controlado pueda censurarlo.
Los creadores digitales van ganando la batalla cultural por el relato contra los regímenes dictatoriales
La libertad es un bien muy preciado y, en algunos lugares del mundo, tremendamente escaso. En regímenes dictatoriales, donde los medios son manejados por el Estado o los periodistas son amenazados, ha surgido con cada vez más fuerza el papel de la ciudadanía, que utiliza plataformas y redes sociales para mostrar la realidad de vivir allí más allá de la propaganda. En lugares como Irán o Cuba, que suelen manejar con extremo cuidado lo que se muestra de ellos, estos jóvenes suelen ser prácticamente la única forma de conocer la realidad social fuera del relato controlado e institucional. Una batalla cultural que se libra en las redes sociales.. A principios de este mes, el youtuber cubano Eddy Ceballos era detenido por el régimen y, a fecha de hoy, se encuentra enfrentando una posible condena de hasta 30 años por mostrar en su canal, Despingovery Channel, las duras condiciones del pueblo de Cuba sin la habitual dosis de ideología que se suele ver en los comunicados oficiales. En sus videos se enseñaba, con mucho humor, un país empobrecido desde hace décadas por una élite gobernante corrupta y tendente a la violencia, muy lejos del relato victimista y antiamericano que hemos visto mencionar a ambos lados del Atlántico por los sospechosos habituales.. Si bien su caso es llamativo por la detención, muchos otros cubanos han comenzado a hacer lo mismo. Sus videos en redes sociales son expresiones vivas de la normalidad en un país que, por sus problemas internos, poco tiene de normal a nuestros ojos: enormes colas para comprar alimentos, cortes de luz que duran días y una sensación de miedo constante a la cárcel y la censura, como le ha sucedido a Ceballos. El «Washington Post» mostraba el pasado mayo, en un largo reportaje titulado «Cuba’s mom influencers share rare view of struggles under U.S. fuel embargo», cómo mujeres maduras y personas de todo tipo habían convertido estas plataformas no solo en sus fuentes de ingresos –debido al colapso del peso cubano desde hace años–, sino también en la forma más real y cercana de conocer la realidad más allá de los anuncios oficiales, ya que el periodismo en Cuba se encuentra severamente perseguido si la información que se proporciona es crítica.. De hecho, la Fundación Bertelsmann, que analiza la calidad democrática de los países, remarcaba en su informe de 2026 sobre Cuba cómo los influencers se habían convertido en la mayor piedra en el zapato para el régimen, ya que su contenido, muy variado y crítico, lograba romper el velo de silencio que el gobierno de la isla había construido internamente y hacia el exterior con sus aliados.. Ahora bien, aunque Cuba es paradigmática en tiempos recientes, no es para nada el único caso. En Irán, durante las importantes revueltas del año pasado, las redes sociales se convirtieron en una de las mejores formas de conocer la realidad del país y, sobre todo, el nivel de violencia que el régimen de los ayatolás aplicaba contra los manifestantes y los críticos. A principios de este año se publicaba el análisis «Visibility Under Constraint: Format Publics and the Politics of Visibility on TikTok Protest Videos During the Mahsa Amini Movement in Iran», en el que se analizaba justamente este caso. En el texto, que trata de organizar la maraña de videos y actividades de los influencers durante las protestas, se destaca cómo, en un régimen tan controlado, esta libertad de acción de las plataformas se ha convertido en la mejor manera de actuar en un ambiente de censura y represión.. Algo interesante también es cómo los usuarios navegan estas restricciones mediante formatos cortos y creativos para hacer visibles sus demandas de libertad y contra la opresión. A pesar de la brutal represión, plataformas como TikTok o YouTube se han convertido en espacios de resistencia donde la población desafía el control narrativo del régimen teocrático.. Y es que el fenómeno trasciende a Cuba e Irán para convertirse en una dinámica global de las redes sociales en la lucha por el relato. En un mundo donde múltiples regímenes autoritarios controlan férreamente los medios tradicionales, los influencers y YouTubers se han convertido en uno de los instrumentos más efectivos para romper el monopolio de la información. Su utilidad en este sentido es global. Desde Venezuela hasta Corea del Norte, pasando por Bielorrusia o Nicaragua, ciudadanos comunes armados con un teléfono logran documentar la represión, la corrupción y el sufrimiento cotidiano que los gobiernos pretenden ocultar a través de su propaganda.. Aunque el precio que pagan estos influencers puede ser muy alto –detenciones, exilio, amenazas e incluso la muerte–, estas personas siguen insistiendo con sus videos y contenido.Pese a todo esto, mientras existan estos «periodistas ciudadanos», ningún régimen autoritario podrá controlar totalmente la narrativa, creando estas pequeñas ventanas para poder ver de verdad y de forma directa cómo es vivir en esos lugares sin que ningún aparato mediático controlado pueda censurarlo.
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