El eterno debate familiar sobre quién lo tuvo más difícil en la infancia acaba de recibir un respaldo académico. Investigadores de la Monash University en Australia han demostrado que los hijos nacidos más tarde crecen bajo normas más laxas que los primogénitos, un patrón que se refleja en su rutina diaria: dedican más tiempo a pantallas y menos a actividades educativas o estructuradas.. El estudio analizó los hábitos de unos 5.000 niños de entre dos y quince años, combinando diarios de actividades completados por los padres y autorregistros de los propios menores. Los investigadores observaron que los segundos y terceros hijos pasan entre nueve y catorce minutos adicionales al día consumiendo televisión, videojuegos, redes sociales o internet. Los primogénitos, en cambio, dedican más tiempo a actividades como lectura, música, deberes o juegos de mesa, lo que sugiere un entorno más estructurado y con expectativas más claras.. La explicación: los padres relajan las normas con cada nuevo hijo. Los autores del estudio señalan que los padres tienden a ser más estrictos con el primer hijo, estableciendo normas claras sobre pantallas, horarios y responsabilidades. Con los siguientes, esa vigilancia disminuye. Los menores nacidos después no solo tienen menos reglas, sino que también perciben que sus padres esperan menos disciplina de ellos. Este patrón coincide con investigaciones previas de 2015, que ya mostraban que los padres son menos propensos a castigar a los hijos menores por malas notas o por incumplir normas relacionadas con la televisión.. El estudio detectó un matiz interesante: entre las segundas hijas, la percepción de normas estrictas disminuye cuando la hermana mayor también es niña. En cambio, si el primogénito es un niño, las expectativas parentales se mantienen más estables.. Los investigadores señalan que esta diferencia en la crianza no es nueva. Series como Bridgerton ya representan al primogénito cargando con el peso de las expectativas familiares, mientras los hermanos menores disfrutan de mayor libertad. Incluso en realities como Keeping Up With the Kardashians, las hermanas pequeñas —como Kylie y Kendall Jenner— crecieron con un entorno más flexible que sus mayores. El equipo de Monash resume así sus hallazgos: a medida que los hijos crecen, los padres relajan las reglas, y esa menor supervisión se traduce en más tiempo frente a pantallas para los nacidos después.
Un estudio con 5.000 menores revela que los padres relajan las normas con cada nuevo hijo, lo que se traduce en más uso de dispositivos y menos actividades de enriquecimiento
El eterno debate familiar sobre quién lo tuvo más difícil en la infancia acaba de recibir un respaldo académico. Investigadores de la Monash University en Australia han demostrado que los hijos nacidos más tarde crecen bajo normas más laxas que los primogénitos, un patrón que se refleja en su rutina diaria: dedican más tiempo a pantallas y menos a actividades educativas o estructuradas.. El estudio analizó los hábitos de unos 5.000 niños de entre dos y quince años, combinando diarios de actividades completados por los padres y autorregistros de los propios menores. Los investigadores observaron que los segundos y terceros hijos pasan entre nueve y catorce minutos adicionales al día consumiendo televisión, videojuegos, redes sociales o internet. Los primogénitos, en cambio, dedican más tiempo a actividades como lectura, música, deberes o juegos de mesa, lo que sugiere un entorno más estructurado y con expectativas más claras.. Los autores del estudio señalan que los padres tienden a ser más estrictos con el primer hijo, estableciendo normas claras sobre pantallas, horarios y responsabilidades. Con los siguientes, esa vigilancia disminuye. Los menores nacidos después no solo tienen menos reglas, sino que también perciben que sus padres esperan menos disciplina de ellos. Este patrón coincide con investigaciones previas de 2015, que ya mostraban que los padres son menos propensos a castigar a los hijos menores por malas notas o por incumplir normas relacionadas con la televisión.. El estudio detectó un matiz interesante: entre las segundas hijas, la percepción de normas estrictas disminuye cuando la hermana mayor también es niña. En cambio, si el primogénito es un niño, las expectativas parentales se mantienen más estables.. Los investigadores señalan que esta diferencia en la crianza no es nueva. Series como Bridgerton ya representan al primogénito cargando con el peso de las expectativas familiares, mientras los hermanos menores disfrutan de mayor libertad. Incluso en realities como Keeping Up With the Kardashians, las hermanas pequeñas —como Kylie y Kendall Jenner— crecieron con un entorno más flexible que sus mayores. El equipo de Monash resume así sus hallazgos: a medida que los hijos crecen, los padres relajan las reglas, y esa menor supervisión se traduce en más tiempo frente a pantallas para los nacidos después.
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