En la memoria física —y digital, si no las han borrado— de algunos de los periodistas más influyentes de España se alojan fotos de hace 20 años de una rubia de ojos verdes de Santa Pola, Alicante, ligera de ropa. No es modelo, aunque pudo serlo. Ni miss, aunque se lo propusieron. Ni influencer, porque aún no se había acuñado el término. Es, al menos era, peluquera. La empleada de un salón de ese pueblo de playa que iba a atender a su casa a Chus, una vecina de posibles cuya agorafobia le impedía salir a la calle, y de la que se hizo tan amiga como para dejarle que le hiciese fotos íntimas sin saber que acabarían donde acabaron.. Seguir leyendo
Más que la trifulca sobre el libro de Daniel Verdú, me interesa la cabeza de una mujer que se hizo pasar por otra, y los sentimientos de aquella cuyo cuerpo utilizó para sus fines
En la memoria física —y digital, si no las han borrado— de algunos de los periodistas más influyentes de España se alojan fotos de hace 20 años de una rubia de ojos verdes de Santa Pola, Alicante, ligera de ropa. No es modelo, aunque pudo serlo. Ni miss, aunque se lo propusieron. Ni influencer, porque aún no se había acuñado el término. Es, al menos era, peluquera. La empleada de un salón de ese pueblo de playa que iba a atender a su casa a Chus, una vecina de posibles cuya agorafobia le impedía salir a la calle, y de la que se hizo tan amiga como para dejarle que le hiciese fotos íntimas sin saber que acabarían donde acabaron.. Seguir leyendo
