El Gobierno británico condenó la «peligrosa» actitud de Irán al atacar «la seguridad económica mundial» con el cierre del estrecho de Ormuz. Con el objetivo de preservar su peso diplomático en un escenario geopolítico cada vez más volátil, el Reino Unido convocó una reunión telemática con representantes de más de 40 países –entre los que no se incluía a España– para impulsar una coalición capaz de garantizar la seguridad en esta vía marítima del Golfo, por la que transita una quinta parte del petróleo y gas mundial y cuyo bloqueo ha disparado los precios energéticos.. La jefa de la diplomacia británica, Yvette Cooper, que ejerció de anfitriona, acusó al régimen de los ayatolás de «secuestrar una ruta marítima internacional para tomar como rehén a la economía global». «Esto está afectando a las rutas comerciales de Kuwait, Baréin, Qatar, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí, Omán e Irak, pero también significa gas natural licuado para Asia, fertilizantes para África y combustible de aviación para todo el mundo», subrayó. «La imprudencia de Irán hacia países que nunca participaron en este conflicto –algo que nosotros y 130 países hemos condenado en Naciones Unidas– no solo impacta en las hipotecas, los precios del combustible y el coste de la vida en el Reino Unido y en otros países, sino que golpea la seguridad económica global».. Según la ministra, apenas 25 buques han atravesado el estrecho en las últimas horas, muy por debajo del tránsito habitual, pese a que Irán se comprometió la semana pasada a reabrir parcialmente el paso mediante una clasificación de países «hostiles» y «no hostiles». En la práctica, alrededor de 20.000 marinos permanecen atrapados en unos 2.000 barcos bloqueados por el cierre casi total de Ormuz.. La reunión se centró en la «movilización colectiva de todas las herramientas diplomáticas, económicas y de presión», en palabras de Cooper, para promover una «coordinación global eficaz» que permita una reapertura segura y sostenida del estrecho. Como siguiente paso, se prevé una reunión de mandos militares para estudiar opciones que garanticen la navegación sin hacer que escale el conflicto.. Se preveía la asistencia de países que firmaron el pasado mes de marzo una declaración conjunta instando a Irán a cesar los ataques contra buques comerciales, incluidos algunos Estados del Golfo, así como Francia, Alemania, Japón y Australia.. Desde el inicio, no se esperaba la participación de Estados Unidos. El pasado miércoles, el presidente Donald Trump sostuvo que corresponde a otros países «armarse de valor» y reabrir la ruta. «Id al estrecho y simplemente tomadlo. Protegedlo. Usadlo para vosotros mismos», afirmó, tras insistir en que los aliados «deberían haberlo hecho antes». Washington ha acusado reiteradamente a sus socios de no hacer lo suficiente para asegurar la ruta marítima ni respaldar su esfuerzo bélico, lo que deja al Reino Unido y a otros países ante un delicado equilibrio: contribuir a la seguridad del estrecho sin quedar arrastrados a una guerra más amplia. Cooper defendió que las decisiones británicas responden exclusivamente al interés nacional, «no a las prioridades de ningún otro país».. Por su parte, el presidente de Francia, Emmanuel Macron, calificó de «irrealista» una reapertura llevada a cabo por la vía militar. «Nunca ha sido la opción que hemos elegido», afirmó durante una visita a Corea del Sur. «Esto solo puede hacerse en concertación con Irán. Primero debe haber un alto el fuego y la reanudación de las negociaciones».. En circunstancias normales, cuando Trump elevaba el tono, Europa tendía a reaccionar para apaciguarlo. El año pasado, el primer ministro británico Keir Starmer y la italiana Giorgia Meloni fueron clave para reconducir su relación con Volodimir Zelenski. Y en plena disputa con la OTAN por el gasto en defensa, el secretario general, Mark Rutte, logró desactivar la tensión ofreciendo un compromiso del incremento presupuestario que permitió salvar la cumbre anual. La guerra en Irán, sin embargo, está marcando un punto de inflexión. Los líderes europeos muestran cada vez menos disposición a alinearse automáticamente con Washington. Incluso Starmer –habitualmente prudente– se muestra incómodo con la falta de consultas y con las crecientes exigencias de implicación militar. La ofensiva contra Irán se percibe en varias capitales europeas como una apuesta arriesgada y mal calibrada, hasta el punto de que algunos de los aliados más fieles de Estados Unidos prefieren ahora mantenerse al margen.
