Hace veinticinco años, cuando un pequeño grupo de entusiastas de la aviación decidió poner en marcha un aeródromo en Herrera de Pisuerga, pocos podían imaginar que aquel proyecto acabaría convirtiéndose en uno de los principales puntos de referencia para los amantes del vuelo ultraligero en el norte de España. Lo que comenzó como la aventura de una veintena de aficionados es hoy una instalación consolidada, con escuela de pilotos autorizada, más de 100 alumnos formados y una actividad que atrae cada año a visitantes llegados desde distintos puntos del país e incluso del extranjero.. El pasado fin de semana, el aeródromo celebró su 25 aniversario y reunió a cerca de medio centenar de aeronaves y a decenas de pilotos procedentes de comunidades como Madrid, La Rioja, Cataluña o Extremadura, además de participantes llegados desde Francia y Bélgica. Una fiesta aeronáutica que sirvió para echar la vista atrás y recordar cómo una iniciativa nacida prácticamente de la pasión por volar ha conseguido mantenerse viva durante un cuarto de siglo.. “Ahora parece más sencillo porque todo está hecho, pero siempre hay dificultades cuando se empieza algo así”, recuerda Ernesto López, socio fundador de Aeroperfils e instructor de vuelo. “Hace 25 años había menos normativa y menos trámites. Hoy para cualquier actuación hay que pedir permisos para todo. Es bastante más complicado”, explica a la Agencia Ical.. Aquellos primeros años poco tienen que ver con la realidad actual. Los aviones eran mucho más sencillos, los medios escasos y la aviación ultraligera todavía era una actividad prácticamente desconocida para buena parte de la población. “Aprendíamos con un avión de tubo y tela que iba muy despacio. Eran aparatos muy básicos, fáciles de reparar y que volaban a velocidades que hoy parecen impensables. Ahora hay ultraligeros que superan los 300 kilómetros por hora”, comenta López entre risas al recordar aquellos inicios.. La historia del aeródromo está estrechamente ligada a la del club Aeroperfils, impulsado por un grupo de aficionados que compartían la misma pasión por la aviación. Aunque algunos de los socios iniciales fueron abandonando la actividad con el paso de los años, todavía permanecen vinculados varios de aquellos pioneros que participaron en la puesta en marcha de las instalaciones.. Actualmente el club cuenta con más de una veintena de socios activos, una cifra modesta pero muy significativa para una actividad especializada como la aviación deportiva. “Lo bueno es que aquí prácticamente todos vuelan. Hay aeródromos con muchos más socios donde apenas utilizan los aviones tres o cuatro personas. Nosotros mantenemos una actividad constante”, señala López.. Esa continuidad ha sido posible gracias, en gran medida, a la escuela de pilotos que funciona en las instalaciones y que se ha convertido en uno de los principales motores del aeródromo. Desde su creación ha permitido formar a más de un centenar de pilotos de ultraligero y ha servido para incorporar nuevas generaciones a una afición tradicionalmente vinculada a personas de mayor edad.. “La escuela es fundamental porque trae sangre nueva. Muchos alumnos realizan el curso, obtienen la licencia y después continúan vinculados al club. Algunos terminan comprando un avión o participando de forma habitual en las actividades”, explica.. El perfil de quienes se acercan a aprender a volar es de lo más diverso. Desde profesionales con una larga trayectoria laboral hasta jóvenes que sueñan con convertirse algún día en pilotos comerciales. También llegan personas que simplemente desean cumplir una ilusión que arrastran desde la infancia.. “Aquí hay gente de todo tipo. Personas muy sencillas y otras con una posición económica más alta, pero cuando estamos en el aeródromo todos somos iguales. Compartimos la misma pasión y eso elimina cualquier diferencia”, asegura el instructor.. La escuela ofrece la formación necesaria para obtener la licencia de piloto de ultraligero, una titulación regulada por Aviación Civil que exige superar una parte teórica y un mínimo de quince horas de vuelo