Podemos se juega un todo o nada en Madrid. El partido que en su momento llegó a liderar la intención de voto en España en el famoso CIS de 2014, un barómetro que por primera vez puso en cuestión el bipartidismo en democracia, ha quedado muy disminuido en los últimos años y ha vivido procesos internos que lo han colocado al borde del precipicio. En los comicios autonómicos de 2023, quedó fuera de la Asamblea, un golpe que hirió profundamente al partido después de que dos años antes, Pablo Iglesias consiguiera salvarlo de la desaparición al obtener, con él como cabeza de lista, 10 diputados. Algunos creen que el año que viene se juegan incluso su supervivencia.. Seguir leyendo
El partido se juega incluso su propia existencia en las eleccciones regionales del año que viene con Ione Belarra como candidata
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Podemos se juega un todo o nada en Madrid. El partido que en su momento llegó a liderar la intención de voto en España en el famoso CIS de 2014, un barómetro que por primera vez puso en cuestión el bipartidismo en democracia, ha quedado muy disminuido en los últimos años y ha vivido procesos internos que lo han colocado al borde del precipicio. En los comicios autonómicos de 2023, quedó fuera de la Asamblea, un golpe que hirió profundamente al partido después de que dos años antes, Pablo Iglesias consiguiera salvarlo de la desaparición al obtener, con él como cabeza de lista, 10 diputados. Algunos creen que el año que viene se juegan incluso su supervivencia.. La responsabilidad de no hundirse recae ahora, en un movimiento similar al de 2021, sobre Ione Belarra, su secretaria general, que ha anunciado su candidatura a las elecciones regionales de 2027 sin que se haya conocido de quién ha sido la decisión y cómo se ha gestado. Los otros partidos de Madrid, que a diferencia de Podemos sí cuentan con representación en el parlamento regional, han recibido la noticia con escepticismo. Los socialistas creen que no hay necesidad de repartir más los votos del progresismo. En Más Madrid saben que compiten por un mismo espacio político, pero confían en el trabajo parlamentario que han hecho estos años y piensan en Podemos como el pasado.. A la dirección de Podemos le toca cambiar el paso por motivos obvios: las experiencias en este último ciclo electoral no han sido del todo buenas. Ione Belarra e Irene Montero, la dos dirigentes del partido, no estaban muy convencidas de la estrategia electoral que llevaron a cabo este año en Andalucía, aunque acabaron firmando un pacto con Izquierda Unida y Movimiento Sumar que encabezó Antonio Maíllo. Durante el recuento de votos, en mayo, el desastre planeó durante horas. Se llegó a pensar que la coalición no iba a tener representación en el Parlamento. Al final, obtuvieron cinco, lo que les permite formar grupo. Pero Podemos, que hace cuatro años logró tres de los cinco diputados, no obtuvo representación y ahondó un poco más su crisis de representación territorial.. Además, su rival directo, Adelante, tuvo más apoyo, hasta ocho diputados, y generó más ilusión. Podemos y sus socios se vieron absolutamente superados. Ni consiguieron aumentar su representación ni liderar un bloque a la izquierda de los socialistas. Ni mucho menos poner en peligro un gobierno de derechas en Andalucía, que era el objetivo último.. El panorama fue todavía más oscuro para Podemos en Aragón y Castilla y León, donde, sin IU ni Sumar, logró menos del 1% de voto. Unos resultados catastróficos, con los que quedaron fuera de las cortes autonómicas, pese a la implicación absoluta de Irene Montero, la cara más reconocible del partido, número dos y exministra de Igualdad, que aspira a ser candidata a la presidencia en las generales. El núcleo duro son ellas dos, Belarra y Montero, o sea que los éxitos y los fracasos de cada una son compartidos. En Madrid se juegan mucho, y se lo juegan juntas. La rival para ambas no puede ser más clara: Isabel Díaz Ayuso.. La ruta electoral de Podemos en Madrid también estará marcada por lo que ocurra a nivel nacional. A estas alturas, mucho está por decidir. Aunque desde La Moncloa repiten que van a agotar la legislatura, cada vez surgen más dudas de que el presidente Pedro Sánchez pueda aguantar hasta primavera de 2027 por los escándalos de corrupción que cercan al PSOE. Izquierda Unida, Comuns, Más Madrid y Movimiento Sumar (MS) han hablado de alianzas, pero las incógnitas siguen siendo las mismas que el primer día, porque aún no hay líder, marca ni programa. Se espera que todavía se sumen otras organizaciones, pero sobre todo que se resuelva la incógnita de si Podemos se sumará a última hora. Todas las partes coinciden en su preocupación por la amenaza de una posible suma de PP y Vox tras las elecciones generales, panorama que se plantea en casi todos los sondeos, pero sus fórmulas para pararlas son diferentes.. Ese mismo escenario resulta muy probable en Madrid. Podemos debe definirlo todavía, pero la única posibilidad de un gobierno de izquierdas en Madrid pasa, casi matemáticamente, por que ellos sumen diputados en la Asamblea y gesten algún tipo de alianza con los otros dos partidos de izquierdas. Otro escenario se antoja imposible. Porque la balanza, y más después del desgaste que produce un gobierno de izquierdas a nivel nacional, se ha inclinado notablemente a la derecha. La intención del PP es conseguir otra vez una mayoría absoluta que ya obtuvo en 2023, pero entonces el crecimiento de Vox no era tan sostenido.. El partido ultra, a estas alturas, se ha convertido en otro partido opositor más a Ayuso. En Vox saben que su éxito pasa por robarle votantes al PP, y viceversa. Este pulso ha podido verse con toda su crudeza en las últimas semanas a cuenta de la inmigración, el tema que discuten una y otra vez la presidenta de Madrid y la portavoz del partido verde, Isabel Pérez Moñino. En este contexto, Podemos se siente fuerte. Saben que la oposición a las ideas de Ayuso y Moñino puede ser su fuerza motriz y les coloca en donde se sienten más cómodos: en una batalla global de ideas contra la ultraderecha.. Podemos no quiere quedarse fuera de la refundación de la izquierda de la que tanto se habla desde hace un año. Por eso, en abril, Montero se reunió con el portavoz de Esquerra en el Congreso, Gabriel Rufián, en un acto público —después del encuentro tan sonado entre Rufián y una de las cabezas de Más Madrid, Emilio Delgado— para “frenar al fascismo”, en el que hablaron de “la responsabilidad histórica” de frenar a Vox. En Madrid, Podemos no solo tendrá que detener a Vox, sino también a Ayuso, un gigante electoral ahora mismo. Le va la vida en ello.
