Denota coraje y resiliencia que Caroline Darian se conecte a una videollamada para hablar con una extraña sobre el episodio más traumático de su vida. Pero lo hace. Pocos días después del 8-M concede a este diario unos minutos, algo que, así lo observo y, como mujer, agradezco, hace por la pura y gran necesidad de contar su verdad. La, entre otras muchas cosas, hija de Gisèle Pelicot, mujer que fue drogada y violada por su ex marido y otros 50 desconocidos, no se rinde. Fundó #Mendorspas, una asociación que busca advertir e informar más y mejor sobre los riesgos de la sumisión química, un tema sobre el que ahora publica «Para que no se olvide» (Seix Barral), libro por el que concede esta entrevista: una conversación dura, pero cargada de la búsqueda de la verdad desde su más comprensible frustración.. ¿Cómo va la asociación? ¿Qué historias les llegan?. Estamos preparando el lanzamiento de la campaña de prevención de 2026. Esperamos poder hacerlo antes del verano, porque no existe ahora mismo una verdadera campaña de sensibilización que permita expresar lo que es la sumisión química en Francia. También estamos organizando foros con expertos científicos y jurídicos para poder hacer mucha pedagogía. Desde el 1 de enero, gracias al lobby político que se ha estado haciendo en los últimos años con una diputada, hemos puesto en marcha análisis toxicológicos de sangre, orina y cabello. Esto requiere tiempo, en la asociación somos cinco voluntarios. Lo hacemos como podemos.. ¿Tienen alguna referencia, sea dentro o fuera de Francia?. No hay ningún dispositivo más avanzado que el nuestro. En España las fases están un poco más desarrolladas, porque allí la gestión de la violencia de género no tiene nada que ver con la de Francia.. ¿Qué riesgos o advertencias priman desde la asociación?. Primero lo que hay que saber es que las víctimas de sumisión química no ocurren en el ámbito lúdico ni festivo. El 60% se ven afectadas en un ámbito privado: en su domicilio, con un familiar, un marido, un vecino o un compañero de trabajo. Alguien de quien no sospechan. Después, las situaciones son muy variables según las sustancias utilizadas por los agresores. Casi el 70% de los casos de sumisión química en Francia es por culpa de antianalgésicos, ansiolíticos o somníferos. Todo lo que permite aniquilar y reducir el estado de vigilancia. Pero, cuando te despiertas, te das cuenta de que ha ocurrido algo anormal, porque te ves en un lugar poco habitual, con ropa que no es la tuya, medio desnuda… Luego también están las drogas, como el MDMA o el GHB, que tienen el mismo efecto que los medicamentos y generan auténticos apagones mentales. Las señales de alarma son muy variables. Nosotros alentamos a las víctimas a denunciar, pero a quienes no son capaces le damos la posibilidad de acudir a sus médicos de cabecera, quienes están al corriente, para hacerles los análisis rápido. La sumisión química es una carrera contrarreloj, porque las pruebas se basan en los análisis.. Su madre pudo contar con pruebas gráficas, algo que no le pasa a todas las víctimas. ¿Cómo trata la justicia a la mujer?. En Francia, si no hay pruebas la justicia no hace nada. En el caso de Dominique Pelicot, ¿había pruebas suficientes? No en mi caso. Se vieron tan desbordados por el de mi madre que no concentraron los recursos en intentar investigar el mío. Hay muchos individuos con los que Dominique habló de su hija, les mandó fotos mías, y a esas personas nunca los interrogaron. Nunca. Así que la investigación se centró en mi madre, y es lógico, pero en este microcosmos familiar el error fue considerar que sólo había una víctima.. «La sumisión química no ocurre en un ámbito lúdico, sino en el privado, en la familia o el trabajo». Caroline Darian. ¿Busca liberarse con el libro?. Forma parte de un proceso. Es violento pensar que nunca recibiré una respuesta ni una confesión de mi padre. Fue también violento en el juicio encontrarme con él, manipulador, mentiroso, incapaz de decir la verdad. Así que este libro ha sido una forma de vehicular mi pena y explicar que en ese tribunal no sólo estaba mi madre. Era un expediente familiar. En mi caso, cuidado, estamos hablando de incesto. No lo olvidemos.. ¿Sigue buscando respuestas?. Me gustaría que se llevase a cabo una investigación policial digna, porque Dominique Pelicot es incapaz de darme respuestas. Quiero que me diga la verdad, que me explique qué lo motivó, qué le hizo cambiar de mirada hacia su propia hija. Cuándo empezó a tener atracción sexual hacia su hija.. ¿Cómo cuida su salud mental?. Lo trabajo mucho. Pero no se puede olvidar una cosa así, no puede pasar página. Siempre formará parte de mi vida. Mi padre me robó 20 años. Es uno de los mayores depredadores sexuales de las últimas décadas. Y era mi padre, al que yo quería. Y morirá en la cárcel. Aprendes a vivir con ello.. ¿Qué tal con su madre?. Nuestra relación se ha calmado. Intentamos no hablar demasiado de lo que nos hizo daño. Necesitamos reencontrarnos. Creo que se ha entendido que, cuando pasas por una experiencia como esta, no necesariamente se producen acercamientos. Con un trauma así, con una sospecha de incesto, las familias se rompen. Pero el 8-M, que pasé con ella, fue una forma de decir que somos más fuertes que esto. Que el amor que siento por mi madre es muy superior a la rabia que siento hacia mi padre.
