Hay médicos que te recomiendan que te quedes embarazada para solucionar alguna dolencia. Me ocurrió. Visitaba al dermatólogo frecuentemente por mi acné. Lo intentamos todo. Él ponía empeño, me recetó todo tipo de tratamientos, pero recurrentemente me decía: “Esto se soluciona cuando tengas un hijo, o dos…”. Sé que no soy la única. También le ocurrió a Laia Abril, por otra afección. Lo contó la semana pasada en la inauguración de su exposición Endiometrosis. El dolor silenciado 1860-2026. “Cuando te quedes embarazada, se te pasará”, le dijeron. Lo ha dejado escrito en el texto de la sala del Museo del Romanticismo donde, dentro del marco de PHotoEspaña, se muestran sus siete trípticos, una instalación a la que quizá no hubiera llegado si no sufriera esta enfermedad invisibilizada, silenciada, ignorada, despreciada, incomprendida y deslegitimada, además de infradiagnosticada. Una obra creada desde las entrañas, desde el retorcimiento que causa el dolor, desde ese dolor incapacitante que muchas veces lleva al llanto, desde el llanto mismo. Y no en sentido figurado, las fotografías tienen un barniz de lágrimas de la autora, que ella recogió y, en su laboratorio fotográfico, mezclaron con los químicos que utilizan.. Seguir leyendo
Laia Abril, premio Nacional de Fotografía 2023, da visibilidad a la endiometrosis en una exposición en el Museo del Romanticismo
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Hay médicos que te recomiendan que te quedes embarazada para solucionar alguna dolencia. Me ocurrió. Visitaba al dermatólogo frecuentemente por mi acné. Lo intentamos todo. Él ponía empeño, me recetó todo tipo de tratamientos, pero recurrentemente me decía: “Esto se soluciona cuando tengas un hijo, o dos…”. Sé que no soy la única. También le ocurrió a Laia Abril, por otra afección. Lo contó la semana pasada en la inauguración de su exposición Endiometrosis. El dolor silenciado 1860-2026. “Cuando te quedes embarazada, se te pasará”, le dijeron. Lo ha dejado escrito en el texto de la sala del Museo del Romanticismo donde, dentro del marco de PHotoEspaña, se muestran sus siete trípticos, una instalación a la que quizá no hubiera llegado si no sufriera esta enfermedad invisibilizada, silenciada, ignorada, despreciada, incomprendida y deslegitimada, además de infradiagnosticada. Una obra creada desde las entrañas, desde el retorcimiento que causa el dolor, desde ese dolor incapacitante que muchas veces lleva al llanto, desde el llanto mismo. Y no en sentido figurado, las fotografías tienen un barniz de lágrimas de la autora, que ella recogió y, en su laboratorio fotográfico, mezclaron con los químicos que utilizan.. Hay algo muy físico en las imágenes: las lágrimas, las piernas flexionadas, sujetarse la tripa, las manos en la cara, los ojos cerrados… Posturas y coreografías que no han sido pautadas, pero que se repiten mes tras mes, crisis tras crisis, tríptico tras tríptico. Ese volver a la posición fetal tan reconocible por muchas. El sonido constante en la instalación, como el dolor crónico, ahí siempre. Esta artista, premio Nacional de Fotografía en 2023, alude a su sufrimiento para explicar la obra, a esos momentos íntimos en los que el dolor es tan intenso que disocia su cuerpo y su mente, y esta parece que sale fuera y se observa. De ahí que los retratos estén vistos desde arriba y cada uno fragmentado en tres, como un cuerpo roto de dolor. O esa situación de aflicción, de incomprensión, de desesperanza en la que solo te sale clamar “mamá”, pidiendo auxilio, como lo último a lo que encomendarse, que también fue lo primero.. Laia Abril, junto a una de las fotografías de la exposición. Irene Juanes Gil. Esas situaciones en soledad, en la cama o en la bañera, son similares a las que aparecen en This Is Endometriosis, el corto documental que ganó el Bafta 2026. “Cuando tienes tanto dolor, desconectas de ti misma y es más fácil ver todo en imágenes que a través de tus ojos”. Parece que Georgie Wileman, su directora, también se observa desde fuera. Además, como Abril, ha puesto el foco en el nombre de la enfermedad que ha llevado al título para reivindicarla, para que se vea más, porque que la sufran unos 190 millones de personas con útero en todo el mundo no parece suficiente para ser más investigada, diagnosticada más rápidamente y menos ninguneada. En 1860 se describió por primera vez la endometriosis, una enfermedad inflamatoria que provoca dolor, hemorragias, mareos, esterilidad, náuseas… Y no, no es normal vivir con dolor. Es sangrante que 166 años después aún haya que explicarlo a familiares, amigos, allegados, jefes, compañeros de trabajo, incluso a los médicos. Es un dolor que se apodera de la vida de quien lo sufre, que aísla. “Te pierdes cosas”, explica Abril. Se adueña de las personas que lo padecen y son muchas. Por eso está bien que empiece a ocupar pantallas de cine, museos…, que invada el espacio público para que se tomen cartas en el asunto.. Si hay innumerables manifestaciones artísticas dedicadas al dolor que provoca una guerra, por qué no a este dolor. Ese es uno de los objetivos de Abril, que lleva más de una década abordando la violencia institucional y contra la mujer en sus obras, que ha colgado sus siete retratos, seis de mujeres y uno de un hombre trans, de las paredes del Museo del Romanticismo. Un museo en el que se trabaja a diario para que la mujer esté presente, y lo está en todos los formatos: desde grandes autoras como Carolina Coronado y Gertrudis Gómez de Avellaneda; por supuesto, la omnipresente Isabel II; objetos y mobiliario específico de mujeres; hasta una medalla que alude a Trótula de Salerno, la mujer de mayor prestigio en obstetricia y ginecología de la Edad Media. Ay, si Trótula no hubiera sido una excepción…
