1. Todo parece indicar que el novelista chino Feng Menlong, que vivió entre 1574 y 1646, en los años finales de la dinastía Ming, fue el autor de una frase que ha tenido el éxito de la trascendencia gracias a su sutil sabiduría oriental: “Mejor ser un perro en tiempos de paz que una persona en tiempos de caos”, escribió el neoconfuciano y su máxima, por resultar en tantas ocasiones verificable, ha tenido luego diversas variantes, de difícil atribución en su autoría, aunque expresan una misma verdad: “Sálvenos Dios de vivir momentos históricos”.. Seguir leyendo
Ojalá una cordura que de momento parece esquiva salve a mi país del panorama que se vislumbra, y en vez de caos tengamos normalidad
1. Todo parece indicar que el novelista chino Feng Menlong, que vivió entre 1574 y 1646, en los años finales de la dinastía Ming, fue el autor de una frase que ha tenido el éxito de la trascendencia gracias a su sutil sabiduría oriental: “Mejor ser un perro en tiempos de paz que una persona en tiempos de caos”, escribió el neoconfuciano y su máxima, por resultar en tantas ocasiones verificable, ha tenido luego diversas variantes, de difícil atribución en su autoría, aunque expresan una misma verdad: “Sálvenos Dios de vivir momentos históricos”.. Todos sabemos, con plena conciencia de ello desde finales del siglo XVIII, que los hombres vivimos en la Historia, y que si algunos individuos son motores de las alteraciones de esa avasallante maquinaria, otros muchos apenas resultan ser figurantes, simples objetos de las convulsiones de los acontecimientos —“tiempos de caos”—, aunque no por ello se libran de sus efectos.. La certeza de tener no solo conciencia, sino la persistente y repetida constatación de que se viven momentos, procesos, coyunturas trascendentes, que afectan o inciden en cada situación de las vidas individuales de una comunidad en un período más prolongado, es la razón por la que un personaje de mis novelas define ese sentimiento como “cansancio histórico”, confrontándolo con la posibilidad de vivir en algún margen apacible y hasta anodino, quizás gratificados con la paz del dichoso perro de Feng Menglong.. 2. Desde hace décadas, los cubanos vivimos en coyunturas históricas. El discurso oficial se ha encargado de recordárnoslo cuando, con justificada o voluntariosa insistencia, nos ha advertido de que los acontecimientos en curso tienen carácter histórico. Y lo mismo puede ser una crisis —proceso que ya nos resulta tan familiar que hemos olvidado cómo sería no estar atravesando alguna— que un congreso, un evento deportivo o una zafra azucarera. Todo se ha vuelto histórico, hasta el hartazgo.. Imbuido por tanta historicidad, que puede ser incluso real, en algún momento dije que me gustaría vivir en un país menos histórico y más normal. Para mi sorpresa, con la expresión de ese deseo personal desaté la furia de ciertos defensores a ultranza del sistema político cubano que me acusaron de pretender que mi país viviera la normalidad de ciertas sociedades asoladas por las desigualdades y la pobreza, pues inferían que esa era mi percepción de la normalidad en contraposición con la historicidad —no sé si es válido llamarla así— que vivía mi país. Incluso cuestionaron mi derecho a hablar de mi contexto si era para cuestiones como añorar normalidad.. 3. Hoy, ahora mismo, Cuba vive un indudable y muy dramático momento histórico. Una serie de procesos de carácter doméstico y una asfixiante presión foránea han puesto a la sociedad cubana en una encrucijada que no solo afecta el presente de sus ciudadanos, sino que debe —y todo parece indicar que lo hará— definir el carácter futuro de esa sociedad. Historia e incertidumbre en ebullición.. Por un lado, han alimentado esta dramática situación las propias ineficiencias económicas y el inmovilismo político del sistema cubano, que, reacio a realizar transformaciones más profundas del modelo sociopolítico y económico, ha propiciado que se hayan hecho mucho más manifiestas las necesidades de cambios estructurales para intentar superar una crisis que se arrastra por tres décadas y que, en los últimos años, ha entrado en su fase más álgida. Una crisis que ha propiciado la desigualdad mientras ha empobrecido a gran parte de la población, que sufre el deterioro de sus niveles de vida mientras padece, entre otros avatares, de interminables apagones o falta de medicamentos. Una crisis