El president de la Generalitat, Salvador Illa, ha logrado finalmente aprobar sus primeros presupuestos en el ecuador de la legislatura. Lo hace, sin embargo, tras un recorrido político áspero y condicionado por una dependencia estructural de sus socios parlamentarios y, en última instancia, por la capacidad de intermediación del Gobierno central de Pedro Sánchez con Esquerra Republicana.. El acuerdo que permite desbloquear las cuentas catalanas de 2026 no se entiende sin la Moncloa, que ha actuado como pieza decisiva para reconducir una relación que llegó a fracturarse, entre ERC y el PSC, tras el choque por la recaudación del IRPF y las discrepancias con el Ministerio de Hacienda. Y es que ERC había condicionado su apoyo presupuestario a avances sustanciales en materia de financiación, traspasos y autogobierno, y ese paquete ha sido posible únicamente tras el visto bueno del Gobierno, de quien dependían estos acuerdos.. En ese sentido, el pacto presupuestario catalán es también un acuerdo de geometría institucional ampliada. No se limita a la aritmética del Parlament, sino que descansa sobre una cadena de cesiones y compromisos del Estado que han permitido a Junqueras justificar internamente su giro favorable a las cuentas de Illa. Sin esas cesiones de Moncloa, el entendimiento habría sido imposible.. Un Govern desgastado por la acumulación de crisis. El acuerdo llega después de medio año especialmente complicado para Illa. El Govern despidió 2025 con expectativas de estabilidad. Desde enero, en cambio, el ejecutivo catalán ha encadenado crisis de gran impacto político: el colapso recurrente de Rodalies, el conflicto con el profesorado en el ámbito educativo, tensiones en materia de seguridad y un desgaste generalizado de la agenda de gestión.. La crisis ferroviaria fue el punto de inflexión más visible. El deterioro del servicio y los problemas estructurales de la red evidenciaron las limitaciones del discurso de normalización institucional con el que el PSC llegó al Palau. Poco después, las protestas en educación reforzaron la percepción de un Govern desbordado en la gestión cotidiana.. A ello se sumó un problema de fondo: la inestabilidad parlamentaria. Illa intentó inicialmente aprobar unos presupuestos sin cerrar un acuerdo previo con ERC, una maniobra que terminó fracasando y obligó a retirar el proyecto. Desde entonces, el Govern ha dependido de una negociación constante con republicanos y comuns para sostener la legislatura.. El papel de ERC y la negociación con Moncloa. La pérdida de confianza entre el PSC y los republicanos llegó cuando ERC elevó el listón con una exigencia clave: avances en la recaudación del IRPF desde Cataluña como condición para aprobar los presupuestos que Illa presentó en febrero. Ese compromiso, inicialmente aceptado en el marco técnico, acabó bloqueándose y generando una crisis de confianza entre las partes.. La solución ha llegado tres meses después tras negociaciones entre el Govern catalán, ERC y el Ejecutivo central. El resultado es un paquete amplio de acuerdos que incluye inversiones en infraestructuras estratégicas, nuevas fórmulas de gestión de recursos estatales, ampliación de competencias y compromisos en materia de seguridad y lengua.. Entre los proyectos más relevantes figura la activación de la línea orbital ferroviaria del área metropolitana, la creación de una sociedad mixta de inversiones Estado-Generalitat para acelerar la ejecución de obras públicas, la ampliación del cuerpo de Mossos d’Esquadra y nuevas medidas para reforzar el uso del catalán en la administración del Estado. Estas cesiones del Gobierno a Cataluña han hecho que Junqueras pacte con Illa los presupuestos y, así, dotar de contenido su legislatura.. Una legislatura que se reordena. Más allá de las medidas concretas, el acuerdo tiene un efecto político inmediato: estabiliza a Illa y le permite encarar la segunda mitad de la legislatura con un mínimo de certidumbre parlamentaria. Tras meses de desgaste acumulado, el president consigue aprobar unas cuentas que no solo tienen dimensión económica, sino también simbólica.. Para ERC, el movimiento también tiene lectura estratégica. Tras un ciclo electoral descendente, los republicanos refuerzan su papel como bisagra imprescindible en Cataluña, consolidando una influencia institucional que compensa su pérdida de apoyo en las urnas.. En la práctica, el entendimiento entre Illa y Junqueras —con la mediación decisiva del Gobierno de Sánchez— redefine el equilibrio político del momento. La legislatura de Illa, que hace apenas unos meses parecía atrapada en una dinámica de crisis encadenadas, gana así un punto de apoyo decisivo. Pero lo hace a un precio claro: una dependencia estructural de los acuerdos entre Barcelona y Madrid que condiciona tanto su margen de maniobra como el futuro inmediato del Govern.
