El milagro de los toros sucede cada día. A veces de forma rotunda; otras, casi imperceptible, como un latido que sostiene la liturgia desde que se abre el portón de cuadrillas hasta que la plaza se vacía. También bajo la lluvia. Porque diluvió apenas unos minutos antes de arrancar el festejo, como llevaba amenazando durante toda la jornada, y ni el agua fue capaz de tumbar la corrida ni de disuadir a las 24.000 personas que habían llenado Las Ventas. Se dice pronto. Veinticuatro mil almas desafiando al cielo por un puñado de verdad.. Todavía flotaban en el ambiente los ecos de la Puerta Grande de Talavante, reciente aún en la memoria colectiva, y seguían vivas, de algún modo, las embestidas de [[LINK:EXTERNO|||https://www.larazon.es/tags/alejandro-talavante|||«Ganador», aquel extraordinario toro de Núñez del Cuvillo q]]ue dejó el listón en un lugar casi imposible. Qué gran toro. Qué difícil imaginar un animal con mejores condiciones para el toreo: bravura, clase, largura y esa entrega total que convierte una embestida en un acontecimiento.. Con ese poso reciente y con la expectación que despierta una corrida de La Quinta, arrancó la tarde. El primero tuvo nobleza, sí, pero también esa sosería que enfría cualquier intento de emoción. Un toro que acudía, pero se iba; que pasaba, pero no se empleaba; que salía de cada encuentro sin entrega y sin humillar. Miguel Ángel Perera trató de levantar la faena sin llegar a puerto.. Hizo un feo tremendo de salida el cuarto a Perera y anduvo perfecto Daniel Duarte para parar al animal. Brillante fue también la primera vara de Juan Melgar. Cómo aguantó a pesar de que tenía los pitones del animal casi en la barriga. Llegó después el toro con el fondo y la entrega justa.. Bonito fue el toreo de capa de Luque al segundo, que no quiso caballo, y buenos los pares de banderillas de Juan Contreras. Después el animal se vino abajo pronto y todo lo tuvo que poner el de Gerena y eso en Madrid no es suficiente.. Se alargó Luque con el quinto, un toro duro que se revolvía con aspereza y que le iba cogiendo la medida todo el rato. Quiso el sevillano darle su tiempo con la esperanza de que la faena iba a evolucionar, pero no llegó la historia a fraguarse con entidad.. La sensación de peligro la vivimos con un tercero que tenía mucho más de orientado, sobre todo por el pitón zurdo. Fue animal de La Quinta exigente que lo iba marcando desde la mirada. Otra declaración de intenciones. Tomás Rufo apostó por él. Le marcó las directrices por el diestro y no renunció al pitón zurdo que era complejo y había que aguantar el tirón. Después el animal fue agradecido. La espada desdibujó el desenlace.. El sexto fue el único toro que sí tuvo entrega, profundidad y transmisión. Fue el toro. El de La Quinta que imponía y exigía, pero era agradecido y llegaba al tendido. El único de toda la tarde. No era toro fácil. Cada vez que pasaba por allí lo hacía todo con profundidad e importancia. Tomás Rufo apostó por el animal y la faena, con más o menos imperfecciones tuvo la honestidad por bandera. Pesaba el animal y ese esfuerzo mereció otro final, a la descastada corrida y a la embarrada tarde. La espada se le fue abajo y vinieron algún que otro descabello. Se le quebró la espada con el único toro que había tenido pólvora.. Ficha del festejo. Madrid. Segundo festejo de la Feria de San Isidro. Se lidiaron toros de La Quinta. El 1º, sin entrega y soso; 2º, muy a menos; 3º, orientado; 4º, va y viene sin demasiada entrega; 5º, bronco y descastado; 6º, encastado y con mucha profundidad. Lleno de «No hay billetes».. Miguel Ángel Perera, de azul y oro, estocada caída y atravesada, cuatro descabellos (saludos); tres pinchazo, estocada caída (silencio).. Daniel Luque, de celeste y oro, pinchazo, estocada, descabello (silencio); media honda, (silencio).. Tomás Rufo, de tabaco y oro, tres pinchazos, aviso, estocada desprendida (silencio); estocada caída, tres descabellos, aviso (saludos).
