Excepcional. Probablemente sea este el mejor adjetivo, y es quedarse corto, para definir la exposición que en estos días puede verse en la sede de Casa América en Barcelona. Estamos ante una ocasión única para conocer de primera mano lo que fue el Infrarrealismo, aquella bendita locura literaria que tuvo en Roberto Bolaño a uno de sus principales partícipes. Surgido en México a mediados de la década de los 70, dicha corriente provocadora y creativa se explica en la muestra a partir de los muchos y jugosos documentos, así como abundantes primeras ediciones procedentes de la Colección López-Triquell.. Para valorar la importancia de esta propuesta debemos preguntarnos de qué estamos hablando. ¿Qué era el Infrarrealismo? Pues de un grupo de jóvenes poetas latinoamericanos, hijos legítimos literarios de César Vallejo y Arthur Rimbaud, y que formaban parte de la contracultura y de grupos de izquierda. El otro denominador común era el rechazo a todo aquello que oliera a institucionalidad literaria mexicana en un tiempo en el que todo eso era sinónimo de Octavio Paz. Bolaño es hoy el más conocido de los que integraron esa orden de caballería literaria que también tuvo en sus filas a, entre otros, Mario Santiago Papasquiaro, Bruno Montané, Pita Ochoa H. o Rubén Medina.. El fondo recopilado por López-Triquell nos permite ir hasta la raíz del asunto con la presentación de primeras ediciones de los maestros literarios del grupo, es decir, además de Vallejo, Apollinaire, Enrique González Rojo, Oliverio Girondo, Enrique Lihn, Nicanor Parra o Alejandra Pizarnik. Bolaño fue el introductor del término «infrarrealismo» con el que se quería hacer referencia a lo que se podría considerar como una realidad oculta o marginal, situada fuera de los discursos dominantes. La inspiración eran los «infrasoles», las estrellas invisibles que no aparecen en los mapas celeste. El grupo buscaba explorar lo que queda fuera de la visibilidad social, política y cultural.. Esa influencia se traduce en una serie de publicaciones que, en ocasiones, tenía una vida efímera. Hablamos de fanzines, carteles o panfletos destinados a no perdurar, pero que han sobrevivido gracias a las indagaciones bibliófilas, la arqueología de papel de López-Triquell. De esta manera conocemos de primera mano lo que fueron órganos editoriales como «Correspondencia Infra», la denominada como revista menstrual –no es una errata– del movimiento infrarrealista y que vio la luz por primera vez en noviembre de 1977. En Barcelona, los infrarrealistas Roberto Bolaño y Bruno Montané, en esas mismas fechas, dieron a conocer desde Barcelona su particular revista «Rimbaud, vuelve a casa», cuya maqueta original también se exhibe en Casa América.. Uno de los platos fuertes de la exposición es la correspondencia cruzada entre los integrantes del movimiento. Impacta ver los manuscritos de las misivas de Mara Larrosa a Bruno Montané, las de Roberto Bolaño a Jorge Pimentel y Margarita Caballero, las de Mario Santiago Papasquiaro a esta última o las de Mara Larrosa a Rubén Medina o Carmen Ollé. Igualmente López-Triquell nos permite entrar en el taller de escritura de estos autores al mostrarnos manuscritos y mecanoscritos de poemas de Bolaño, Claudia Kerik o el siempre reivindicable y maldito Raúl Núñez, el autor de esa obra maestra titulada «Sinatra».. La exposición reflexiona sobre el legado infrarrealista en su recta final bajo la sombra alargada de Roberto Bolaño, con curiosidades como la entrevista última que concede a «Playboy» en 2003.
Casa América recoge documentos en la colección López-Triquell del grupo al que perteneció Roberto Bolaño
Excepcional. Probablemente sea este el mejor adjetivo, y es quedarse corto, para definir la exposición que en estos días puede verse en la sede de Casa América en Barcelona. Estamos ante una ocasión única para conocer de primera mano lo que fue el Infrarrealismo, aquella bendita locura literaria que tuvo en Roberto Bolaño a uno de sus principales partícipes. Surgido en México a mediados de la década de los 70, dicha corriente provocadora y creativa se explica en la muestra a partir de los muchos y jugosos documentos, así como abundantes primeras ediciones procedentes de la Colección López-Triquell.. Para valorar la importancia de esta propuesta debemos preguntarnos de qué estamos hablando. ¿Qué era el Infrarrealismo? Pues de un grupo de jóvenes poetas latinoamericanos, hijos legítimos literarios de César Vallejo y Arthur Rimbaud, y que formaban parte de la contracultura y de grupos de izquierda. El otro denominador común era el rechazo a todo aquello que oliera a institucionalidad literaria mexicana en un tiempo en el que todo eso era sinónimo de Octavio Paz. Bolaño es hoy el más conocido de los que integraron esa orden de caballería literaria que también tuvo en sus filas a, entre otros, Mario Santiago Papasquiaro, Bruno Montané, Pita Ochoa H. o Rubén Medina.. El fondo recopilado por López-Triquell nos permite ir hasta la raíz del asunto con la presentación de primeras ediciones de los maestros literarios del grupo, es decir, además de Vallejo, Apollinaire, Enrique González Rojo, Oliverio Girondo, Enrique Lihn, Nicanor Parra o Alejandra Pizarnik. Bolaño fue el introductor del término «infrarrealismo» con el que se quería hacer referencia a lo que se podría considerar como una realidad oculta o marginal, situada fuera de los discursos dominantes. La inspiración eran los «infrasoles», las estrellas invisibles que no aparecen en los mapas celeste. El grupo buscaba explorar lo que queda fuera de la visibilidad social, política y cultural.. Esa influencia se traduce en una serie de publicaciones que, en ocasiones, tenía una vida efímera. Hablamos de fanzines, carteles o panfletos destinados a no perdurar, pero que han sobrevivido gracias a las indagaciones bibliófilas, la arqueología de papel de López-Triquell. De esta manera conocemos de primera mano lo que fueron órganos editoriales como «Correspondencia Infra», la denominada como revista menstrual –no es una errata– del movimiento infrarrealista y que vio la luz por primera vez en noviembre de 1977. En Barcelona, los infrarrealistas Roberto Bolaño y Bruno Montané, en esas mismas fechas, dieron a conocer desde Barcelona su particular revista «Rimbaud, vuelve a casa», cuya maqueta original también se exhibe en Casa América.. Uno de los platos fuertes de la exposición es la correspondencia cruzada entre los integrantes del movimiento. Impacta ver los manuscritos de las misivas de Mara Larrosa a Bruno Montané, las de Roberto Bolaño a Jorge Pimentel y Margarita Caballero, las de Mario Santiago Papasquiaro a esta última o las de Mara Larrosa a Rubén Medina o Carmen Ollé. Igualmente López-Triquell nos permite entrar en el taller de escritura de estos autores al mostrarnos manuscritos y mecanoscritos de poemas de Bolaño, Claudia Kerik o el siempre reivindicable y maldito Raúl Núñez, el autor de esa obra maestra titulada «Sinatra».. La exposición reflexiona sobre el legado infrarrealista en su recta final bajo la sombra alargada de Roberto Bolaño, con curiosidades como la entrevista última que concede a «Playboy» en 2003.
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