práctico, aunque habitualmente los alumnos completan alguna más antes de examinarse. Las materias abarcan desde navegación aérea hasta conocimientos de meteorología, mecánica o medicina aeronáutica. Un programa que, según López, requiere dedicación, pero está al alcance de cualquier persona interesada. “Hay que estudiar, claro, pero es perfectamente superable. Lo importante es tener ganas y constancia”, resume.. Muchos de los alumnos llegan tras realizar previamente un vuelo de divulgación o un bautismo aéreo, una de las actividades más populares que organizan durante todo el año. Los participantes pueden subir a bordo de un ultraligero acompañados por un instructor y descubrir desde el aire algunos de los paisajes más espectaculares del norte peninsular. Una experiencia que, según quienes la prueban, suele dejar huella. “Al principio la gente está algo tensa, es normal. Pero en cuanto despegan y comprueban cómo se comporta el avión, se relajan y empiezan a disfrutar. Es una sensación difícil de explicar. Ver el paisaje desde arriba cambia completamente la perspectiva”, afirma.. La Montaña Palentina desde el cielo. Uno de los grandes atractivos de la actividad desarrollada en Herrera de Pisuerga es precisamente el entorno natural sobre el que se realizan los vuelos. Desde el aeródromo se organizan rutas hacia la Montaña Palentina, los Picos de Europa, el embalse del Ebro, la costa cántabra o diferentes puntos de Castilla y León. Gracias a la autonomía de los actuales ultraligeros, que puede rondar los mil kilómetros, las posibilidades son prácticamente ilimitadas. “No es raro que alguien quiera sobrevolar el pueblo donde nació o la montaña donde hacía senderismo hace años. Desde el aire todo se ve de una forma completamente distinta”, explica López.. La capacidad de estos vuelos para mostrar el territorio desde una perspectiva diferente ha convertido al aeródromo en un atractivo turístico complementario para la provincia. Los bautismos aéreos atraen a visitantes de Palencia, Burgos, Cantabria y otras provincias cercanas y generan movimiento económico, además de contribuir a dar visibilidad a una comarca que encuentra en la aviación un elemento diferenciador. “El aeródromo está poniendo a Herrera en el mapa”, afirma convencido el instructor. “Mucha gente conoce ahora el municipio gracias a la actividad aeronáutica”.. Uno de los aspectos sobre los que más insiste el personal es la seguridad. Pese a que todavía persisten ciertos recelos hacia los ultraligeros, quienes trabajan diariamente en este ámbito consideran que existe un gran desconocimiento sobre las medidas de control y mantenimiento que rodean a estas aeronaves. “La percepción de riesgo es mucho mayor que el riesgo real”, sostiene López. “Yo también soy motero y sinceramente me siento más seguro volando que circulando en moto”.. El instructor atribuye parte de esa imagen a la escasa cultura aeronáutica existente en España. “A muchas personas les impresiona subir a un avión pequeño y verse a cierta altura, pero cuando conocen cómo funciona todo cambian de opinión”.. Los actuales ultraligeros incorporan avances tecnológicos impensables hace dos décadas. Algunos incluso cuentan con sistemas de paracaídas balístico capaces de desplegarse en caso de emergencia y descender la aeronave completa hasta tierra. A ello se suma una estricta planificación de revisiones y mantenimientos periódicos que obliga a inspeccionar continuamente motores, estructuras y sistemas de vuelo. “Las exigencias mecánicas son enormes. Cada componente tiene unos plazos de revisión muy concretos y antes de cada vuelo se realiza una comprobación completa del aparato”, explica.. A lo largo de estos 25 años, el campo de vuelo herrerense se ha convertido también en lugar de encuentro para pilotos procedentes de numerosos puntos de España. Las concentraciones aeronáuticas celebradas periódicamente atraen a decenas de aeronaves y permiten compartir experiencias entre aficionados de diferentes generaciones y procedencias. El reciente aniversario volvió a demostrar la capacidad de convocatoria