A veces, la competencia impulsa a aquello que venía a aplacar. La llegada de La Revuelta para dar una alternativa a la hora de El Hormiguero puso en el mapa del comentario nacional a ambos programas. En tiempos polarizados, parecía que había que elegir. Incluso ondear la bandera de uno u otro. Pero, con el paso del tiempo, ese efecto se ha ido diluyendo y la expectación sobre los dos espacios ha disminuido. Sus audiencias, también. Ahora, el interés creciente o decreciente de sus propuestas depende de la manera de afrontar el contenido, evolucionar sus tramas y hacer atractivas las entrevistas, pues son dos programas que toman impulso en el reclamo del invitado diario.. Parecidos razonables. Comedia (curtida) en la onda. Pablo Motos y David Broncano vienen de la comedia que creció con la radio. Los dos ejercieron el monólogo que sabe mirar los detalles que hacen la vida. En su socarronería, la audiencia sentía su vida reflejada, observando que las pifias son compartidas y las relativizamos con el superpoder de la risa. Así los dos encontraron, primero en la radio, un lugar donde crear comunidad e ir dando forma a su manera de entender la comunicación.. La importancia de los antagonistas. Al no ser presentadores al uso, uno de los aciertos de La Revuelta y El Hormiguero es incorporar en emisión a secundarios que nunca dejan solo al cabeza de cartel. Grison y Ricardo Castella son a Broncano lo que Trancas y Barrancas a Pablo Motos. Rematan los silencios incómodos con una pullita, sirven de frontón dialéctico e incluso de merchandissing. Bueno, esto solo trancas y Barrancas, que Grison y Castella no tienen versión en jugueterías. Jorge Ponce, tampoco. Ellos son más de vender camisetas del programa a la puerta del teatro, mercadotecnia de los que intentan reunir dinero para una excursión de fin de curso.. Crear un universo propio. En una televisión donde la pantalla de led ha ido homogeneizando todas las puestas en escena y acabando con el decorado reconocible, La Revuelta y El Hormiguero representan la vieja escuela televisiva de crear un universo propio. Sus decorados no se pueden compartir con otros programas, vamos. La Revuelta es una especie de ministerio decadente con síndrome de Diógenes y El Hormiguero empezó siendo eso, un hormiguero con ventanitas por las que miraban los ojos de la gente. Eso se ha ido perdiendo, pero mantiene una iconografía azulada altamente reconocible. La teatralidad permite que aunque el presentador no esté en pantalla, la atmósfera del programa sea reconocible a golpe de zapping. O eso que llaman espectadores únicos, la fórmula que cuenta también a aquellos que pasan un segundo por la emisión y no se quedan.. El final feliz. Desde su origen, La Revuelta con La Resistencia en Movistar Plus y El Hormiguero en Cuatro, han creado su propio arco narrativo para convertir lo que vendría a ser un ‘late show’ en una cita cómplice por auténtica. Son programas repletos de señas de identidad, sabiendo que siempre va a pasar algo hasta el final. La Revuelta termina con sus características preguntas clásicas que el espectador sabe que no suelen fallar y El Hormiguero con un juego o la ciencia convertida en un gran espectáculo. Los experimentos mantienen esa capacidad de la televisión clásica de la emoción que deja las bocas abiertas. Los experimentos científicos, digo. Bueno, los análisis sociopolíticos de Tamara Falcó, también.. Diferencias cruciales. La banda sonora. El Hormiguero no deja descansar el oído. El programa construye una banda sonora en directo con la pretensión de mantener despierta la atención de la audiencia. Al más puro estilo de su productor Jorge Salvador en Crónicas Marcianas. Cada emoción queda resaltada con una música. Ya sea ñoña, cómica o de subidón. La Revuelta tiene a Castella y Grison haciendo soniquetes en momentos álgidos, pero el formato es más silencioso y alimenta su adrenalina en el superpoder del sonido ambiente de la reacción del público. Un público animoso. Casi de afición de futbol. O de mitin de partido político. Según se mire. De hecho, hay una diferencia entre los públicos de ambos programas. El Hormiguero es más tele tradicional, con un regidor remarcando los aplausos. Mientras que en La Revuelta tiene el bombo de Broncano. Aunque el truco maestro del programa