Donald Trump está acostumbrado a decidir el cuándo, el cómo y el hasta dónde, pero la crisis en Oriente Medio está poniendo a prueba esa capacidad que él había convertido en seña de su identidad. El mandatario estadounidense se encuentra atrapado entre Benjamin Netanyahu, un aliado israelí tan obstinado como él, e Irán, un adversario con una capacidad de resistencia mayor de la que esperaba. Por si fuera poco, dentro del Partido Republicano empiezan a crecer las voces que le exigen resultados y una salida a una guerra que él mismo inició cuando quedan menos de cinco meses para las elecciones legislativas.. Por su pasado como empresario, Trump sabe que las negociaciones son lentas y a veces arduas, pero su problema es que el resto de los participantes no parecen estar dispuestos a complacerle. Netanyahu, uno de los aliados internacionales más próximos y el dirigente israelí que más se ha beneficiado del respaldo político de Trump, se ha convertido ahora en una importante piedra en el zapato que está dificultando las negociaciones con Irán. Los ataques entre Israel y Hizbulá están complicando las cosas y han amenazado varias veces con hacer descarrilar la frágil tregua regional.. Prevalecen los intereses políticos. Además, tanto Trump como Netanyahu están priorizando sus intereses políticos. El mandatario estadounidense necesita rebajar la tensión en la región, estabilizar los mercados y presentar un acuerdo con Irán como si fuera una victoria diplomática antes de noviembre. Netanyahu, en cambio, teme que ese pacto permita sobrevivir al régimen iraní, conservando parte de su capacidad nuclear y limitando la libertad de Israel para continuar atacando a Teherán y a sus aliados en el Líbano.. La relación entre ambos atraviesa uno de sus momentos de mayor tensión. Trump ha reconocido que llamó «loco» a Netanyahu durante una conversación cargada de improperios y, después de que su homólogo israelí hiciera caso omiso de sus advertencias y ordenara una ofensiva contra Irán, sostuvo públicamente que Netanyahu no tenía capacidad para decidir el rumbo de las negociaciones: «Yo tomo las decisiones», proclamó. Toda una demostración de autoridad cuya efectividad todavía está por comprobar. Trump no está consiguiendo contener por completo a su aliado, el mismo que le llevó a iniciar esta guerra, y la paciencia comienza a agotarse incluso entre algunos integrantes de su propio partido.. La Cámara de Representantes aprobó la semana pasada una resolución para frenar la intervención militar estadounidense en Irán después de que cuatro republicanos rompieran filas y votaran junto a los demócratas. La medida, aprobada por 215 votos frente a 208, no detiene de forma inmediata las operaciones militares, pero pone de manifiesto una fractura interna sobre esta cuestión que hace solo unos meses parecía impensable. Cada vez son más los legisladores republicanos que temen que la guerra les cobre un alto precio político en las elecciones de noviembre y que el electorado castigue a Trump por haber incumplido su promesa de mantener a EE UU lejos de nuevas y prolongadas guerras.. Elecciones en el horizonte. Trump asegura que no le preocupan las elecciones legislativas. Sin embargo, ha acusado a Irán de intentar prolongar las negociaciones hasta noviembre, una afirmación que demuestra que el calendario electoral está presente en sus cálculos. Y es que Irán le ha salido más duro de lo que él pensaba. La Casa Blanca confiaba en que los bombardeos, el bloqueo y la presión económica obligarían rápidamente a Teherán a aceptar las condiciones estadounidenses, pero tres meses después del comienzo de la guerra, el país enemigo está golpeado, pero no doblegado.. Las autoridades iraníes continúan estudiando las propuestas, aunque rechazan las exigencias más duras de Washington y vinculan cualquier pacto duradero con el fin de las operaciones israelíes en el Líbano. Tampoco parece que ambas partes se estén poniendo de acuerdo en el futuro del programa nuclear iraní, el levantamiento de las sanciones o la reapertura del estrecho de Ormuz. Mientras tanto, el tiempo sigue corriendo y Trump lo sabe.. Por eso ayer volvió a tirar de una estrategia recurrente que hasta ahora le había servido para calmar los mercados y transmitir sensación de avance, asegurando que un acuerdo está a punto de llegar. «Las conversaciones van bien, lo sabremos en uno o dos días», dijo ayer sobre un posible alto el fuego. El domingo ya había adelantado que las negociaciones finales para una tregua estaban en marcha siempre que, escribió en sus redes sociales, «la ignorancia o la estupidez» no se interpusieran. Al cierre de esta edición, se desconocían más detalles sobre el buen curso de las negociaciones a las que el presidente se ha referido.. De forma paralela, durante la tarde anunció que planeaba tomar represalias contra Irán tras el derribo de un helicóptero estadounidense en Ormuz, que finalmente no dejó víctimas. Como es habitual, Trump recurrió a Truth Social, donde escribió: «Dos pilotos estuvieron involucrados, ambos sanos y salvos. No obstante, Estados Unidos debe, necesariamente, responder a este ataque».