de unas instalaciones que, pese a encontrarse en una localidad de tamaño medio, han conseguido hacerse un hueco en el panorama nacional de la aviación deportiva.. “Han venido pilotos de muchos lugares y hasta algunos belgas. Eso demuestra que el aeródromo es conocido y apreciado dentro del sector”, destaca López.. La actividad no se detendrá tras la celebración del aniversario. Entre las próximas citas figura la llegada de una etapa de la Vuelta Aérea de Ultraligeros, un evento que volverá a reunir en Herrera a varias decenas de aeronaves y que contribuirá a dinamizar la comarca el próximo mes de agosto.. Además, el aeródromo se prepara para otro acontecimiento llamado a atraer visitantes de numerosos países: el eclipse solar total, cuya franja de máxima visibilidad atravesará buena parte de la provincia palentina. “Llevamos tiempo oyendo que muchos alojamientos de la zona tienen reservas hechas desde hace meses. Puede ser un acontecimiento espectacular”, comenta.. Sobre cómo imagina el aeródromo dentro de otros 25 años, Ernesto López sonríe antes de responder. “Yo seguramente ya no estaré para verlo”, bromea. Sin embargo, confía en que la instalación continúe creciendo y consolidando el trabajo realizado durante este cuarto de siglo. La llegada de nuevos pilotos, el interés que sigue despertando la escuela y la incorporación de personas jóvenes al club alimentan el optimismo de quienes llevan años dedicando tiempo y esfuerzo a mantener viva esta afición.. “Vamos bien. Seguimos creciendo y creando afición. Me imagino un aeródromo parecido al actual, pero con más hangares, más aviones y más gente”, señala y esa es, precisamente, la imagen que mejor resume la trayectoria de este aeródromo de Herrera de Pisuerga, la de un proyecto nacido de la ilusión de un puñado de aficionados que, veinticinco años después, sigue mirando al cielo con las mismas ganas de volar que el primer día.
Nacido del empeño de un grupo de aficionados a finales de los noventa, el aeródromo de Herrera de Pisuerga ha formado a más de un centenar de pilotos, atrae visitantes de distintos países y se ha consolidado como uno de los referentes de la aviación
Hace veinticinco años, cuando un pequeño grupo de entusiastas de la aviación decidió poner en marcha un aeródromo en Herrera de Pisuerga, pocos podían imaginar que aquel proyecto acabaría convirtiéndose en uno de los principales puntos de referencia para los amantes del vuelo ultraligero en el norte de España. Lo que comenzó como la aventura de una veintena de aficionados es hoy una instalación consolidada, con escuela de pilotos autorizada, más de 100 alumnos formados y una actividad que atrae cada año a visitantes llegados desde distintos puntos del país e incluso del extranjero.. El pasado fin de semana, el aeródromo celebró su 25 aniversario y reunió a cerca de medio centenar de aeronaves y a decenas de pilotos procedentes de comunidades como Madrid, La Rioja, Cataluña o Extremadura, además de participantes llegados desde Francia y Bélgica. Una fiesta aeronáutica que sirvió para echar la vista atrás y recordar cómo una iniciativa nacida prácticamente de la pasión por volar ha conseguido mantenerse viva durante un cuarto de siglo.. “Ahora parece más sencillo porque todo está hecho, pero siempre hay dificultades cuando se empieza algo así”, recuerda Ernesto López, socio fundador de Aeroperfils e instructor de vuelo. “Hace 25 años había menos normativa y menos trámites. Hoy para cualquier actuación hay que pedir permisos para todo. Es bastante más complicado”, explica a la Agencia Ical.. Aquellos primeros años poco tienen que ver con la realidad actual. Los aviones eran mucho más sencillos, los medios escasos y la aviación ultraligera todavía era una actividad prácticamente desconocida para buena parte de la población. “Aprendíamos con un avión de tubo y tela que iba muy despacio. Eran aparatos muy básicos, fáciles de reparar y que volaban a velocidades que hoy parecen impensables. Ahora hay ultraligeros que superan los 300 kilómetros por hora”, comenta López entre risas al recordar aquellos