Hay ocasiones en las que los mercados se mueven por expectativas. Y hay otras en las que los inversores responden a cambios profundos que trascienden los ciclos económicos. La defensa, hoy, pertenece claramente a esta segunda categoría.. Seguir leyendo
El auge del gasto militar y el retorno de la geopolítica marcan un cambio estructural en los mercados globales
Hay ocasiones en las que los mercados se mueven por expectativas. Y hay otras en las que los inversores responden a cambios profundos que trascienden los ciclos económicos. La defensa, hoy, pertenece claramente a esta segunda categoría.. Durante décadas, especialmente en Europa, vivimos bajo la idea de que la globalización, la integración económica y la cooperación internacional reducirían progresivamente los riesgos geopolíticos. Aquella hipótesis permitió destinar recursos a otros ámbitos y relegar la inversión militar a un segundo plano. Sin embargo, la realidad ha decidido seguir otro camino.. La guerra en Ucrania, la creciente rivalidad entre Estados Unidos y China, las tensiones en Oriente Medio o la importancia estratégica de determinadas tecnologías, como los semiconductores, han devuelto la seguridad al centro de las decisiones políticas y económicas. Y cuando cambian las prioridades de los gobiernos, también cambian las oportunidades para los inversores.. El gasto militar mundial alcanzó en 2025 un nuevo máximo histórico cercano a los 2,9 billones de dólares. No hablamos de un incremento puntual, sino de una tendencia sostenida que acumula más de una década de crecimiento. Europa está acelerando sus presupuestos de defensa (España, sin ir más lejos, ha doblado en apenas cuatro años su inversión en defensa, en términos de PIB), Estados Unidos mantiene un esfuerzo sin precedentes y Asia continúa reforzando sus capacidades estratégicas.. Desde el punto de vista empresarial, las cifras reflejan con claridad esta realidad, a nivel global. Poniendo algunos ejemplos, Rheinmetall se ha convertido en uno de los símbolos del nuevo ciclo. La compañía alemana cerró 2025 con ventas creciendo cerca del 30% y una cartera de pedidos récord superior a los 60.000 millones de euros. Los inversores han anticipado que el proceso de rearme europeo no será cuestión de meses, sino de años. Algo similar ocurre con Lockheed Martin.. El principal contratista militar estadounidense continúa registrando cifras de contratación extraordinarias y mantiene una cartera de pedidos cercana a los 200.000 millones de dólares. En un entorno de creciente complejidad geopolítica, la demanda de sistemas de defensa aérea, misiles, satélites y tecnología militar sigue siendo estructuralmente elevada. En España, Indra también se ha situado en una posición privilegiada. El crecimiento de su división de defensa, la participación en programas europeos y el aumento previsto de la inversión militar nacional han reforzado sus perspectivas de negocio y su atractivo para los mercados.. Pero quizá la cuestión más interesante no sea cuánto están creciendo estas compañías, sino por qué lo están haciendo. La respuesta nos lleva a un concepto que cada vez resulta más relevante para entender los mercados: la geopolítica.. Durante años, los inversores prestaron una atención casi exclusiva a variables como la inflación, los tipos de interés o el crecimiento económico. Hoy esas variables siguen siendo importantes, pero ya no son suficientes. La geopolítica ha vuelto a convertirse en un factor determinante para explicar las decisiones de inversión, los movimientos industriales y las prioridades presupuestarias.. Y aquí aparece una de las grandes paradojas de nuestro tiempo: el mundo necesita invertir más en defensa justo cuando el nivel de deuda global se encuentra en máximos históricos. Los gobiernos están afrontando simultáneamente varios desafíos: el envejecimiento de la población, la transición energética, la digitalización de la economía, las necesidades de infraestructuras y ahora también el refuerzo de sus capacidades defensivas. Todo ello debe financiarse en un entorno muy distinto al de la última década, con un entorno de inflación y tipos de interés significativamente más elevados que los vividos en el mundo anterior al Covid 19.. Adicionalmente, el riesgo de las presiones inflacionistas se ha incrementado notablemente a raíz del actual conflicto en Irán. En ese sentido, los bancos centrales podrían verse obligados a mantener una política monetaria más restrictiva durante más tiempo. Este movimiento ya ha comenzado con la última subida de tipos del BCE y el cambio de sesgo en la visión monetaria, por parte de la Reserva Federal.. Y es que la combinación no es sencilla: más gasto en defensa implica más necesidades de financiación. Más financiación implica más deuda. Y más deuda en un entorno de tipos elevados supone una factura financiera cada vez más exigente. Por eso, una de las preguntas clave para la próxima década será quién absorbe ese incremento de endeudamiento y a qué coste.. Winston Churchill decía que “cuanto más atrás puedas mirar, más adelante podrás ver”. La historia económica ofrece una enseñanza interesante: los grandes cambios geopolíticos suelen venir acompañados de transformaciones profundas en la asignación de capital. Esto es precisamente lo que estamos observando: La defensa ya no se percibe únicamente como una cuestión de seguridad nacional, sino que se ha convertido también en una política industrial, tecnológica y estratégica. Los gobiernos quieren reforzar capacidades propias, reducir dependencias externas y asegurar el control de sectores considerados críticos.. Desde la perspectiva del inversor, esto genera oportunidades evidentes, pero también obliga a mantener la prudencia, porque una buena tendencia no siempre implica una buena inversión a cualquier precio. En ese sentido, las compañías vinculadas al sector han experimentado importantes revalorizaciones bursátiles en los últimos años. En algunos casos, los mercados ya descuentan un escenario muy favorable durante un largo periodo de tiempo. Por eso, además de identificar tendencias, resulta imprescindible analizar valoraciones, balances y capacidad real de ejecución. La buena noticia es que muchas de estas empresas cuentan con una visibilidad de ingresos poco habitual. Sus contratos suelen extenderse durante años y están respaldados por presupuestos públicos que, salvo cambios drásticos, parecen destinados a seguir creciendo.. En definitiva, la inversión en defensa representa uno de los grandes temas estructurales de la economía actual. No responde únicamente a un conflicto concreto ni a una moda pasajera del mercado: refleja un cambio de prioridades en un mundo más fragmentado, más competitivo y también más incierto. La incógnita no es si la defensa seguirá siendo relevante. Todo indica que lo será. La verdadera cuestión es cómo convivirá ese aumento del gasto con una economía global cada vez más endeudada, con un crecimiento potencial más moderado y con unos tipos de interés que, probablemente, ya no volverán a los niveles excepcionalmente bajos que conocimos durante años. Y es precisamente en ese equilibrio donde se jugará buena parte del futuro de los mercados.. Pedro del Pozo es director de inversiones financieras en Mutualidad de la Abogacía
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