La Duodécima Copa de Europa del Real Madrid tendrá que esperar. El Olympiacos se proclamó campeón de la Euroliga en un partido en el que el Madrid guerreó hasta el último minuto. Durante casi toda la final el Madrid fue capaz de disimular las ausencias de sus tres gigantes, Tavares, Len y Garuba. Ante el mejor equipo de Europa al Madrid el partido se le terminó haciendo demasiado largo. El desgaste provocado por el arsenal de los griegos, la inferioridad en el rebote y la falta de puntería en el tramo final acabaron con las opciones de un equipo que compitió sobreponiéndose al cúmulo de adversidades de los últimos 25 días.. El ADN del Real Madrid, la experiencia en partidos de esta dimensión, la creencia y la fe en el plan de Scariolo… y la explosiva aportación de Trey Lyles. A los dos primeros cuartos del Real Madrid costaba ponerle pegas en la final de la Euroliga. La inferioridad en el rebote, como la carencia de kilos y centímetros, era indisimulable. Se trataba de trampear lo más posible el camino al Olympiacos. Y lo hizo el Madrid con una defensa asfixiante que durante muchos minutos no supieron solucionar los griegos. Con una rotación muy limitada, apenas nueve jugadores, fue capaz de aplacar la primera embestida de los griegos. No hubo una mala decisión en el comienzo del partido y la puntería estuvo en unos niveles muy elevadas. El Madrid sólo falló un triple en sus primeros cinco intentos. El equipo buscó y encontró a un Trey Lyles que fue un enigma imposible de resolver para los griegos.. El Madrid llegó a construir una diferencia de doce puntos en el comienzo y obligó a Bartzokas a escarbar en su interminable arsenal para evitar un desequilibrio inesperado. La intensidad madridista anuló a Dorsey, una de sus pesadilla esta temporada, y minimizó el impacto interior de Vezenkov y Milutinov. El cambio de pareja, Ward y Hall, generó más problemas. El rebote ofensivo empezó a ser motivo de preocupación. Los del Pireo crecieron desde ahí y a la vez el acierto exterior del Madrid dejó de estar a niveles deslumbrantes. No es que los tiros del equipo de Scariolo estuvieran mal seleccionados. El descenso en el porcentaje de tiro y la obligada tregua de Lyles lastraron al Madrid. Coincidió con la aparición de la pareja más productiva de los locales en el exterior, Peters y Fournier. El estadounidense fue tan letal como ante el Fenerbahçe y el francés demostró su condición de «killer». Fue el primer momento crítico y llegó de mano de los exteriores, no del potencial de los hombres grandes. Para solucionar la crisis volvió a aparecer Lyles. El estadounidense se fue al descanso con 21 puntos. Se echaba en falta más ayuda en ataque de los Campazzo, Deck y Hezonja.. La defensa del Madrid reapareció sembrada de empalizadas para disimular la carencia en el rebote. Y el ataque volvió a desenvolverse con criterio. Hubo acierto exterior y se encontraron nuevas vías más allá de la omnipresencia de Lyles. Con el Olympiacos haciendo «cosas raras», un triple de McKissic o el segundo de Walkup, el Madrid siguió a lo suyo. Desde el banquillo surgió Andrés Feliz y Hezonja siguió leyendo el partido con muchas neuronas. Así llegó un parcial de 0-10 que obligó a Bartzokas a pedir un tiempo muerto ante la sangría. El Madrid no necesitaba a un deslumbrante Lyles para seguir teniendo la final donde quería. Muchos jugadores aportaban y de esa forma la carencia en el rebote se disimulaba y el Madrid llegaba al tramo definitivo por delante.. El Olympiacos necesitaba algo más. Y como el abánico de opciones de Bartzokas es tan amplio apostó por el interior que no había jugado un minuto, Jones, para acompañar a Vezenkov. Pero los problemas volvieron desde el exterior con sendos triples de Fournier y Joseph. La final ya estaba moviéndose en milímetros. Trey Lyles cometió la cuarta falta, las defensas estaban al límite y los puntos empezaron a caer con cuentagotas. Las diferencias de los griegos no iban más allá de los tres puntos. Y cuando llegaban a ese límite, Hezonja conectó un triple desde 8 metros para empatar el partido a falta de dos minutos. La resistencia del Madrid comenzó a desgastarse a golpe de decisiones arbitrales. Un balón de fondo para el Olympiacos, una falta discutible de Campazzo a Walkup, otra de Feliz a Fournier… el desafío eran seis puntos de desventaja a falta de 52.9 segundos. Un muro. Y ahí volvió la fe. Tiros libres, errores desde el tiro libre seguidos de rebotes ofensivos, ¡qué paradoja!… y Feliz tuvo un triple para empatar el partido a falta de 11 segundos. Pero la Duodécima tendrá que esperar.. 92. Olympiacos (19+27+15+31): Walkup (10), Dorsey (1), Papanikolau (0), Vezenkov (12) y Milutinov (8) -quinteto titular- Hall (4), Fournier (20), Ward (7), Peters (16), Joseph (5), McKissic (5) y Jones (2).. 85. Real Madrid (26+18+21+20): Campazzo (6), Abalde (9), Hezonja (19), Okeke (0) y Lyles (24) -quinteto titular- Maledon (8), Deck (4), Feliz (13) y Llull (3).. Árbitros: Radovic (Cro), Lottermoser (Ale) y Latisevs (Let). Sin eliminados. Técnicas a Campazzo y McKissic.. Incidencias: 18.500 espectadores en el Telekom Center Athens. Segunda semifinal de la Euroliga.. FINAL FOUR. Semifinales. Olympiacos, 79-Fenerbahçe, 61. Valencia Basket, 90-Real Madrid, 105. Final. Olympiacos, 92-Real Madrid, 85
El equipo de Scariolo cuajó una final muy meritoria en inferioridad de condiciones ante el mejor equipo de Europa.
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El Real Madrid busca su duodécima Copa de Europa en la final de la Euroliga del Telekom Center de Atenas contra el Olympiacos, equipo que además de anfitrión tiene la vitola de favorito por su temporada regular y por las bajas que sufre el conjunto blanco en la posición de pívot.. Un clásico decide la corona europea que perdió el vigente campeón Fenerbahçe ante los griegos en semifinales, donde un serio Madrid apeó al Valencia Basket. Los de Sergio Scariolo mostraron el ADN del equipo blanco, que suele sacar su mejor versión cuando huele a título, aunque pagó el peaje de la lesión de Usman Garuba.. El internacional español se unió a las bajas ya sabidas de Walter Tavares y Alex Len, con lo que Scariolo, como reconoció después de la semifinal, tendrá que «inventar algo». «Nuestro ADN, nuestra historia, tanto a nivel personal como institución, no nos permite caer en esa trampa de compadecernos de nosotros mismos».