inicios.. La historia del aeródromo está estrechamente ligada a la del club Aeroperfils, impulsado por un grupo de aficionados que compartían la misma pasión por la aviación. Aunque algunos de los socios iniciales fueron abandonando la actividad con el paso de los años, todavía permanecen vinculados varios de aquellos pioneros que participaron en la puesta en marcha de las instalaciones.. Actualmente el club cuenta con más de una veintena de socios activos, una cifra modesta pero muy significativa para una actividad especializada como la aviación deportiva. “Lo bueno es que aquí prácticamente todos vuelan. Hay aeródromos con muchos más socios donde apenas utilizan los aviones tres o cuatro personas. Nosotros mantenemos una actividad constante”, señala López.. Esa continuidad ha sido posible gracias, en gran medida, a la escuela de pilotos que funciona en las instalaciones y que se ha convertido en uno de los principales motores del aeródromo. Desde su creación ha permitido formar a más de un centenar de pilotos de ultraligero y ha servido para incorporar nuevas generaciones a una afición tradicionalmente vinculada a personas de mayor edad.. “La escuela es fundamental porque trae sangre nueva. Muchos alumnos realizan el curso, obtienen la licencia y después continúan vinculados al club. Algunos terminan comprando un avión o participando de forma habitual en las actividades”, explica.. El perfil de quienes se acercan a aprender a volar es de lo más diverso. Desde profesionales con una larga trayectoria laboral hasta jóvenes que sueñan con convertirse algún día en pilotos comerciales. También llegan personas que simplemente desean cumplir una ilusión que arrastran desde la infancia.. “Aquí hay gente de todo tipo. Personas muy sencillas y otras con una posición económica más alta, pero cuando estamos en el aeródromo todos somos iguales. Compartimos la misma pasión y eso elimina cualquier diferencia”, asegura el instructor.. La escuela ofrece la formación necesaria para obtener la licencia de piloto de ultraligero, una titulación regulada por Aviación Civil que exige superar una parte teórica y un mínimo de quince horas de vuelo práctico, aunque habitualmente los alumnos completan alguna más antes de examinarse. Las materias abarcan desde navegación aérea hasta conocimientos de meteorología, mecánica o medicina aeronáutica. Un programa que, según López, requiere dedicación, pero está al alcance de cualquier persona interesada. “Hay que estudiar, claro, pero es perfectamente superable. Lo importante es tener ganas y constancia”, resume.. Muchos de los alumnos llegan tras realizar previamente un vuelo de divulgación o un bautismo aéreo, una de las actividades más populares que organizan durante todo el año. Los participantes pueden subir a bordo de un ultraligero acompañados por un instructor y descubrir desde el aire algunos de los paisajes más espectaculares del norte peninsular. Una experiencia que, según quienes la prueban, suele dejar huella. “Al principio la gente está algo tensa, es normal. Pero en cuanto despegan y comprueban cómo se comporta el avión, se relajan y empiezan a disfrutar. Es una sensación difícil de explicar. Ver el paisaje desde arriba cambia completamente la perspectiva”, afirma.. Uno de los grandes atractivos de la actividad desarrollada en Herrera de Pisuerga es precisamente el entorno natural sobre el que se realizan los vuelos. Desde el aeródromo se organizan rutas hacia la Montaña Palentina, los Picos de Europa, el embalse del Ebro, la costa cántabra o diferentes puntos de Castilla y León. Gracias a la autonomía de los actuales ultraligeros, que puede rondar los mil kilómetros, las posibilidades son prácticamente ilimitadas. “No es raro que alguien quiera sobrevolar el pueblo donde nació o la montaña donde hacía senderismo hace años. Desde el aire todo se ve de una forma completamente distinta”, explica López.. La capacidad de estos vuelos para mostrar el territorio desde una perspectiva diferente ha convertido al aeródromo en un atractivo turístico complementario para la provincia. Los