Fue conmovedor. El minuto de silencio con el que se cerró el paseíllo fue de los que calan hondo. En ese momento, toda la plaza abrazó a Curro Díaz. Su torero. No habían pasado 48 horas desde el jienense se había despedido para siempre de Francisco, ese hombre menudo y de rostro curtido por el sol que merodeaba tímido por los callejones de las plazas donde toreaba su hijo. Y ahí estaba Curro, vestido de luces en su Madrid. Por eso la ovación tras el recuerdo a su padre sonó a “estamos contigo”. No debe ser fácil jugarte la vida cuando, encima, tienes el alma rota.. Tras elevar la montera al cielo, Curro intentó hacerse con un primero de embestidas rebrincadas y escasa fuerza. Dejó una trincherilla como una pincelada antes de un buen puñado de naturales delicados, aunque aislados, en una labor sobria que no pudo obligar por abajo. Pero fue en el cuarto donde la tarde cobró otra dimensión. El de Martín Lorca punteaba y se frenaba a mitad del viaje, exigiendo un esfuerzo de aguante que el jienense asumió con firmeza. Cuando la muleta voló tersa, brotó una emoción seca, de calado hondo en Madrid. Hubo una conexión real con el tendido que culminó en una estocada efectiva. Pese a la petición, la presidencia no concedió el trofeo, provocando una vuelta al ruedo sentida y compartida por todos. Fue el reconocimiento de una plaza que supo valorar la entereza de un torero que siempre se entrega en Madrid.. Corrió turno Diego San Román tras devolverse el inválido tercero y se enfrentó a un toro de cara amplia y embestida descompuesta que terminó doblegado por el poder natural del mexicano. San Román no solo tiene valor para cambiarse el toro por la espalda, impávido, cuando los pitones le rozan la taleguilla, sino para ofrecer el pecho con una verdad tremenda. Así fue arrancando muletazos por ambos pitones con muchísima capacidad; derechazos hondos, de uno en uno, ante un astado que acusaba cada viaje, lastrando el siguiente. La faena se hizo larga y los pinchazos emborronaron su seria actuación. En el sexto, sus gaoneras volvieron a imponer un silencio de respeto. Tuvo que tirar del toro con mando para obligarlo, siempre con valor, siempre con verdad. Todo lo puso en torero, aunque la plaza no terminó de darle la importancia debida a su firmeza. Aquí hay un torero para seguir.. Rafa Serna pasó inédito ante un lote de no muchas opciones, pero también sin el ajuste que exige Madrid. Faltó actitud y sobraron precauciones en una labor pulcra que nunca llegó a romper. Su esfuerzo porfión en el quinto fue un ejercicio de impotencia ante la nula transmisión de Martín Lorca. Fue una tarde de verdades secas, un luto compartido y demasiados silencios.. FICHA DEL FESTEJO:. Domingo 5 de abril de 2026. Plaza de toros de Las Ventas, Madrid. Corrida del Domingo de Resurrección. Alrededor de un tercio entrada en tarde agradable y soleada. Se lidiaron toros de Martín Lorca y Carmen Valiente (el 6º), serios, parejos y bien hechos. 1⁰, noble y sin fuerza; 2⁰, manso a la defensiva; 3⁰, descompuesto; 4⁰ y 5⁰ deslucidos; y 6⁰, remiso.. Curro Díaz, de verde botella y luto, estocada corta y dos descabellos (ovación); estocada (vuelta).. Rafael Serna, de azul noche y oro, dos pinchazos y descabello (silencio); y pinchazo hondo y dos descabellos (silencio).. Diego San Román, de obispo y oro, aviso, dos pinchazos, estocada y descabello (silencio); y aviso, estocada y descabello (palmas).. Al finalizar el paseíllo se guardó un minuto de silencio en recuerdo de Francisco Díaz, padre del torero Curro Díaz, y el matador Ricardo Ortiz, fallecidos esta semana.
