La transición energética se ha consolidado como un motor económico estratégico, situándose como el segundo sector con mejor desempeño a nivel mundial, solo por detrás del tecnológico. La. economía verde genera actualmente más de 5.000 millones de dólares y se proyecta que alcance los 7.000 millones en 2030. En el plano geopolítico, las tecnologías limpias han superado el marco de la sostenibilidad para convertirse en una herramienta de autonomía y seguridad nacional ya que permiten mitigar la dependencia energética exterior, blindando a la economía frente a la volatilidad de los mercados globales. “La solidez de la inversión en tecnologías limpias es clara. La rentabilidad económica de la descarbonización o su contribución a la autonomía estratégica demuestran que la transición cuenta con una base económica robusta y un fuerte respaldo institucional. Sin embargo, consolidar el avance de la transición energética exige agilizar los procesos administrativos, reforzar la inversión en infraestructura energética y reducir la brecha de costes, especialmente en el desarrollo de nuevos vectores energéticos”. Así lo afirma un nuevo estudio de Moeve (Energy Insight 29) en el que analizan la inversión en la transición energética.. En el caso de Europa, es cierto, dice el análisis que se han intensificado los esfuerzos para garantizar la autonomía estratégica, especialmente tras el estallido de la guerra en Ucrania. De hecho, desde entonces, ha formalizado más de 180 acuerdos destinados a diversificar su suministro energético y disminuir su dependencia del carbón, petróleo y gas rusos. “En términos de competitividad, la descarbonización se ha convertido en la principal palanca para reducir la brecha de costes energéticos industriales respecto a economías como Estados Unidos y China, permitiendo a la industria europea competir en el ámbito global”, comenta el informe que detalle que “No obstante, persisten importantes desafíos regulatorios y de ejecución. A pesar de marcos como Fit for 55 o REPowerEU, la transición se ve limitada por la complejidad administrativa y la lenta implementación a nivel nacional, lo que retrasa proyectos y dificulta la movilización de inversiones. En respuesta, la acción institucional se está centrando en reforzar la demanda (como en el caso de la Directiva RED III) y en desplegar instrumentos financieros como el Innovation Fund europeo o los PERTE en España”.. Actualmente, casi el 48% de la electricidad generada en la UE proviene de fuentes renovables, y por primera vez la energía eólica y solar han superado a la generación fósil. Paralelamente, la Unión Europea ha movilizado cerca de 40.000 millones de euros para impulsar tecnologías clave como el hidrógeno verde, la captura de carbono y la electrificación.. Dinámica global. En 2025, la inversión en energías limpias alcanzó un récord histórico de 2,3 billones de dólares, superando por primera vez el gasto en combustibles fósiles.El flujo de capital se concentra principalmente en transporte electrificado, energías renovables y redes eléctricas. Además, sectores emergentes como el almacenamiento energético, la electrificación del calor o la descarbonización industrial están ganando peso estratégico, mientras que las llamadas “moléculas verdes”, como el hidrógeno, comienzan a atraer inversiones crecientes, aunque aún enfrentan importantes barreras económicas.. Retos y oportunidades. Entre los principales retos destaca la necesidad de reforzar la soberanía energética, reduciendo la dependencia de terceros países, especialmente en la cadena de valor de tecnologías limpias, donde China mantiene una posición dominante. Asimismo, las barreras regulatorias y la lentitud administrativa continúan limitando el desarrollo de proyectos innovadores. A esto se suman las limitaciones en infraestructuras energéticas: el ritmo de despliegue de las energías renovables supera la capacidad de expansión de redes y sistemas de almacenamiento, generando riesgos de congestión y retrasos. También persisten desigualdades globales en el acceso a la inversión, así como brechas de costes en tecnologías emergentes como los combustibles sintéticos.. Sin embargo, la transición energética abre importantes oportunidades. El sector privado ya lidera la inversión en energías limpias, representando más del 85% del total, y las empresas vinculadas a este ámbito crecen a un ritmo superior al de los sectores tradicionales. Además, la mayoría de las compañías ya obtiene beneficios directos de sus estrategias de descarbonización. “Se prevé la creación de 14 millones de nuevos empleos en energía limpia y otros 16 millones en sectores relacionados, como la fabricación de vehículos eléctricos y tecnologías de eficiencia para el año 2030”, añade el informe como ventaja adicional y menciona también como consecneucia a tener en cuenta que la adopción de renovables, biocombustibles y la movilidad eléctrica reduce drásticamente los contaminantes atmosféricos urbanos (como NOx y partículas finas), mejorando así la calidad devida urbana.
