Vienen unos días de vacaciones y hala, todo el mundo desperdigado por ahí, y visitando los mismos sitios, y haciendo colas en todas partes, y venga a ir de un lugar para otro sin parar…. Cuando a lo mejor lo que nos convenía a todos es recogernos un poco, y cultivar la calma, en casa o donde sea, y vivir más despacio, y para dentro más que para fuera… Llevar una vida llevadera, y contentarnos con eso.. Y con los menudos entretenimientos y ocasionales recompensas de la vida pequeña, la de todos los días. ¡La felicidad de lo insignificante!. ¿Por qué entonces ese afán, en tiempo de vacaciones, y en cuanto se abre una puerta en el calendario, de andar de acá para allá, y moverse, y no estarse quietos?. La cuestión es salir, se dice y nos decimos, desconectar, airearse, ver cosas. ¿Y qué significa esto, ver cosas? El paisaje es un estado de ánimo, dijo Amiel, lo cual quiere decir que es un espejo del alma, de los sentimientos y emociones del que lo contempla. Por eso nadie ve dos veces el mismo paisaje. Mejor dicho, nadie mira. Porque ver es poco más que un acto reflejo, y mirar, en cambio, exige al menos cierta atención. Para ver basta con percibir algo por los ojos; mirar implica dirigir la vista hacia algo, y fijarse en ello, contemplarlo. El que mira observa, aprecia, y admira. Pero difícilmente se puede mirar, observar y admirar si se va deprisa, y mucho menos si lo único que se pretende es llegar, ver, rastrear con el móvil (con la atención puesta únicamente en el encuadre, y sin distinguir lo que es banal de lo que puede tener interés) y zas, a escape para otro sitio… Como si lo único importante fuera eso, hacer la foto para colgarla después en los grupos de wasap o en Instagram.. Está también y es obligado lo de visitar lugares con encanto… Pero, ¿qué es eso del encanto, en qué reside, y quién los define así? ¿Es que solo ellos lo acaparan, y los demás no tienen ninguno? Gran misterio.. En fin, y volviendo al principio, que en vez de salir y andar por ahí fuera, ¿no sería más provechoso y conveniente retraernos, buscar otra manera de estar a gusto y descansar?. “Busca tiempo para estar contigo”, escribió Tomás de Kempis, y Pascal dice esto en uno de sus famosos Pensamientos: “La infelicidad del hombre proviene de una sola cosa: que es incapaz de quedarse quieto en su habitación”. Y precisamente en una habitación transcurre el “Viaje alrededor de mi habitación”, de Xavier de Maistre, un libro en el que se describe cómo el autor viajó ¡durante 42 días! de una esquina a otra de su habitación y halló en ese lento y monótono recorrido la distracción y el consuelo que buscaba.
La cuestión es salir, se dice y nos decimos, desconectar, airearse, ver cosas
Vienen unos días de vacaciones y hala, todo el mundo desperdigado por ahí, y visitando los mismos sitios, y haciendo colas en todas partes, y venga a ir de un lugar para otro sin parar…. Cuando a lo mejor lo que nos convenía a todos es recogernos un poco, y cultivar la calma, en casa o donde sea, y vivir más despacio, y para dentro más que para fuera… Llevar una vida llevadera, y contentarnos con eso.. Y con los menudos entretenimientos y ocasionales recompensas de la vida pequeña, la de todos los días. ¡La felicidad de lo insignificante!. ¿Por qué entonces ese afán, en tiempo de vacaciones, y en cuanto se abre una puerta en el calendario, de andar de acá para allá, y moverse, y no estarse quietos?. La cuestión es salir, se dice y nos decimos, desconectar, airearse, ver cosas. ¿Y qué significa esto, ver cosas? El paisaje es un estado de ánimo, dijo Amiel, lo cual quiere decir que es un espejo del alma, de los sentimientos y emociones del que lo contempla. Por eso nadie ve dos veces el mismo paisaje. Mejor dicho, nadie mira. Porque ver es poco más que un acto reflejo, y mirar, en cambio, exige al menos cierta atención. Para ver basta con percibir algo por los ojos; mirar implica dirigir la vista hacia algo, y fijarse en ello, contemplarlo. El que mira observa, aprecia, y admira. Pero difícilmente se puede mirar, observar y admirar si se va deprisa, y mucho menos si lo único que se pretende es llegar, ver, rastrear con el móvil (con la atención puesta únicamente en el encuadre, y sin distinguir lo que es banal de lo que puede tener interés) y zas, a escape para otro sitio… Como si lo único importante fuera eso, hacer la foto para colgarla después en los grupos de wasap o en Instagram.. Está también y es obligado lo de visitar lugares con encanto… Pero, ¿qué es eso del encanto, en qué reside, y quién los define así? ¿Es que solo ellos lo acaparan, y los demás no tienen ninguno? Gran misterio.. En fin, y volviendo al principio, que en vez de salir y andar por ahí fuera, ¿no sería más provechoso y conveniente retraernos, buscar otra manera de estar a gusto y descansar?. “Busca tiempo para estar contigo”, escribió Tomás de Kempis, y Pascal dice esto en uno de sus famosos Pensamientos: “La infelicidad del hombre proviene de una sola cosa: que es incapaz de quedarse quieto en su habitación”. Y precisamente en una habitación transcurre el “Viaje alrededor de mi habitación”, de Xavier de Maistre, un libro en el que se describe cómo el autor viajó ¡durante 42 días! de una esquina a otra de su habitación y halló en ese lento y monótono recorrido la distracción y el consuelo que buscaba.
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