Falló el toro en Madrid, en una tarde que mería mucho más
Fue conmovedor. El minuto de silencio con el que se cerró el paseíllo fue de los que calan hondo. En ese momento, toda la plaza abrazó a Curro Díaz. Su torero. No habían pasado 48 horas desde el jienense se había despedido para siempre de Francisco, ese hombre menudo y de rostro curtido por el sol que merodeaba tímido por los callejones de las plazas donde toreaba su hijo. Y ahí estaba Curro, vestido de luces en su Madrid. Por eso la ovación tras el recuerdo a su padre sonó a “estamos contigo”. No debe ser fácil jugarte la vida cuando, encima, tienes el alma rota.. Tras elevar la montera al cielo, Curro intentó hacerse con un primero de embestidas rebrincadas y escasa fuerza. Dejó una trincherilla como una pincelada antes de un buen puñado de naturales delicados, aunque aislados, en una labor sobria que no pudo obligar por abajo. Pero fue en el cuarto donde la tarde cobró otra dimensión. El de Martín Lorca punteaba y se frenaba a mitad del viaje, exigiendo un esfuerzo de aguante que el jienense asumió con firmeza. Cuando la muleta voló tersa, brotó una emoción seca, de calado hondo en Madrid. Hubo una conexión real con el tendido que culminó en una estocada efectiva. Pese a la petición, la presidencia no concedió el trofeo, provocando una vuelta al ruedo sentida y compartida por todos. Fue el reconocimiento de una plaza que supo valorar la entereza de un torero que siempre se entrega en Madrid.. Corrió turno Diego San Román tras devolverse el inválido tercero y se enfrentó a un toro de cara amplia y embestida descompuesta que terminó doblegado por el poder natural del mexicano. San Román no solo tiene valor para cambiarse el toro por la espalda, impávido, cuando los pitones le rozan la taleguilla, sino para ofrecer el pecho con una verdad tremenda. Así fue arrancando muletazos por ambos pitones con muchísima capacidad; derechazos hondos, de uno en uno, ante un astado que acusaba cada viaje, lastrando el siguiente. La faena se hizo larga y los pinchazos emborronaron su seria actuación. En el sexto, sus gaoneras volvieron a imponer un silencio de respeto. Tuvo que tirar del toro con mando para obligarlo, siempre con valor, siempre con verdad. Todo lo puso en torero, aunque la plaza no terminó de darle la importancia debida a su firmeza. Aquí hay un torero para seguir.. Rafa Serna pasó inédito ante un lote de no muchas opciones, pero también sin el ajuste que exige Madrid. Faltó actitud y sobraron precauciones en una labor pulcra que nunca llegó a romper. Su esfuerzo porfión en el quinto fue un ejercicio de impotencia ante la nula transmisión de Martín Lorca. Fue una tarde de verdades secas, un luto compartido y demasiados silencios.. Domingo 5 de abril de 2026. Plaza de toros de Las Ventas, Madrid. Corrida del Domingo de Resurrección. Alrededor de un tercio entrada en tarde agradable y soleada. Se lidiaron toros de Martín Lorca y Carmen Valiente (el 6º), serios, parejos y bien hechos. 1⁰, noble y sin fuerza; 2⁰, manso a la defensiva; 3⁰, descompuesto; 4⁰ y 5⁰ deslucidos; y 6⁰, remiso.. Curro Díaz, de verde botella y luto, estocada corta y dos descabellos (ovación); estocada (vuelta).. Rafael Serna, de azul noche y oro, dos pinchazos y descabello (silencio); y pinchazo hondo y dos descabellos (silencio).. Diego San Román, de obispo y oro, aviso, dos pinchazos, estocada y descabello (silencio); y aviso, estocada y descabello (palmas).. Al finalizar el paseíllo se guardó un minuto de silencio en recuerdo de Francisco Díaz, padre del torero Curro Díaz, y el matador Ricardo Ortiz, fallecidos esta semana.
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