Hay lugares que son imprescindibles para una escapada de fin de semana. Por todo lo que rodea, desde su patrimonio, hasta su naturaleza hasta su propia gastronomía. Y si encima cuenta con dos recursos que la hacen única, miel sobre hojuelas. Nos acercamos hasta la provincia de León, al norte y junto al límite de la Cordillera Cantábrica en la parte occidental de los Picos de Europa y que se ha convertido en estos primeros 25 años de siglo en una auténtica potencia turística y de servicios de ocio. Buena parte de culpa de ello lo tiene la estación de Esquí de San Isidro.. Nos estamos refiriendo a Puebla de Lillo, con más de 16.400 hectáreas y que aglutina un total de seis localidades. El núcleo y la capital del municipio es Puebla de Lillo. Aunque existen evidencias de origen romano, todavía hoy existen serias dudas. La actual localidad viene de la repoblación medieval de Alfonso IX, quien le otorgó una carta puebla en el año 1212. En la Edad Media vive su máximo apogeo, tanto económico, demográfico y cultural y ya en el siglo XIV el dominio pasa a la poderosa familia leonesa de los Quiñones o Condes de Luna.. De aquella época todavía aguanta el torreón en el centro de la población, testigo de enfrentamiento y reconvertido en mansión señorial, y en la actualidad centro cultural y de interpretación del Parque Picos de Europa. También ha llegado hasta nuestros días la ermita de la Virgen de las Nieves, del siglo XVIII y de estilo combinado entre el barroco y el neoclásico.. Enclavado en una de las zonas medioambientales de España, ya que León atesora la mayor cantidad de Reservas de la Biosfera a nivel mundial, cuenta con una masa natural que ha sido considerada una joya única ubicada en la Zona de Reserva del Parque Regional Montaña de Riaño y Mampodre. Estamos hablando del Pinar de Puebla de Lillo, uno de los bosques mejor conservados de la Cordillera Cantábrica, y que cuenta con pinos con más de 4.000 años de antigüedad. Ocupan una superficie superior a las 200 hectáreas, y en algunas zonas, los pinos se mezclan con abedules, hayas o robles.. Caminar entre ellos se convierte en un auténtico espectáculo visual y más en determinadas fases del año. Estamos, sin duda, ate un auténtico museo botánico de la montaña leonesa. El interior del bosque también alberga especies animales como corzos, rebecos o el emblemático urogallo.. Y otro lugar que uno no se puede perder por las alrededores es el Lago Ausente. A más de 1750 metros de altura, de origen glaciar y rodeado de un halo de misterio. Una masa de agua que puede llegar a alcanzar los 15 metros de profundidad, y sus calmadas aguas invitan al sosiego con colores azulados y turquesas. Se puede hacer recorridos circulares por su vera, con unas espectaculares vistas de alta montaña.. Existe una leyenda en relación a este lago. Una joven cuando volvía a casa tuvo la mala fortuna de caer al lago. intentando salvar su vida tocó la orilla con sus dedos y de aquel lugar brotó la Fuente de los Cinco Manantiales. Otra creencia popular destaca que el lago, desde las alturas, presenta la forma de una cara ovalada, dicen que la cara de un joven que allí perdió la vida.. Lo cierto, es que este escenario es idílico para descubrir la riqueza y variedad de la montaña leonesa. Una visita obligada, sin duda.
Un lugar idílico en el corazón de la Montaña Leonesa
Hay lugares que son imprescindibles para una escapada de fin de semana. Por todo lo que rodea, desde su patrimonio, hasta su naturaleza hasta su propia gastronomía. Y si encima cuenta con dos recursos que la hacen única, miel sobre hojuelas. Nos acercamos hasta la provincia de León, al norte y junto al límite de la Cordillera Cantábrica en la parte occidental de los Picos de Europa y que se ha convertido en estos primeros 25 años de siglo en una auténtica potencia turística y de servicios de ocio. Buena parte de culpa de ello lo tiene la estación de Esquí de San Isidro.. Nos estamos refiriendo a Puebla de Lillo, con más de 16.400 hectáreas y que aglutina un total de seis localidades. El núcleo y la capital del municipio es Puebla de Lillo. Aunque existen evidencias de origen romano, todavía hoy existen serias dudas. La actual localidad viene de la repoblación medieval de Alfonso IX, quien le otorgó una carta puebla en el año 1212. En la Edad Media vive su máximo apogeo, tanto económico, demográfico y cultural y ya en el siglo XIV el dominio pasa a la poderosa familia leonesa de los Quiñones o Condes de Luna.. De aquella época todavía aguanta el torreón en el centro de la población, testigo de enfrentamiento y reconvertido en mansión señorial, y en la actualidad centro cultural y de interpretación del Parque Picos de Europa. También ha llegado hasta nuestros días la ermita de la Virgen de las Nieves, del siglo XVIII y de estilo combinado entre el barroco y el neoclásico.. Enclavado en una de las zonas medioambientales de España, ya que León atesora la mayor cantidad de Reservas de la Biosfera a nivel mundial, cuenta con una masa natural que ha sido considerada una joya única ubicada en la Zona de Reserva del Parque Regional Montaña de Riaño y Mampodre. Estamos hablando del Pinar de Puebla de Lillo, uno de los bosques mejor conservados de la Cordillera Cantábrica, y que cuenta con pinos con más de 4.000 años de antigüedad. Ocupan una superficie superior a las 200 hectáreas, y en algunas zonas, los pinos se mezclan con abedules, hayas o robles.. Caminar entre ellos se convierte en un auténtico espectáculo visual y más en determinadas fases del año. Estamos, sin duda, ate un auténtico museo botánico de la montaña leonesa. El interior del bosque también alberga especies animales como corzos, rebecos o el emblemático urogallo.. Y otro lugar que uno no se puede perder por las alrededores es el Lago Ausente. A más de 1750 metros de altura, de origen glaciar y rodeado de un halo de misterio. Una masa de agua que puede llegar a alcanzar los 15 metros de profundidad, y sus calmadas aguas invitan al sosiego con colores azulados y turquesas. Se puede hacer recorridos circulares por su vera, con unas espectaculares vistas de alta montaña.. Existe una leyenda en relación a este lago. Una joven cuando volvía a casa tuvo la mala fortuna de caer al lago. intentando salvar su vida tocó la orilla con sus dedos y de aquel lugar brotó la Fuente de los Cinco Manantiales. Otra creencia popular destaca que el lago, desde las alturas, presenta la forma de una cara ovalada, dicen que la cara de un joven que allí perdió la vida.. Lo cierto, es que este escenario es idílico para descubrir la riqueza y variedad de la montaña leonesa. Una visita obligada, sin duda.
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