Sevilla ha vivido este fin de semana un encuentro histórico entre dos formas de entender el toreo que comparten un mismo ADN: la naturalidad y el temple. El patio central del Real Círculo de Labradores se ha vestido de gala para la entrega del II Trofeo «Curro Romero» al matador de toros Pablo Aguado. El momento cumbre de la jornada se produjo cuando el propio Curro Romero hizo entrega de la distinción, reconociendo en el joven diestro ese «sello personal» y esa búsqueda constante de la verdad que definen su trayectoria y que lo sitúan como el heredero espiritual del concepto más puro de la ciudad.. El evento, que ya es un clásico de la pretemporada hispalense, sirvió también de marco para el Pregón Taurino de la entidad, que este año alcanzó su decimocuarta edición. El encargado de pronunciarlo fue José Luque Teruel, presidente de la plaza de toros de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, quien fue presentado por su hermano, el catedrático Andrés Luque Teruel. En un discurso cargado de nostalgia y respeto, Luque Teruel recorrió sus vivencias como aficionado y la enorme responsabilidad que supone presidir en el palco del coso del Baratillo.. Durante su alocución, el pregonero puso en valor las enseñanzas heredadas de su padre, el legendario banderillero Andrés Luque Gago, basadas en «el respeto por la profesión y sus formas clásicas». Este hilo conductor generacional conectó a la perfección con la figura del galardonado, ya que Pablo Aguado aprovechó su intervención para dedicar unas sentidas palabras a la memoria de su propio padre, don Julio Aguado, en lo que fue el instante más emotivo de la tarde ante una audiencia que llenaba la sede de Pedro Caravaca.. Pablo Aguado, visiblemente emocionado, agradeció el trofeo definiéndolo como «un reconocimiento muy sevillano». El diestro destacó que, más allá de la gloria efímera que otorga el toro, lo verdaderamente valioso es «andar por el mundo siendo querido y respetado», trazando un paralelismo directo con la inmensa figura de Curro Romero. Para Aguado, recibir este galardón de manos de su referente supone un estímulo para mantenerse fiel a una manera de interpretar el toreo que huye de los artificios.. Con esta distinción, Aguado toma el relevo de Juan Antonio Ruiz «Espartaco», quien fue el ganador de la primera edición y estuvo presente en el acto para arropar a su compañero. La consolidación de este premio por parte del Real Círculo de Labradores, bajo la presidencia de Benito Mateos-Nevado, subraya el compromiso de la institución con la defensa de los valores tradicionales de la tauromaquia y el reconocimiento a quienes mantienen vivo el concepto del toreo de arte.. La jornada cerró con un ambiente de máxima expectación ante el inicio inminente de la temporada. El acto no solo premió el presente de un torero en plenitud, sino que reivindicó la vigencia de una escuela, la sevillana, que sigue encontrando en la naturalidad y el respeto su mejor defensa. Sevilla vuelve a rendirse a sus ídolos en una mañana donde la historia y el futuro del toreo se dieron la mano bajo la atenta y sabia mirada del Faraón de Camas.
El Faraón de Camas entrega personalmente el galardón que reconoce el concepto clásico y la naturalidad del diestro sevillano durante un acto que sirvió de preludio a los días grandes de la Maestranza.
Sevilla ha vivido este fin de semana un encuentro histórico entre dos formas de entender el toreo que comparten un mismo ADN: la naturalidad y el temple. El patio central del Real Círculo de Labradores se ha vestido de gala para la entrega del II Trofeo «Curro Romero» al matador de toros Pablo Aguado. El momento cumbre de la jornada se produjo cuando el propio Curro Romero hizo entrega de la distinción, reconociendo en el joven diestro ese «sello personal» y esa búsqueda constante de la verdad que definen su trayectoria y que lo sitúan como el heredero espiritual del concepto más puro de la ciudad.. El evento, que ya es un clásico de la pretemporada hispalense, sirvió también de marco para el Pregón Taurino de la entidad, que este año alcanzó su decimocuarta edición. El encargado de pronunciarlo fue José Luque Teruel, presidente de la plaza de toros de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, quien fue presentado por su hermano, el catedrático Andrés Luque Teruel. En un discurso cargado de nostalgia y respeto, Luque Teruel recorrió sus vivencias como aficionado y la enorme responsabilidad que supone presidir en el palco del coso del Baratillo.. Durante su alocución, el pregonero puso en valor las enseñanzas heredadas de su padre, el legendario banderillero Andrés Luque Gago, basadas en «el respeto por la profesión y sus formas clásicas». Este hilo conductor generacional conectó a la perfección con la figura del galardonado, ya que Pablo Aguado aprovechó su intervención para dedicar unas sentidas palabras a la memoria de su propio padre, don Julio Aguado, en lo que fue el instante más emotivo de la tarde ante una audiencia que llenaba la sede de Pedro Caravaca.. Pablo Aguado, visiblemente emocionado, agradeció el trofeo definiéndolo como «un reconocimiento muy sevillano». El diestro destacó que, más allá de la gloria efímera que otorga el toro, lo verdaderamente valioso es «andar por el mundo siendo querido y respetado», trazando un paralelismo directo con la inmensa figura de Curro Romero. Para Aguado, recibir este galardón de manos de su referente supone un estímulo para mantenerse fiel a una manera de interpretar el toreo que huye de los artificios.. Con esta distinción, Aguado toma el relevo de Juan Antonio Ruiz «Espartaco», quien fue el ganador de la primera edición y estuvo presente en el acto para arropar a su compañero. La consolidación de este premio por parte del Real Círculo de Labradores, bajo la presidencia de Benito Mateos-Nevado, subraya el compromiso de la institución con la defensa de los valores tradicionales de la tauromaquia y el reconocimiento a quienes mantienen vivo el concepto del toreo de arte.. La jornada cerró con un ambiente de máxima expectación ante el inicio inminente de la temporada. El acto no solo premió el presente de un torero en plenitud, sino que reivindicó la vigencia de una escuela, la sevillana, que sigue encontrando en la naturalidad y el respeto su mejor defensa. Sevilla vuelve a rendirse a sus ídolos en una mañana donde la historia y el futuro del toreo se dieron la mano bajo la atenta y sabia mirada del Faraón de Camas.
Noticias de cultura en La Razón