El Gobierno británico condenó la «peligrosa» actitud de Irán al atacar «la seguridad económica mundial» con el cierre del estrecho de Ormuz. Con el objetivo de preservar su peso diplomático en un escenario geopolítico cada vez más volátil, el Reino Unido convocó una reunión telemática con representantes de más de 40 países –entre los que no se incluía a España– para impulsar una coalición capaz de garantizar la seguridad en esta vía marítima del Golfo, por la que transita una quinta parte del petróleo y gas mundial y cuyo bloqueo ha disparado los precios energéticos.. La jefa de la diplomacia británica, Yvette Cooper, que ejerció de anfitriona, acusó al régimen de los ayatolás de «secuestrar una ruta marítima internacional para tomar como rehén a la economía global». «Esto está afectando a las rutas comerciales de Kuwait, Baréin, Qatar, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí, Omán e Irak, pero también significa gas natural licuado para Asia, fertilizantes para África y combustible de aviación para todo el mundo», subrayó. «La imprudencia de Irán hacia países que nunca participaron en este conflicto –algo que nosotros y 130 países hemos condenado en Naciones Unidas– no solo impacta en las hipotecas, los precios del combustible y el coste de la vida en el Reino Unido y en otros países, sino que golpea la seguridad económica global».. Según la ministra, apenas 25 buques han atravesado el estrecho en las últimas horas, muy por debajo del tránsito habitual, pese a que Irán se comprometió la semana pasada a reabrir parcialmente el paso mediante una clasificación de países «hostiles» y «no hostiles». En la práctica, alrededor de 20.000 marinos permanecen atrapados en unos 2.000 barcos bloqueados por el cierre casi total de Ormuz.. La reunión se centró en la «movilización colectiva de todas las herramientas diplomáticas, económicas y de presión», en palabras de Cooper, para promover una «coordinación global eficaz» que permita una reapertura segura y sostenida del estrecho. Como siguiente paso, se prevé una reunión de mandos militares para estudiar opciones que garanticen la navegación sin hacer que escale el conflicto.. Se preveía la asistencia de países que firmaron el pasado mes de marzo una declaración conjunta instando a Irán a cesar los ataques contra buques comerciales, incluidos algunos Estados del Golfo, así como Francia, Alemania, Japón y Australia.. Desde el inicio, no se esperaba la participación de Estados Unidos. El pasado miércoles, el presidente Donald Trump sostuvo que corresponde a otros países «armarse de valor» y reabrir la ruta. «Id al estrecho y simplemente tomadlo. Protegedlo. Usadlo para vosotros mismos», afirmó, tras insistir en que los aliados «deberían haberlo hecho antes». Washington ha acusado reiteradamente a sus socios de no hacer lo suficiente para asegurar la ruta marítima ni respaldar su esfuerzo bélico, lo que deja al Reino Unido y a otros países ante un delicado equilibrio: contribuir a la seguridad del estrecho sin quedar arrastrados a una guerra más amplia. Cooper defendió que las decisiones británicas responden exclusivamente al interés nacional, «no a las prioridades de ningún otro país».. Por su parte, el presidente de Francia, Emmanuel Macron, calificó de «irrealista» una reapertura llevada a cabo por la vía militar. «Nunca ha sido la opción que hemos elegido», afirmó durante una visita a Corea del Sur. «Esto solo puede hacerse en concertación con Irán. Primero debe haber un alto el fuego y la reanudación de las negociaciones».. En circunstancias normales, cuando Trump elevaba el tono, Europa tendía a reaccionar para apaciguarlo. El año pasado, el primer ministro británico Keir Starmer y la italiana Giorgia Meloni fueron clave para reconducir su relación con Volodimir Zelenski. Y en plena disputa con la OTAN por el gasto en defensa, el secretario general, Mark Rutte, logró desactivar la tensión ofreciendo un compromiso del incremento presupuestario que permitió salvar la cumbre anual. La guerra en Irán, sin embargo, está marcando un punto de inflexión. Los líderes europeos muestran cada vez menos disposición a alinearse automáticamente con Washington. Incluso Starmer –habitualmente prudente– se muestra incómodo con la falta de consultas y con las crecientes exigencias de implicación militar. La ofensiva contra Irán se percibe en varias capitales europeas como una apuesta arriesgada y mal calibrada, hasta el punto de que algunos de los aliados más fieles de Estados Unidos prefieren ahora mantenerse al margen.
Reino Unido lidera una reunión con 40 países y buscan opciones para la navegación sin que escale el conflicto
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