Las cesiones del Gobierno en materia de financiación, infraestructuras y competencias desbloquean el apoyo de ERC a los presupuestos catalanes
El president de la Generalitat, Salvador Illa, ha logrado finalmente aprobar sus primeros presupuestos en el ecuador de la legislatura. Lo hace, sin embargo, tras un recorrido político áspero y condicionado por una dependencia estructural de sus socios parlamentarios y, en última instancia, por la capacidad de intermediación del Gobierno central de Pedro Sánchez con Esquerra Republicana.. El acuerdo que permite desbloquear las cuentas catalanas de 2026 no se entiende sin la Moncloa, que ha actuado como pieza decisiva para reconducir una relación que llegó a fracturarse, entre ERC y el PSC, tras el choque por la recaudación del IRPF y las discrepancias con el Ministerio de Hacienda. Y es que ERC había condicionado su apoyo presupuestario a avances sustanciales en materia de financiación, traspasos y autogobierno, y ese paquete ha sido posible únicamente tras el visto bueno del Gobierno, de quien dependían estos acuerdos.. En ese sentido, el pacto presupuestario catalán es también un acuerdo de geometría institucional ampliada. No se limita a la aritmética del Parlament, sino que descansa sobre una cadena de cesiones y compromisos del Estado que han permitido a Junqueras justificar internamente su giro favorable a las cuentas de Illa. Sin esas cesiones de Moncloa, el entendimiento habría sido imposible.. Un Govern desgastado por la acumulación de crisis. El acuerdo llega después de medio año especialmente complicado para Illa. El Govern despidió 2025 con expectativas de estabilidad. Desde enero, en cambio, el ejecutivo catalán ha encadenado crisis de gran impacto político: el colapso recurrente de Rodalies, el conflicto con el profesorado en el ámbito educativo, tensiones en materia de seguridad y un desgaste generalizado de la agenda de gestión.. La crisis ferroviaria fue el punto de inflexión más visible. El deterioro del servicio y los problemas estructurales de la red evidenciaron las limitaciones del discurso de normalización institucional con el que el PSC llegó al Palau. Poco después, las protestas en educación reforzaron la percepción de un Govern desbordado en la gestión cotidiana.. A ello se sumó un problema de fondo: la inestabilidad parlamentaria. Illa intentó inicialmente aprobar unos presupuestos sin cerrar un acuerdo previo con ERC, una maniobra que terminó fracasando y obligó a retirar el proyecto. Desde entonces, el Govern ha dependido de una negociación constante con republicanos y comuns para sostener la legislatura.. El papel de ERC y la negociación con Moncloa. La pérdida de confianza entre el PSC y los republicanos llegó cuando ERC elevó el listón con una exigencia clave: avances en la recaudación del IRPF desde Cataluña como condición para aprobar los presupuestos que Illa presentó en febrero. Ese compromiso, inicialmente aceptado en el marco técnico, acabó bloqueándose y generando una crisis de confianza entre las partes.. La solución ha llegado tres meses después tras negociaciones entre el Govern catalán, ERC y el Ejecutivo central. El resultado es un paquete amplio de acuerdos que incluye inversiones en infraestructuras estratégicas, nuevas fórmulas de gestión de recursos estatales, ampliación de competencias y compromisos en materia de seguridad y lengua.. Entre los proyectos más relevantes figura la activación de la línea orbital ferroviaria del área metropolitana, la creación de una sociedad mixta de inversiones Estado-Generalitat para acelerar la ejecución de obras públicas, la ampliación del cuerpo de Mossos d’Esquadra y nuevas medidas para reforzar el uso del catalán en la administración del Estado. Estas cesiones del Gobierno a Cataluña han hecho que Junqueras pacte con Illa los presupuestos y, así, dotar de contenido su legislatura.. Una legislatura que se reordena. Más allá de las medidas concretas, el acuerdo tiene un efecto político inmediato: estabiliza a Illa y le permite encarar la segunda mitad de la legislatura con un mínimo de certidumbre parlamentaria. Tras meses de desgaste acumulado, el president consigue aprobar unas cuentas que no solo tienen dimensión económica, sino también simbólica.. Para ERC, el movimiento también tiene lectura estratégica. Tras un ciclo electoral descendente, los republicanos refuerzan su papel como bisagra imprescindible en Cataluña, consolidando una influencia institucional que compensa su pérdida de apoyo en las urnas.. En la práctica, el entendimiento entre Illa y Junqueras —con la mediación decisiva del Gobierno de Sánchez— redefine el equilibrio político del momento. La legislatura de Illa, que hace apenas unos meses parecía atrapada en una dinámica de crisis encadenadas, gana así un punto de apoyo decisivo. Pero lo hace a un precio claro: una dependencia estructural de los acuerdos entre Barcelona y Madrid que condiciona tanto su margen de maniobra como el futuro inmediato del Govern.
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