En la nueva película dirigida por Rémi Bezançon hay un poquito de trampa pero no mucho cartón. En el fondo, como en tantas ocasiones sucedía con los filmes del maestro Alfred Hitchcock, quien teniendo a mano un buen «macGuffin» (o sea, ese elemento narrativo que sirve como excusa argumental para activar los deseos de los personajes y hacer que la trama avance, pero que resulta irrelevante para el desarrollo final de la historia y para el espectador) te podía montar una obra maestra de aquí te espero.. Sobre lo de la trampa nos referimos a que casi, casi, al realizador galo le sale un «remake» de «La ventana indiscreta» con alguna que otra licencia y modernidad, eso sí. O incluso un «Misterioso asesinato en Manhattan» (Woddy Allen, 1993) a la francesa. Pero, miren, visto el panorama del séptimo arte, películas como esta se acaban agradeciendo porque es divertida, sabe mantener el suspense, resulta descaradamente «copiona» pero sin prejuicio alguno, y, además, sus dos protagonistas, unos encantadores Laetitia Casta y Gilles Lellouche, parecen un matrimonio de verdad, en lo bueno y, lo que es mejor, en lo malo.. Veamos la historia: François, escritor en horas bajas de novelas policiacas de época y muy influidas por Agatha Christie y Eugène-François Vidocq, el primer detective moderno de la historia, y su esposa, Colette, profesora de Cine en la Sorbona y experta mundialmente conocida en Hitchcock, atraviesan una apacible, acomodada y aburrida crisis de pareja con François sentado en su magnífico apartamento siempre en pijama venga a pensar cómo desarrollar la obra que le ocupa (y de la que durante todo el filme vemos disparatados «flahs-bkacs») y Colette añorando convertirse en una de esas heroínas protagonistas de los filmes clásicos que tanto admira y que les pone una vez y otra a los alumnos de clase. Hasta que a ella se le mete en la cabeza que un nuevo vecino recién aterrizado, un actor con muchas ínfulas y parece que bastante poco talento, ha matado a su esposa, una joven muda dueña del teatro donde él interpreta un «Hamlet» de casi cuatro horas…. Entre referencias a Godard, Truffaut, la propia presencia del director inglés y guiños breves a cintas como «Psicosis» (escuchamos, incluso, en una parte del metraje la canción original de la famosa serie de televisión «Alfred Hitchcock presenta», llamada «Marcha fúnebre de una marioneta», de Charles Gounod) transcurre este descarado, cómico, gracioso homenaje al thriller de toda la vida y a un director que, por mucho que haya llovido desde que desapareció, sigue demostrando seguir siendo de una actualidad tremenda. En el fondo, ¿quién mejor que los franceses para rendirle tributo, si fue precisamente la mítica publicación «Cahiers du Cinèma» y los integrantes de la «Nouvelle Vague» quienes descubrieron el talento infinito de Hitchcock cuando entonces por EE UU se le trataba en esencia como a un director solamente entretenidillo? Lo dicho, más champán y menos té de las cinco.. Lo mejor: Casta y Lellouche están encantadores como ese matrimonio en crisis.. Lo peor: Quizá algún que otro «gag» resulta poco trabajado en comparación con otros.
Dirección y guion: Rémi Bezançon. Intérpretes: Gilles Lellouche, Laetitia Casta, Guillaume Gallienne, Isabel Aimé González-Sola, Jenna Knafo. Francia, 2026. Duración: 104 minutos. Comedia.
En la nueva película dirigida por Rémi Bezançon hay un poquito de trampa pero no mucho cartón. En el fondo, como en tantas ocasiones sucedía con los filmes del maestro Alfred Hitchcock, quien teniendo a mano un buen «macGuffin» (o sea, ese elemento narrativo que sirve como excusa argumental para activar los deseos de los personajes y hacer que la trama avance, pero que resulta irrelevante para el desarrollo final de la historia y para el espectador) te podía montar una obra maestra de aquí te espero.. Sobre lo de la trampa nos referimos a que casi, casi, al realizador galo le sale un «remake» de «La ventana indiscreta» con alguna que otra licencia y modernidad, eso sí. O incluso un «Misterioso asesinato en Manhattan» (Woddy Allen, 1993) a la francesa. Pero, miren, visto el panorama del séptimo arte, películas como esta se acaban agradeciendo porque es divertida, sabe mantener el suspense, resulta descaradamente «copiona» pero sin prejuicio alguno, y, además, sus dos protagonistas, unos encantadores Laetitia Casta y Gilles Lellouche, parecen un matrimonio de verdad, en lo bueno y, lo que es mejor, en lo malo.. Veamos la historia: François, escritor en horas bajas de novelas policiacas de época y muy influidas por Agatha Christie y Eugène-François Vidocq, el primer detective moderno de la historia, y su esposa, Colette, profesora de Cine en la Sorbona y experta mundialmente conocida en Hitchcock, atraviesan una apacible, acomodada y aburrida crisis de pareja con François sentado en su magnífico apartamento siempre en pijama venga a pensar cómo desarrollar la obra que le ocupa (y de la que durante todo el filme vemos disparatados «flahs-bkacs») y Colette añorando convertirse en una de esas heroínas protagonistas de los filmes clásicos que tanto admira y que les pone una vez y otra a los alumnos de clase. Hasta que a ella se le mete en la cabeza que un nuevo vecino recién aterrizado, un actor con muchas ínfulas y parece que bastante poco talento, ha matado a su esposa, una joven muda dueña del teatro donde él interpreta un «Hamlet» de casi cuatro horas…. Entre referencias a Godard, Truffaut, la propia presencia del director inglés y guiños breves a cintas como «Psicosis» (escuchamos, incluso, en una parte del metraje la canción original de la famosa serie de televisión «Alfred Hitchcock presenta», llamada «Marcha fúnebre de una marioneta», de Charles Gounod) transcurre este descarado, cómico, gracioso homenaje al thriller de toda la vida y a un director que, por mucho que haya llovido desde que desapareció, sigue demostrando seguir siendo de una actualidad tremenda. En el fondo, ¿quién mejor que los franceses para rendirle tributo, si fue precisamente la mítica publicación «Cahiers du Cinèma» y los integrantes de la «Nouvelle Vague» quienes descubrieron el talento infinito de Hitchcock cuando entonces por EE UU se le trataba en esencia como a un director solamente entretenidillo? Lo dicho, más champán y menos té de las cinco.. Lo mejor: Casta y Lellouche están encantadores como ese matrimonio en crisis.. Lo peor: Quizá algún que otro «gag» resulta poco trabajado en comparación con otros.
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