bautismos aéreos atraen a visitantes de Palencia, Burgos, Cantabria y otras provincias cercanas y generan movimiento económico, además de contribuir a dar visibilidad a una comarca que encuentra en la aviación un elemento diferenciador. “El aeródromo está poniendo a Herrera en el mapa”, afirma convencido el instructor. “Mucha gente conoce ahora el municipio gracias a la actividad aeronáutica”.. Uno de los aspectos sobre los que más insiste el personal es la seguridad. Pese a que todavía persisten ciertos recelos hacia los ultraligeros, quienes trabajan diariamente en este ámbito consideran que existe un gran desconocimiento sobre las medidas de control y mantenimiento que rodean a estas aeronaves. “La percepción de riesgo es mucho mayor que el riesgo real”, sostiene López. “Yo también soy motero y sinceramente me siento más seguro volando que circulando en moto”.. El instructor atribuye parte de esa imagen a la escasa cultura aeronáutica existente en España. “A muchas personas les impresiona subir a un avión pequeño y verse a cierta altura, pero cuando conocen cómo funciona todo cambian de opinión”.. Los actuales ultraligeros incorporan avances tecnológicos impensables hace dos décadas. Algunos incluso cuentan con sistemas de paracaídas balístico capaces de desplegarse en caso de emergencia y descender la aeronave completa hasta tierra. A ello se suma una estricta planificación de revisiones y mantenimientos periódicos que obliga a inspeccionar continuamente motores, estructuras y sistemas de vuelo. “Las exigencias mecánicas son enormes. Cada componente tiene unos plazos de revisión muy concretos y antes de cada vuelo se realiza una comprobación completa del aparato”, explica.. A lo largo de estos 25 años, el campo de vuelo herrerense se ha convertido también en lugar de encuentro para pilotos procedentes de numerosos puntos de España. Las concentraciones aeronáuticas celebradas periódicamente atraen a decenas de aeronaves y permiten compartir experiencias entre aficionados de diferentes generaciones y procedencias. El reciente aniversario volvió a demostrar la capacidad de convocatoria de unas instalaciones que, pese a encontrarse en una localidad de tamaño medio, han conseguido hacerse un hueco en el panorama nacional de la aviación deportiva.. “Han venido pilotos de muchos lugares y hasta algunos belgas. Eso demuestra que el aeródromo es conocido y apreciado dentro del sector”, destaca López.. La actividad no se detendrá tras la celebración del aniversario. Entre las próximas citas figura la llegada de una etapa de la Vuelta Aérea de Ultraligeros, un evento que volverá a reunir en Herrera a varias decenas de aeronaves y que contribuirá a dinamizar la comarca el próximo mes de agosto.. Además, el aeródromo se prepara para otro acontecimiento llamado a atraer visitantes de numerosos países: el eclipse solar total, cuya franja de máxima visibilidad atravesará buena parte de la provincia palentina. “Llevamos tiempo oyendo que muchos alojamientos de la zona tienen reservas hechas desde hace meses. Puede ser un acontecimiento espectacular”, comenta.. Sobre cómo imagina el aeródromo dentro de otros 25 años, Ernesto López sonríe antes de responder. “Yo seguramente ya no estaré para verlo”, bromea. Sin embargo, confía en que la instalación continúe creciendo y consolidando el trabajo realizado durante este cuarto de siglo. La llegada de nuevos pilotos, el interés que sigue despertando la escuela y la incorporación de personas jóvenes al club alimentan el optimismo de quienes llevan años dedicando tiempo y esfuerzo a mantener viva esta afición.. “Vamos bien. Seguimos creciendo y creando afición. Me imagino un aeródromo parecido al actual, pero con más hangares, más aviones y más gente”, señala y esa es, precisamente, la imagen que mejor resume la trayectoria de este aeródromo de Herrera de Pisuerga, la de un proyecto nacido de la ilusión de un puñado de aficionados que, veinticinco años después, sigue mirando al cielo con las mismas ganas de volar que el primer día.
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