Es difícil pensar en algún artista que no tenga ninguna sombra en su carrera. Sin entrar en terrenos pantanosos, parece incluso una flecha más en el camino del estrellato. Claro está que hay errores más grandes que otros. Por desgracia, en el caso del bailaor Juan Manuel Fernández Montoya, conocido como Farruquito, el suyo le costó una vida. El 30 de septiembre de 2003, en Sevilla, la misma ciudad donde dio sus primeros pasos, de infancia y artísticos, atropelló a un transeúnte, Benjamín Olalla, dándose posteriormente a la fuga, por lo que fue condenado a prisión.. El tiempo ayuda a aliviar ciertos dolores pasados, pero la realidad es la que es, por lo que en el documental sobre su vida que llega hoy a las salas españolas, «Serás Farruquito», de Santi Aguado, habla, entre otros temas, sobre su mayor escándalo: «Queríamos contar su vida con la mayor verdad posible sin caer en el sensacionalismo», confiesa el director. «En ese momento sentía que no me había pasado a mí. Me ha dado un alivio al corazón poder expresarme sobre ello», explica el protagonista. Creyente, no solo piensa que Dios le puso a prueba, también lo apartó de un camino «que quizá hubiese sido peor de lo que fue, que ya es decir, pero quién sabe».. La redención es un tema central de la cinta, pero sus artífices recuerdan que no se trata del único. El realizador catalán (admirador confeso de Paco de Lucía más incluso que de la rumba) muestra las pericias de uno de los artistas flamencos con mayor proyección del amanecer del siglo XXI desde de su nacimiento. De hecho, Farruquito, con apenas 5 años de edad, ya pisó Nueva York, que cayó rendida ante su arte. Curiosamente el filme pasó por el Festival DOC NYC de la Gran Manzana tras su presentación en el Festival de Cine de la capital hispalense, uniendo sus dos ciudades clave.. El seudónimo con el que se transforma en el tablao este andaluz proviene de su bisabuela, que obtuvo el primer premio en un concurso de farrucas, uno de los pasos del flamenco. Su estirpe lleva décadas persiguiendo el tan ansiado «duende», ese sentimiento artístico intangible. Si se ha conseguido en el plano fílmico, Aguado quiere pensar que sí, mientras que el protagonista lo afirma.. Tradición o transgresión. «Los gitanos tenemos una filosofía, vinculada con la libertad y la predilección de lo espiritual frente a lo material, que tiene mucho que ver con el flamenco», expone Farruquito sobre la relación de su pueblo con la danza, otro elemento con bastante importancia en el metraje. «Una cosa que me sorprendió viendo a su familia es la dedicación que depositan sobre dicha disciplina», añade por su parte Aguado.. «Dios me apartó de un camino que quizá hubiese sido aún peor de lo que fue». Farruquito. Desde 2010 Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, el flamenco se ha erigido como el símbolo romaní más internacional, pero en los últimos años se ha visto envuelto en controversias puristas sobre tradición versus transgresión: «La gente, cuando habla de la evolución, se olvida de la tradición y viceversa, cuando lo cierto es que van de la mano», relata el bailaor. Justo en ese pulso folclórico, en una escena de la cinta aparece Rosalía, que en sus inicios trabajó con el andaluz. «Por eso ella está incluida, para que la gente no quiera poner título al sentimiento que tiene una persona que lleva la música en el corazón», manifiesta.. Alternando bulerías y una vida personal que un día se torció, el documental muestra a un hombre que de pequeño soñó con un mundo a ritmo del sonido de los zapatos sobre el parqué.
El filme de Santi Aguado analiza el triunfo artístico y el escándalo penal del bailaor
Es difícil pensar en algún artista que no tenga ninguna sombra en su carrera. Sin entrar en terrenos pantanosos, parece incluso una flecha más en el camino del estrellato. Claro está que hay errores más grandes que otros. Por desgracia, en el caso del bailaor Juan Manuel Fernández Montoya, conocido como Farruquito, el suyo le costó una vida. El 30 de septiembre de 2003, en Sevilla, la misma ciudad donde dio sus primeros pasos, de infancia y artísticos, atropelló a un transeúnte, Benjamín Olalla, dándose posteriormente a la fuga, por lo que fue condenado a prisión.. El tiempo ayuda a aliviar ciertos dolores pasados, pero la realidad es la que es, por lo que en el documental sobre su vida que llega hoy a las salas españolas, «Serás Farruquito», de Santi Aguado, habla, entre otros temas, sobre su mayor escándalo: «Queríamos contar su vida con la mayor verdad posible sin caer en el sensacionalismo», confiesa el director. «En ese momento sentía que no me había pasado a mí. Me ha dado un alivio al corazón poder expresarme sobre ello», explica el protagonista. Creyente, no solo piensa que Dios le puso a prueba, también lo apartó de un camino «que quizá hubiese sido peor de lo que fue, que ya es decir, pero quién sabe».. La redención es un tema central de la cinta, pero sus artífices recuerdan que no se trata del único. El realizador catalán (admirador confeso de Paco de Lucía más incluso que de la rumba) muestra las pericias de uno de los artistas flamencos con mayor proyección del amanecer del siglo XXI desde de su nacimiento. De hecho, Farruquito, con apenas 5 años de edad, ya pisó Nueva York, que cayó rendida ante su arte. Curiosamente el filme pasó por el Festival DOC NYC de la Gran Manzana tras su presentación en el Festival de Cine de la capital hispalense, uniendo sus dos ciudades clave.. El seudónimo con el que se transforma en el tablao este andaluz proviene de su bisabuela, que obtuvo el primer premio en un concurso de farrucas, uno de los pasos del flamenco. Su estirpe lleva décadas persiguiendo el tan ansiado «duende», ese sentimiento artístico intangible. Si se ha conseguido en el plano fílmico, Aguado quiere pensar que sí, mientras que el protagonista lo afirma.. «Los gitanos tenemos una filosofía, vinculada con la libertad y la predilección de lo espiritual frente a lo material, que tiene mucho que ver con el flamenco», expone Farruquito sobre la relación de su pueblo con la danza, otro elemento con bastante importancia en el metraje. «Una cosa que me sorprendió viendo a su familia es la dedicación que depositan sobre dicha disciplina», añade por su parte Aguado.. «Dios me apartó de un camino que quizá hubiese sido aún peor de lo que fue». Desde 2010 Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, el flamenco se ha erigido como el símbolo romaní más internacional, pero en los últimos años se ha visto envuelto en controversias puristas sobre tradición versus transgresión: «La gente, cuando habla de la evolución, se olvida de la tradición y viceversa, cuando lo cierto es que van de la mano», relata el bailaor. Justo en ese pulso folclórico, en una escena de la cinta aparece Rosalía, que en sus inicios trabajó con el andaluz. «Por eso ella está incluida, para que la gente no quiera poner título al sentimiento que tiene una persona que lleva la música en el corazón», manifiesta.. Alternando bulerías y una vida personal que un día se torció, el documental muestra a un hombre que de pequeño soñó con un mundo a ritmo del sonido de los zapatos sobre el parqué.
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