Más de un millón de infecciones de transmisión sexual se adquieren cada día en el mundo. Muchas de ellas pasan desapercibidas y, sin embargo, siguen estando detrás de un número significativo de problemas de fertilidad que se diagnostican años después.. Las novedades más recientes no cambian la idea de fondo: las infecciones de transmisión sexual (ETS) continúan siendo una causa importante y, en gran medida, prevenible, de infertilidad, especialmente en el caso de la clamidia, la gonorrea o la sífilis. Su impacto se debe a su capacidad de provocar enfermedad inflamatoria pélvica (EIP), daño tubárico y complicaciones en el embarazo cuando no se detectan y tratan a tiempo.. Entre las más frecuentes en población en edad reproductiva se encuentran la clamidia, la gonorrea, el virus del papiloma humano (VPH), así como microorganismos como la micoplasma o el ureaplasma.. Lo que las hace especialmente relevantes no es solo su prevalencia, sino su capacidad de provocar daños estructurales antes de que el paciente sea consciente de haberlas contraído.. En la mayoría de los casos, estas infecciones cursan de forma asintomática o con manifestaciones leves y poco específicas. Se estima que hasta el 70–80% de las infecciones por clamidia en mujeres no presentan síntomas, lo que facilita su evolución silenciosa durante meses o incluso años. Esta ausencia de signos de alarma retrasa el diagnóstico y aumenta el riesgo de secuelas sobre la fertilidad.. En la mujer, el principal mecanismo de afectación es la progresión hacia una enfermedad inflamatoria pélvica (EIP). Cuando infecciones como la clamidia o la gonorrea no se tratan adecuadamente pueden ascender desde el tracto genital inferior hasta el útero, las trompas de Falopio e incluso los ovarios, generando inflamación, adherencias y obstrucción tubárica.. Se estima que hasta un 20% de las mujeres con infección por clamidia no tratada pueden desarrollar infertilidad como consecuencia de este proceso. Además, aumenta de forma significativa el riesgo de embarazo ectópico. En el caso del VPH, su relevancia se centra en las lesiones cervicales que puede producir si no se detecta y se trata de forma precoz.. En el varón, las infecciones de transmisión sexual también pueden comprometer la fertilidad. Procesos como la gonorrea o la clamidia pueden causar epididimitis u obstrucción de la vía seminal, con reducción del número de espermatozoides o incluso ausencia de los mismos en el eyaculado.. Asimismo, incluso en ausencia de obstrucción, algunas infecciones pueden alterar parámetros seminales fundamentales como la movilidad, la morfología o la integridad del ADN espermático. Estas alteraciones pueden afectar la capacidad fecundante del espermatozoide y la calidad embrionaria, incluso cuando el seminograma convencional se encuentra dentro de rangos normales.. En los últimos años, organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades (ECDC) han intensificado sus advertencias. El aumento sostenido de las infecciones en varias regiones, así como el incremento de la sífilis materna y congénita, ha reforzado la necesidad de actuar antes: diagnóstico precoz, tratamiento rápido y prevención, especialmente en mujeres en edad reproductiva. La mayoría de las infecciones de transmisión sexual son tratables si se diagnostican a tiempo. Un diagnóstico precoz, seguido del tratamiento adecuado y un control posterior que confirme la resolución de la infección, puede evitar que estas patologías dejen secuelas en el aparato reproductor.. En la práctica clínica, uno de los errores más habituales es subestimar infecciones leves o asumir que, en ausencia de síntomas, no existe riesgo. Un simple estudio infeccioso en una revisión ginecológica puede marcar la diferencia entre preservar la fertilidad o condicionarla a largo plazo. Por este motivo, en las unidades de fertilidad se incluye de forma sistemática el estudio infeccioso dentro del protocolo diagnóstico inicial de la pareja, dado que estas infecciones pueden influir directamente en los resultados de los tratamientos de reproducción asistida.. Para los pacientes en los que el daño reproductivo ya se ha producido, la medicina reproductiva ofrece alternativas eficaces. La fecundación in vitro permite superar la obstrucción tubárica cuando esta es irreversible. En el varón, la recuperación espermática quirúrgica asociada a la microinyección intracitoplasmática de espermatozoides (ICSI) permite obtener tasas de éxito reproductivo incluso en casos de afectación severa.. Las ETS representan un riesgo para la salud reproductiva que con frecuencia se subestima. La diferencia hoy no está solo en tratar, sino en diagnosticar antes de que el daño sea irreversible.. La prevención, el cribado y la consulta temprana siguen siendo las herramientas más eficaces para proteger la fertilidad. Porque, en muchos casos, no se trata de hacer más tratamientos, sino de llegar a tiempo.