Donald Trump está acostumbrado a decidir el cuándo, el cómo y el hasta dónde, pero la crisis en Oriente Medio está poniendo a prueba esa capacidad que él había convertido en seña de su identidad. El mandatario estadounidense se encuentra atrapado entre Benjamin Netanyahu, un aliado israelí tan obstinado como él, e Irán, un adversario con una capacidad de resistencia mayor de la que esperaba. Por si fuera poco, dentro del Partido Republicano empiezan a crecer las voces que le exigen resultados y una salida a una guerra que él mismo inició cuando quedan menos de cinco meses para las elecciones legislativas.. Por su pasado como empresario, Trump sabe que las negociaciones son lentas y a veces arduas, pero su problema es que el resto de los participantes no parecen estar dispuestos a complacerle. Netanyahu, uno de los aliados internacionales más próximos y el dirigente israelí que más se ha beneficiado del respaldo político de Trump, se ha convertido ahora en una importante piedra en el zapato que está dificultando las negociaciones con Irán. Los ataques entre Israel y Hizbulá están complicando las cosas y han amenazado varias veces con hacer descarrilar la frágil tregua regional.. Prevalecen los intereses políticos. Además, tanto Trump como Netanyahu están priorizando sus intereses políticos. El mandatario estadounidense necesita rebajar la tensión en la región, estabilizar los mercados y presentar un acuerdo con Irán como si fuera una victoria diplomática antes de noviembre. Netanyahu, en cambio, teme que ese pacto permita sobrevivir al régimen iraní, conservando parte de su capacidad nuclear y limitando la libertad de Israel para continuar atacando a Teherán y a sus aliados en el Líbano.. La relación entre ambos atraviesa uno de sus momentos de mayor tensión. Trump ha reconocido que llamó «loco» a Netanyahu durante una conversación cargada de improperios y, después de que su homólogo israelí hiciera caso omiso de sus advertencias y ordenara una ofensiva contra Irán, sostuvo públicamente que Netanyahu no tenía capacidad para decidir el rumbo de las negociaciones: «Yo tomo las decisiones», proclamó. Toda una demostración de autoridad cuya efectividad todavía está por comprobar. Trump no está consiguiendo contener por completo a su aliado, el mismo que le llevó a iniciar esta guerra, y la paciencia comienza a agotarse incluso entre algunos integrantes de su propio partido.. La Cámara de Representantes aprobó la semana pasada una resolución para frenar la intervención militar estadounidense en Irán después de que cuatro republicanos rompieran filas y votaran junto a los demócratas. La medida, aprobada por 215 votos frente a 208, no detiene de forma inmediata las operaciones militares, pero pone de manifiesto una fractura interna sobre esta cuestión que hace solo unos meses parecía impensable. Cada vez son más los legisladores republicanos que temen que la guerra les cobre un alto precio político en las elecciones de noviembre y que el electorado castigue a Trump por haber incumplido su promesa de mantener a EE UU lejos de nuevas y prolongadas guerras.. Elecciones en el horizonte. Trump asegura que no le preocupan las elecciones legislativas. Sin embargo, ha acusado a Irán de intentar prolongar las negociaciones hasta noviembre, una afirmación que demuestra que el calendario electoral está presente en sus cálculos. Y es que Irán le ha salido más duro de lo que él pensaba. La Casa Blanca confiaba en que los bombardeos, el bloqueo y la presión económica obligarían rápidamente a Teherán a aceptar las condiciones estadounidenses, pero tres meses después del comienzo de la guerra, el país enemigo está golpeado, pero no doblegado.. Las autoridades iraníes continúan estudiando las propuestas, aunque rechazan las exigencias más duras de Washington y vinculan cualquier pacto duradero con el fin de las operaciones israelíes en el Líbano. Tampoco parece que ambas partes se estén poniendo de acuerdo en el futuro del programa nuclear iraní, el levantamiento de las sanciones o la reapertura del estrecho de Ormuz. Mientras tanto, el tiempo sigue corriendo y Trump lo sabe.. Por eso ayer volvió a tirar de una estrategia recurrente que hasta ahora le había servido para calmar los mercados y transmitir sensación de avance, asegurando que un acuerdo está a punto de llegar. «Las conversaciones van bien, lo sabremos en uno o dos días», dijo ayer sobre un posible alto el fuego. El domingo ya había adelantado que las negociaciones finales para una tregua estaban en marcha siempre que, escribió en sus redes sociales, «la ignorancia o la estupidez» no se interpusieran. Al cierre de esta edición, se desconocían más detalles sobre el buen curso de las negociaciones a las que el presidente se ha referido.. De forma paralela, durante la tarde anunció que planeaba tomar represalias contra Irán tras el derribo de un helicóptero estadounidense en Ormuz, que finalmente no dejó víctimas. Como es habitual, Trump recurrió a Truth Social, donde escribió: «Dos pilotos estuvieron involucrados, ambos sanos y salvos. No obstante, Estados Unidos debe, necesariamente, responder a este ataque».
El presidente de EE UU sabe que las negociaciones son lentas y a veces arduas, pero su problema es que el resto de los participantes no parecen estar dispuestos a complacerle en esta ocasión
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