En «Para que no se olvide» la hija de Gisèle Pelicot se sincera sobre el caso que rompió su familia, así como informa sobre los riesgos de la sumisión química
Denota coraje y resiliencia que Caroline Darian se conecte a una videollamada para hablar con una extraña sobre el episodio más traumático de su vida. Pero lo hace. Pocos días después del 8-M concede a este diario unos minutos, algo que, así lo observo y, como mujer, agradezco, hace por la pura y gran necesidad de contar su verdad. La, entre otras muchas cosas, hija de Gisèle Pelicot, mujer que fue drogada y violada por su ex marido y otros 50 desconocidos, no se rinde. Fundó #Mendorspas, una asociación que busca advertir e informar más y mejor sobre los riesgos de la sumisión química, un tema sobre el que ahora publica «Para que no se olvide» (Seix Barral), libro por el que concede esta entrevista: una conversación dura, pero cargada de la búsqueda de la verdad desde su más comprensible frustración.. ¿Cómo va la asociación? ¿Qué historias les llegan?. Estamos preparando el lanzamiento de la campaña de prevención de 2026. Esperamos poder hacerlo antes del verano, porque no existe ahora mismo una verdadera campaña de sensibilización que permita expresar lo que es la sumisión química en Francia. También estamos organizando foros con expertos científicos y jurídicos para poder hacer mucha pedagogía. Desde el 1 de enero, gracias al lobby político que se ha estado haciendo en los últimos años con una diputada, hemos puesto en marcha análisis toxicológicos de sangre, orina y cabello. Esto requiere tiempo, en la asociación somos cinco voluntarios. Lo hacemos como podemos.. ¿Tienen alguna referencia, sea dentro o fuera de Francia?. No hay ningún dispositivo más avanzado que el nuestro. En España las fases están un poco más desarrolladas, porque allí la gestión de la violencia de género no tiene nada que ver con la de Francia.. ¿Qué riesgos o advertencias priman desde la asociación?. Primero lo que hay que saber es que las víctimas de sumisión química no ocurren en el ámbito lúdico ni festivo. El 60% se ven afectadas en un ámbito privado: en su domicilio, con un familiar, un marido, un vecino o un compañero de trabajo. Alguien de quien no sospechan. Después, las situaciones son muy variables según las sustancias utilizadas por los agresores. Casi el 70% de los casos de sumisión química en Francia es por culpa de antianalgésicos, ansiolíticos o somníferos. Todo lo que permite aniquilar y reducir el estado de vigilancia. Pero, cuando te despiertas, te das cuenta de que ha ocurrido algo anormal, porque te ves en un lugar poco habitual, con ropa que no es la tuya, medio desnuda… Luego también están las drogas, como el MDMA o el GHB, que tienen el mismo efecto que los medicamentos y generan auténticos apagones mentales. Las señales de alarma son muy variables. Nosotros alentamos a las víctimas a denunciar, pero a quienes no son capaces le damos la posibilidad de acudir a sus médicos de cabecera, quienes están al corriente, para hacerles los análisis rápido. La sumisión química es una carrera contrarreloj, porque las pruebas se basan en los análisis.. Su madre pudo contar con pruebas gráficas, algo que no le pasa a todas las víctimas. ¿Cómo trata la justicia a la mujer?. En Francia, si no hay pruebas la justicia no hace nada. En el caso de Dominique Pelicot, ¿había pruebas suficientes? No en mi caso. Se vieron tan desbordados por el de mi madre que no concentraron los recursos en intentar investigar el mío. Hay muchos individuos con los que Dominique habló de su hija, les mandó fotos mías, y a esas personas nunca los interrogaron. Nunca. Así que la investigación se centró en mi madre, y es lógico, pero en este microcosmos familiar el error fue considerar que sólo había una víctima.. «La sumisión química no ocurre en un ámbito lúdico, sino en el privado, en la familia o el trabajo». ¿Busca liberarse con el libro?. Forma parte de un proceso. Es violento pensar que nunca recibiré una respuesta ni una confesión de mi padre. Fue también violento en el juicio encontrarme con él, manipulador, mentiroso, incapaz de decir la verdad. Así que este libro ha sido una forma de vehicular mi pena y explicar que en ese tribunal no sólo estaba mi madre. Era un expediente familiar. En mi caso, cuidado, estamos hablando de incesto. No lo olvidemos.. ¿Sigue buscando respuestas?. Me gustaría que se llevase a cabo una investigación policial digna, porque Dominique Pelicot es incapaz de darme respuestas. Quiero que me diga la verdad, que me explique qué lo motivó, qué le hizo cambiar de mirada hacia su propia hija. Cuándo empezó a tener atracción sexual hacia su hija.. ¿Cómo cuida su salud mental?. Lo trabajo mucho. Pero no se puede olvidar una cosa así, no puede pasar página. Siempre formará parte de mi vida. Mi padre me robó 20 años. Es uno de los mayores depredadores sexuales de las últimas décadas. Y era mi padre, al que yo quería. Y morirá en la cárcel. Aprendes a vivir con ello.. ¿Qué tal con su madre?. Nuestra relación se ha calmado. Intentamos no hablar demasiado de lo que nos hizo daño. Necesitamos reencontrarnos. Creo que se ha entendido que, cuando pasas por una experiencia como esta, no necesariamente se producen acercamientos. Con un trauma así, con una sospecha de incesto, las familias se rompen. Pero el 8-M, que pasé con ella, fue una forma de decir que somos más fuertes que esto. Que el amor que siento por mi madre es muy superior a la rabia que siento hacia mi padre.
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