Hace unos días se conoció la explosión de casos de sífilis y gonorrea que sufre Europa, un grave problema para la salud y la fertilidad
Más de un millón de infecciones de transmisión sexual se adquieren cada día en el mundo. Muchas de ellas pasan desapercibidas y, sin embargo, siguen estando detrás de un número significativo de problemas de fertilidad que se diagnostican años después.. Las novedades más recientes no cambian la idea de fondo: las infecciones de transmisión sexual (ETS) continúan siendo una causa importante y, en gran medida, prevenible, de infertilidad, especialmente en el caso de la clamidia, la gonorrea o la sífilis. Su impacto se debe a su capacidad de provocar enfermedad inflamatoria pélvica (EIP), daño tubárico y complicaciones en el embarazo cuando no se detectan y tratan a tiempo.. Entre las más frecuentes en población en edad reproductiva se encuentran la clamidia, la gonorrea, el virus del papiloma humano (VPH), así como microorganismos como la micoplasma o el ureaplasma.. Lo que las hace especialmente relevantes no es solo su prevalencia, sino su capacidad de provocar daños estructurales antes de que el paciente sea consciente de haberlas contraído.. En la mayoría de los casos, estas infecciones cursan de forma asintomática o con manifestaciones leves y poco específicas. Se estima que hasta el 70–80% de las infecciones por clamidia en mujeres no presentan síntomas, lo que facilita su evolución silenciosa durante meses o incluso años. Esta ausencia de signos de alarma retrasa el diagnóstico y aumenta el riesgo de secuelas sobre la fertilidad.. En la mujer, el principal mecanismo de afectación es la progresión hacia una enfermedad inflamatoria pélvica (EIP). Cuando infecciones como la clamidia o la gonorrea no se tratan adecuadamente pueden ascender desde el tracto genital inferior hasta el útero, las trompas de Falopio e incluso los ovarios, generando inflamación, adherencias y obstrucción tubárica.. Se estima que hasta un 20% de las mujeres con infección por clamidia no tratada pueden desarrollar infertilidad como consecuencia de este proceso. Además, aumenta de forma significativa el riesgo de embarazo ectópico. En el caso del VPH, su relevancia se centra en las lesiones cervicales que puede producir si no se detecta y se trata de forma precoz.. En el varón, las infecciones de transmisión sexual también pueden comprometer la fertilidad. Procesos como la gonorrea o la clamidia pueden causar epididimitis u obstrucción de la vía seminal, con reducción del número de espermatozoides o incluso ausencia de los mismos en el eyaculado.. Asimismo, incluso en ausencia de obstrucción, algunas infecciones pueden alterar parámetros seminales fundamentales como la movilidad, la morfología o la integridad del ADN espermático. Estas alteraciones pueden afectar la capacidad fecundante del espermatozoide y la calidad embrionaria, incluso cuando el seminograma convencional se encuentra dentro de rangos normales.. En los últimos años, organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades (ECDC) han intensificado sus advertencias. El aumento sostenido de las infecciones en varias regiones, así como el incremento de la sífilis materna y congénita, ha reforzado la necesidad de actuar antes: diagnóstico precoz, tratamiento rápido y prevención, especialmente en mujeres en edad reproductiva. La mayoría de las infecciones de transmisión sexual son tratables si se diagnostican a tiempo. Un diagnóstico precoz, seguido del tratamiento adecuado y un control posterior que confirme la resolución de la infección, puede evitar que estas patologías dejen secuelas en el aparato reproductor.. En la práctica clínica, uno de los errores más habituales es subestimar infecciones leves o asumir que, en ausencia de síntomas, no existe riesgo. Un simple estudio infeccioso en una revisión ginecológica puede marcar la diferencia entre preservar la fertilidad o condicionarla a largo plazo. Por este motivo, en las unidades de fertilidad se incluye de forma sistemática el estudio infeccioso dentro del protocolo diagnóstico inicial de la pareja, dado que estas infecciones pueden influir directamente en los resultados de los tratamientos de reproducción asistida.. Para los pacientes en los que el daño reproductivo ya se ha producido, la medicina reproductiva ofrece alternativas eficaces. La fecundación in vitro permite superar la obstrucción tubárica cuando esta es irreversible. En el varón, la recuperación espermática quirúrgica asociada a la microinyección intracitoplasmática de espermatozoides (ICSI) permite obtener tasas de éxito reproductivo incluso en casos de afectación severa.. Las ETS representan un riesgo para la salud reproductiva que con frecuencia se subestima. La diferencia hoy no está solo en tratar, sino en diagnosticar antes de que el daño sea irreversible.. La prevención, el cribado y la consulta temprana siguen siendo las herramientas más eficaces para proteger la fertilidad. Porque, en muchos casos, no se trata de hacer más tratamientos, sino de llegar a tiempo.
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