Un nuevo estudio «Energy Insight» de Moeve analiza en qué punto se encuentra la transición energética y qué desafíos presenta
La transición energética se ha consolidado como un motor económico estratégico, situándose como el segundo sector con mejor desempeño a nivel mundial, solo por detrás del tecnológico. La. economía verde genera actualmente más de 5.000 millones de dólares y se proyecta que alcance los 7.000 millones en 2030. En el plano geopolítico, las tecnologías limpias han superado el marco de la sostenibilidad para convertirse en una herramienta de autonomía y seguridad nacional ya que permiten mitigar la dependencia energética exterior, blindando a la economía frente a la volatilidad de los mercados globales. “La solidez de la inversión en tecnologías limpias es clara. La rentabilidad económica de la descarbonización o su contribución a la autonomía estratégica demuestran que la transición cuenta con una base económica robusta y un fuerte respaldo institucional. Sin embargo, consolidar el avance de la transición energética exige agilizar los procesos administrativos, reforzar la inversión en infraestructura energética y reducir la brecha de costes, especialmente en el desarrollo de nuevos vectores energéticos”. Así lo afirma un nuevo estudio de Moeve (Energy Insight 29) en el que analizan la inversión en la transición energética.. En el caso de Europa, es cierto, dice el análisis que se han intensificado los esfuerzos para garantizar la autonomía estratégica, especialmente tras el estallido de la guerra en Ucrania. De hecho, desde entonces, ha formalizado más de 180 acuerdos destinados a diversificar su suministro energético y disminuir su dependencia del carbón, petróleo y gas rusos. “En términos de competitividad, la descarbonización se ha convertido en la principal palanca para reducir la brecha de costes energéticos industriales respecto a economías como Estados Unidos y China, permitiendo a la industria europea competir en el ámbito global”, comenta el informe que detalle que “No obstante, persisten importantes desafíos regulatorios y de ejecución. A pesar de marcos como Fit for 55 o REPowerEU, la transición se ve limitada por la complejidad administrativa y la lenta implementación a nivel nacional, lo que retrasa proyectos y dificulta la movilización de inversiones. En respuesta, la acción institucional se está centrando en reforzar la demanda (como en el caso de la Directiva RED III) y en desplegar instrumentos financieros como el Innovation Fund europeo o los PERTE en España”.. Actualmente, casi el 48% de la electricidad generada en la UE proviene de fuentes renovables, y por primera vez la energía eólica y solar han superado a la generación fósil. Paralelamente, la Unión Europea ha movilizado cerca de 40.000 millones de euros para impulsar tecnologías clave como el hidrógeno verde, la captura de carbono y la electrificación.. Dinámica global. En 2025, la inversión en energías limpias alcanzó un récord histórico de 2,3 billones de dólares, superando por primera vez el gasto en combustibles fósiles.El flujo de capital se concentra principalmente en transporte electrificado, energías renovables y redes eléctricas. Además, sectores emergentes como el almacenamiento energético, la electrificación del calor o la descarbonización industrial están ganando peso estratégico, mientras que las llamadas “moléculas verdes”, como el hidrógeno, comienzan a atraer inversiones crecientes, aunque aún enfrentan importantes barreras económicas.. Retos y oportunidades. Entre los principales retos destaca la necesidad de reforzar la soberanía energética, reduciendo la dependencia de terceros países, especialmente en la cadena de valor de tecnologías limpias, donde China mantiene una posición dominante. Asimismo, las barreras regulatorias y la lentitud administrativa continúan limitando el desarrollo de proyectos innovadores. A esto se suman las limitaciones en infraestructuras energéticas: el ritmo de despliegue de las energías renovables supera la capacidad de expansión de redes y sistemas de almacenamiento, generando riesgos de congestión y retrasos. También persisten desigualdades globales en el acceso a la inversión, así como brechas de costes en tecnologías emergentes como los combustibles sintéticos.. Sin embargo, la transición energética abre importantes oportunidades. El sector privado ya lidera la inversión en energías limpias, representando más del 85% del total, y las empresas vinculadas a este ámbito crecen a un ritmo superior al de los sectores tradicionales. Además, la mayoría de las compañías ya obtiene beneficios directos de sus estrategias de descarbonización. “Se prevé la creación de 14 millones de nuevos empleos en energía limpia y otros 16 millones en sectores relacionados, como la fabricación de vehículos eléctricos y tecnologías de eficiencia para el año 2030”, añade el informe como ventaja adicional y menciona también como consecneucia a tener en cuenta que la adopción de renovables, biocombustibles y la movilidad eléctrica reduce drásticamente los contaminantes atmosféricos urbanos (como NOx y partículas finas), mejorando así la calidad devida urbana.
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