que ha provocado un éxodo masivo que sobrepasa 1.200.000 personas y puede estar cerca de los dos millones de cubanos sumados a la diáspora. La misma crisis que ha permitido el deterioro creciente de infraestructuras y, entre otras cuestiones muy sensibles, ha generado la acumulación callejera de desperdicios, con todas las consecuencias urbanísticas y sanitarias que algo así puede propiciar.. Del otro lado, está el peso enorme del casi eterno bloqueo comercial y financiero estadounidense, establecido en 1962 por la presidencia de Kennedy, recrudecido en la década de 1990 con las leyes Torricelli y Helms-Burtonque incluso lo internacionalizaron, y más recientemente convertido en estrategia de asfixia por el Gobierno de Trump y su política de “máxima presión” que ha tenido múltiples modos de ejercitarse hasta llegar al establecimiento del actual bloqueo energético, que impide a la isla recibir el combustible que, si fuera posible adquirirlo, podría hacer menos catastrófica la crisis en marcha y ascenso.. 4. Recordemos algo… Hace 10 años, en La Habana se celebraba un concierto de los Rolling Stones, se recibía la visita del presidente Obama, la casa Chanel realizaba un desfile, mientras por el Malecón habanero corrían los autos de un episodio de Fast & Furious. Ahora nos parece que algo así ocurrió en otra era histórica.. 5. Cuba vivió un momento histórico en los años finales del siglo XIX cuando ya parecía inminente la victoria del Ejército Libertador en su guerra contra la metrópoli española. Se produjo entonces, en 1898, la entrada del ejército estadounidense en la contienda. El pretexto esgrimido fue la voladura, en el puerto de La Habana, del acorazado USS Maine de la Armada de ese país.. La llamada Guerra Hispano-cubano-norteamericana se selló con la aplastante derrota de un agotado ejército español y una ocupación estadounidense del territorio cubano, que sería regido por un gobernador militar enviado por Washington y que solo abandonó la isla cuando se proclamó el nacimiento de la República, en 1902. Pero el nuevo Estado nacía con la humillante existencia de una enmienda constitucional, promovida por el senador Orville Platt, que, entre sus cláusulas, contemplaba que Estados Unidos se reservaba el derecho de intervenir militarmente en la isla para proteger la independencia cubana y, sobre todo, para preservar los intereses de los ciudadanos y empresas del Norte establecidos en Cuba. Y en 1906 ejercieron ese derecho con una nueva intervención que colocó al frente del Gobierno a otro interventor militar.. Solo en 1934, cuando ya no parecía tan necesaria, fue derogada esa onerosa enmienda constitucional.. 6. Lo que pone más dramatismo al momento histórico actual y la causa que genera la más nerviosa incertidumbre sobre un futuro que puede ser inmediato es la actitud política del Gobierno estadounidense respecto a su relación con la isla, manifestada en repetidas ocasiones.. Qué podrá ocurrir en las próximas semanas, quizás en los próximos días, es una muy dramática interrogación. Qué reformas o cambios está dispuesto a hacer el Gobierno cubano, que insiste en preservar la potestad de decidir soberanamente los destinos del país, es otra interrogación. Y, como añadido, ¿hay en curso alguna solución para superar esta apabullante crisis?. Como he dicho en otras ocasiones, Cuba necesita cambios. Económicos, sociales, políticos. Pero no porque Estados Unidos, con su postura abiertamente imperialista, tan alarmantemente parecida a la de 1898 —esos rizos de la Historia—, obligue a hacerlos, con la amenaza o incluso el uso de la fuerza militar, como puede ocurrir en este momento histórico. Cuba precisa de cambios porque los cubanos los necesitan, entre otras razones, para evitar el caos social y aliviar las paupérrimas condiciones de vida de muchos de sus ciudadanos.. Ojalá una cordura, que de momento parece tan esquiva, un diálogo político que supere los fundamentalismos de parte y parte, unas soluciones que eviten el caos que puede provocarse con decisiones drásticas impidan que se manifieste la furia de las armas y salve a mi país del panorama que sin duda se vislumbra en el horizonte.. Y que en lugar del caos, tengamos la normalidad de quedar un poco al margen de la agotadora Historia y, quizás, hasta con el beneficio de la paz del dichoso perro chino.
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