va más allá: hay una larga animación previa de show de comedia, a cargo de Sergio Bezos, que calienta el ambiente para que luego la motivación del personal salga más sola en la grabación. Y vamos que si sale…. El nervio de la imagen. La Revuelta apuesta por una realización visual tranquila. Se agradece, así se rebaja el caos del programa, también con tanto regalo alrededor de la mesa de Broncano. La imagen pone orden a un programa que parece improvisado. Aunque no lo sea. El Hormiguero, en cambio, ya tiene un guion que está muy ordenado y se incide en cierto nervio audiovisual en cada plano. Así se impregna el programa de un ritmo extra, pero sin llegar a ser molesto. Las cámaras nunca están quietas. Siempre hay un ligero movimiento. También en las pantallas de fondo, con un grafismo que intenta que el ojo no se aburra. Mucho brillo. Mucho color. El Hormiguero es la televisión que alumbra a tope el estudio para que nadie se duerma, La Revuelta no teme la oscuridad comprendiendo que también puede ser muy luminosa.. Las entrevistas con o «sin» documentacion. El Hormiguero lleva veinte años en emisión, lo que debería traducirse en un mayor desgaste. Pero aguanta el tipo porque las entrevistas están bien estudiadas previamente. Pablo Motos puede entrevistar 14 veces a Miguel Ángel Revilla, que las 14 veces será una entrevista diferente que aporta algo nuevo a la audiencia. En cambio, La Revuelta ha ido perdiendo fuerza en su público potencial porque las entrevistas pueden generar frustración por repetitivas. El encuentro informal es parte del carisma del formato, pero el programa gana (y es más competitivo) cuando el público no se queda con la frustración de que no se ha hablado nada nuevo y se han quedado enredados en un chascarrillo. Para mantener la fidelidad en prime time las propuestas creativas pueden y deben ser mayores que las de un podcast entre amigos. La Revuelta tiene presupuesto millonario para ello. Su problema es que, a menudo, solo se nota en los chistes que hacen sobre la riqueza de Broncano. Un gag sano por reírse de sí mismos y, a la vez, antipático por repetitivo en una sociedad que somos muy de ‘la popularidad del tiro al plato’: primero te lanzamos a lo más alto y luego cuando estás arriba empezamos a disparar…. Superanónimos y superestrellas. Una de las grandes virtudes de La Revuelta es que se atreve con invitados que no suelen estar en un prime time. El Hormiguero está más atado al reclamo de la superestrella del día, La Revuelta ha cuajado una comunidad de seguidores que ve el programa por su carisma, no tanto por el reclamo de invitado de la jornada. Aunque también ayuda. De hecho, el único día que ha liderado frente a El Hormiguero esta temporada fue con la primicia de Rosalía. Sin embargo, la tele es nutrir ese clima propio que se mantiene tengas a quien tengas. Lo que ayuda a salirse de lo reconocible o famoso para poder descubrir otros referentes: profesionales o de la calle. Lo hacían María Teresa Campos o Jesús Quintero: su carisma mandaba más que un reclamo del día. Así podían probar, equivocarse y renovar lo que veíamos en la tele y cómo lo veíamos. Uno de los grandes aciertos del espacio de Broncano fue cambiar el monólogo inicial habitual del late show por la participación del público, que al final son quienes ejercen el monólogo costumbrista. Escuchar a la gente va a volver a ser el porvenir de la tele. Porque hablamos mucho de nosotros mismos, pero apenas sabemos escuchar y dialogar en la era de TikTok. Aunque creamos que sí.. ¿Y no hablas de la ideología, como diferencia? La ideología impregna cada acto de nuestra vida. Pablo Motos empieza el programa bailando para despertar la alegría de la audiencia, David Broncano sale de espaldas entre el jolgorio del público. Dos programas muy masculinos, dos programas dirigidos por dos generaciones con una forma de mirar al mundo muy marcada, dos programas que, con la perspectiva del tiempo, tanto La Revuelta como El Hormiguero, se verán fruto de una televisión progresista. La ciencia lo es. La comedia lo es. La alegría lo es. Atreverse con las ideas lo es. Programas conservadoramente progresistas. Porque sin conservar la memoria es más difícil coger carrerilla hacia el progreso.
Crónica de dos programas opuestos y parecidos a la vez.