La segunda de San Isidro se celebra con lleno de «No hay billetes» y a pesar del agua
El milagro de los toros sucede cada día. A veces de forma rotunda; otras, casi imperceptible, como un latido que sostiene la liturgia desde que se abre el portón de cuadrillas hasta que la plaza se vacía. También bajo la lluvia. Porque diluvió apenas unos minutos antes de arrancar el festejo, como llevaba amenazando durante toda la jornada, y ni el agua fue capaz de tumbar la corrida ni de disuadir a las 24.000 personas que habían llenado Las Ventas. Se dice pronto. Veinticuatro mil almas desafiando al cielo por un puñado de verdad.. Todavía flotaban en el ambiente los ecos de la Puerta Grande de Talavante, reciente aún en la memoria colectiva, y seguían vivas, de algún modo, las embestidas de «Ganador», aquel extraordinario toro de Núñez del Cuvillo que dejó el listón en un lugar casi imposible. Qué gran toro. Qué difícil imaginar un animal con mejores condiciones para el toreo: bravura, clase, largura y esa entrega total que convierte una embestida en un acontecimiento.. Con ese poso reciente y con la expectación que despierta una corrida de La Quinta, arrancó la tarde. El primero tuvo nobleza, sí, pero también esa sosería que enfría cualquier intento de emoción. Un toro que acudía, pero se iba; que pasaba, pero no se empleaba; que salía de cada encuentro sin entrega y sin humillar. Miguel Ángel Perera trató de levantar la faena sin llegar a puerto.. Hizo un feo tremendo de salida el cuarto a Perera y anduvo perfecto Daniel Duarte para parar al animal. Brillante fue también la primera vara de Juan Melgar. Cómo aguantó a pesar de que tenía los pitones del animal casi en la barriga. Llegó después el toro con el fondo y la entrega justa.. Bonito fue el toreo de capa de Luque al segundo, que no quiso caballo, y buenos los pares de banderillas de Juan Contreras. Después el animal se vino abajo pronto y todo lo tuvo que poner el de Gerena y eso en Madrid no es suficiente.. Se alargó Luque con el quinto, un toro duro que se revolvía con aspereza y que le iba cogiendo la medida todo el rato. Quiso el sevillano darle su tiempo con la esperanza de que la faena iba a evolucionar, pero no llegó la historia a fraguarse con entidad.. La sensación de peligro la vivimos con un tercero que tenía mucho más de orientado, sobre todo por el pitón zurdo. Fue animal de La Quinta exigente que lo iba marcando desde la mirada. Otra declaración de intenciones. Tomás Rufo apostó por él. Le marcó las directrices por el diestro y no renunció al pitón zurdo que era complejo y había que aguantar el tirón. Después el animal fue agradecido. La espada desdibujó el desenlace.. El sexto fue el único toro que sí tuvo entrega, profundidad y transmisión. Fue el toro. El de La Quinta que imponía y exigía, pero era agradecido y llegaba al tendido. El único de toda la tarde. No era toro fácil. Cada vez que pasaba por allí lo hacía todo con profundidad e importancia. Tomás Rufo apostó por el animal y la faena, con más o menos imperfecciones tuvo la honestidad por bandera. Pesaba el animal y ese esfuerzo mereció otro final, a la descastada corrida y a la embarrada tarde. La espada se le fue abajo y vinieron algún que otro descabello. Se le quebró la espada con el único toro que había tenido pólvora.. Madrid. Segundo festejo de la Feria de San Isidro. Se lidiaron toros de La Quinta. El 1º, sin entrega y soso; 2º, muy a menos; 3º, orientado; 4º, va y viene sin demasiada entrega; 5º, bronco y descastado; 6º, encastado y con mucha profundidad. Lleno de «No hay billetes».. Miguel Ángel Perera, de azul y oro, estocada caída y atravesada, cuatro descabellos (saludos); tres pinchazo, estocada caída (silencio).. Daniel Luque, de celeste y oro, pinchazo, estocada, descabello (silencio); media honda, (silencio).. Tomás Rufo, de tabaco y oro, tres pinchazos, aviso, estocada desprendida (silencio); estocada caída, tres descabellos, aviso (saludos).
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