20MINUTOS.ES – Televisión
A veces, la competencia impulsa a aquello que venía a aplacar. La llegada de La Revuelta para dar una alternativa a la hora de El Hormiguero puso en el mapa del comentario nacional a ambos programas. En tiempos polarizados, parecía que había que elegir.Incluso ondear la bandera de uno u otro. Pero, con el paso del tiempo, ese efecto se ha ido diluyendo y la expectación sobre los dos espacios ha disminuido. Sus audiencias, también. Ahora, el interés creciente o decreciente de sus propuestas depende de la manera de afrontar el contenido, evolucionar sus tramas y hacer atractivas las entrevistas, pues son dos programas que toman impulso en el reclamo del invitado diario.. Parecidos razonables. Comedia (curtida) en la onda. Pablo Motos y David Broncano vienen de la comedia que creció con la radio.Los dos ejercieron el monólogo que sabe mirar los detalles que hacen la vida. En su socarronería, la audiencia sentía su vida reflejada, observando que las pifias son compartidas y las relativizamos con el superpoder de la risa. Así los dos encontraron, primero en la radio, un lugar donde crear comunidad e ir dando forma a su manera de entender la comunicación.. La importancia de los antagonistas. Al no ser presentadores al uso, uno de los aciertos de La Revuelta y El Hormiguero es incorporar en emisión a secundarios que nunca dejan solo al cabeza de cartel. Grison y Ricardo Castella son a Broncano lo que Trancas y Barrancas a Pablo Motos. Rematan los silencios incómodos con una pullita, sirven de frontón dialéctico e incluso de merchandissing. Bueno, esto solo trancas y Barrancas, que Grison y Castella no tienen versión en jugueterías. Jorge Ponce, tampoco. Ellos son más de vender camisetas del programa a la puerta del teatro, mercadotecnia de los que intentan reunir dinero para una excursión de fin de curso.. Crear un universo propio. En una televisión donde la pantalla de led ha ido homogeneizando todas las puestas en escena y acabando con el decorado reconocible, La Revuelta y El Hormiguero representan la vieja escuela televisiva de crear un universo propio. Sus decorados no se pueden compartir con otros programas, vamos. La Revuelta es una especie de ministerio decadente con síndrome de Diógenes y El Hormiguero empezó siendo eso, un hormiguero con ventanitas por las que miraban los ojos de la gente. Eso se ha ido perdiendo, pero mantiene una iconografía azulada altamente reconocible. La teatralidad permite que aunque el presentador no esté en pantalla, la atmósfera del programa sea reconocible a golpe de zapping. O eso que llaman espectadores únicos, la fórmula que cuenta también a aquellos que pasan un segundo por la emisión y no se quedan.. El final feliz. Desde su origen, La Revuelta con La Resistencia en Movistar Plus y El Hormiguero en Cuatro, han creado su propio arco narrativo para convertir lo que vendría a ser un ‘late show’ en una cita cómplice por auténtica. Son programas repletos de señas de identidad, sabiendo que siempre va a pasar algo hasta el final. La Revuelta termina con sus características preguntas clásicas que el espectador sabe que no suelen fallar y El Hormiguero con un juego o la ciencia convertida en un gran espectáculo. Los experimentos mantienen esa capacidad de la televisión clásica de la emoción que deja las bocas abiertas. Los experimentos científicos, digo. Bueno, los análisis sociopolíticos de Tamara Falcó, también.. Diferencias cruciales. La banda sonora. El Hormiguero no deja descansar el oído. El programa construye una banda sonora en directo con la pretensión de mantener despierta la atención de la audiencia. Al más puro estilo de su productor Jorge Salvador en Crónicas Marcianas. Cada emoción queda resaltada con una música. Ya sea ñoña, cómica o de subidón. La Revuelta tiene a Castella y Grison haciendo soniquetes en momentos álgidos, pero el formato es más silencioso y alimenta su adrenalina en el superpoder del sonido ambiente de la reacción del público. Un público animoso. Casi de afición de futbol. O de mitin de partido político. Según se mire. De hecho, hay una diferencia entre los públicos de ambos programas. El Hormiguero es más tele tradicional, con un regidor remarcando los aplausos. Mientras que en La Revuelta tiene el bombo de Broncano.Aunque el truco maestro del programa va más allá: hay una larga animación previa de show de comedia, a cargo de Sergio Bezos, que calienta el ambiente para que luego la motivación del personal salga más sola en la grabación. Y vamos que si sale…. El nervio de la imagen. La Revuelta apuesta por una realización visual tranquila. Se agradece, así se rebaja el caos del programa, también con tanto regalo alrededor de la mesa de Broncano. La imagen pone orden a un programa que parece improvisado. Aunque no lo sea. El Hormiguero, en cambio, ya tiene un guion que está muy ordenado y se incide en cierto nervio audiovisual en cada plano. Así se impregna el programa de un ritmo extra, pero sin llegar a ser molesto. Las cámaras nunca están quietas. Siempre hay un ligero movimiento. También en las pantallas de fondo, con un grafismo que intenta que el ojo no se aburra. Mucho brillo. Mucho color. El Hormiguero es la televisión que alumbra a tope el estudio para que nadie se duerma, La Revuelta no teme la oscuridad comprendiendo que también puede ser muy luminosa.. Las entrevistas con o «sin» documentacion. El Hormiguero lleva veinte años en emisión, lo que debería traducirse en un mayor desgaste. Pero aguanta el tipo porque las entrevistas están bien estudiadas previamente. Pablo Motos puede entrevistar 14 veces a Miguel Ángel Revilla, que las 14 veces será una entrevista diferente que aporta algo nuevo a la audiencia. En cambio, La Revuelta ha ido perdiendo fuerza en su público potencial porque las entrevistas pueden generar frustración por repetitivas. El encuentro informal es parte del carisma del formato, pero el programa gana (y es más competitivo) cuando el público no se queda con la frustración de que no se ha hablado nada nuevo y se han quedado enredados en un chascarrillo. Para mantener la fidelidad en prime time las propuestas creativas pueden y deben ser mayores que las de un podcast entre amigos. La Revuelta tiene presupuesto millonario para ello. Su problema es que, a menudo, solo se nota en los chistes que hacen sobre la riqueza de Broncano. Un gag sano por reírse de sí mismos y, a la vez, antipático por repetitivo en una sociedad que somos muy de ‘la popularidad del tiro al plato’: primero te lanzamos a lo más alto y luego cuando estás arriba empezamos a disparar…. Superanónimos y superestrellas. Una de las grandes virtudes de La Revuelta es que se atreve con invitados que no suelen estar en un prime time. El Hormiguero está más atado al reclamo de la superestrella del día, La Revuelta ha cuajado una comunidad de seguidores que ve el programa por su carisma, no tanto por el reclamo de invitado de la jornada. Aunque también ayuda. De hecho, el único día que ha liderado frente a El Hormiguero esta temporada fue con la primicia de Rosalía. Sin embargo, la tele es nutrir ese clima propio que se mantiene tengas a quien tengas. Lo que ayuda a salirse de lo reconocible o famoso para poder descubrir otros referentes: profesionales o de la calle. Lo hacían María Teresa Campos o Jesús Quintero: su carisma mandaba más que un reclamo del día. Así podían probar, equivocarse y renovar lo que veíamos en la tele y cómo lo veíamos. Uno de los grandes aciertos del espacio de Broncano fue cambiar el monólogo inicial habitual del late show por la participación del público, que al final son quienes ejercen el monólogo costumbrista. Escuchar a la gente va a volver a ser el porvenir de la tele. Porque hablamos mucho de nosotros mismos, pero apenas sabemos escuchar y dialogar en la era de TikTok. Aunque creamos que sí.. ¿Y no hablas de la ideología, como diferencia? La ideología impregna cada acto de nuestra vida. Pablo Motos empieza el programa bailando para despertar la alegría de la audiencia, David Broncano sale de espaldas entre el jolgorio del público. Dos programas muy masculinos, dos programas dirigidos por dos generaciones con una forma de mirar al mundo muy marcada, dos programas que, con la perspectiva del tiempo, tanto La Revuelta como El Hormiguero, se verán fruto de una televisión progresista. La ciencia lo es. La comedia lo es. La alegría lo es. Atreverse con las ideas lo es. Programas conservadoramente progresistas. Porque sin conservar la memoria es más difícil coger carrerilla hacia el progreso.
