No hay más que mirar a nuestro alrededor y ver como la escena se repite en cualquier metro, terraza o sala de espera: jóvenes (y no tan jóvenes) mirando el móvil casi sin levantar la vista. No es solo una cuestión de ocio, sino de hábito. O de algo más. En los últimos años, el uso de redes sociales ha pasado de ser entretenimiento a convertirse, en muchos casos, en una rutina difícil de controlar.. Una generación hiperconectada. Los expertos llevan tiempo poniendo cifras a lo que muchos intuían. Un editorial del Journal of the American Medical Association advertía de los patrones preocupantes entre adolescentes:. El 48% pierde el control del tiempo que pasa con el móvil. El 25% lo usa para evadirse o no deja de pensar en redes incluso sin utilizarlas. El 11% reconoce impacto en sus estudios. El 17% ha intentado reducirlo sin éxito. La clave, según los expertos, no está tanto en las horas de uso, sino en los comportamientos adictivos. De hecho, algunos especialistas ya comparan esta relación con el móvil con la de ciertas sustancias.. Cambio de percepción. Lo interesante es que, poco a poco, también está cambiando la percepción. Cada vez más jóvenes empiezan a cuestionar esa relación constante con la pantalla. No hablan solo de “usar menos el móvil”, sino de recuperar atención, tiempo y, en muchos casos, tranquilidad mental. Algunos se animan a compartirlo en redes para hacer saber que no es personal.. Como es el caso de Juan Domínguez, conocido por ser uno de los impulsores del «Tengo un Plan», junto a su amigo Sergio Beguería.. Uno de los podcasts de emprendimiento y desarrollo personal más escuchados en España, con entrevistas a más de 200 referentes y una comunidad de millones de seguidores. Su impacto le ha llevado incluso a aparecer en listas destacadas como las de Forbes España en 2025.. Pero más allá del contenido que crea, Domínguez decidió ponerse a prueba a sí mismo.. El reto de Juan. La idea llevaba tiempo rondándole la cabeza. Quería cambiar su iPhone por un móvil de los de antes, de tapa, durante 30 días. Solo para llamadas. Un dispositivo básico de unos 25 euros para desconectar de todo lo que no fuera esencial.. Juan cuenta en sus redes sociales que pensaba que lo más difícil sería el aburrimiento. No lo fue. Lo realmente impactante fue darse cuenta de todo lo que el móvil estaba “tapando”: su atención, su calma e incluso las ganas de hacer cosas.. El reto ha ido de la mano de un especialista, la Dra Ana Asensio,@vidasenpositivo_anaasensio, especialista en neurociencia y psicología. Los 4 aprendizajes que no esperaba. El experimento dejó conclusiones más profundas de lo que imaginaba.. No era falta de atención, era saturación. Antes del reto, se hizo un test de atención y le salió un percentil 20. Después de 30 días el percentil fue 80.. La conclusión fue clar, no era un problema cognitivo, sino de sobreestimulación. “Mi cerebro no era peor, solo llevaba años saturado”, resume.. El scroll no relaja, estresa. Uno de los grandes mitos que desmontó fue el de que usamos el móvil para “desconectar”.. En su caso, tras estos días, su estrés bajó un 30% en solo un mes sin cambiar nada más. Lo que parecía descanso, en realidad estaba generando más activación.. No sabía estar solo. Sin el móvil, aparecieron momentos incómodos. No por nada profundo, sino por algo más simplecomo es el aburrimiento. Había perdido el hábito de estar consigo mismo en silencio.. El móvil no solo quita tiempo, quita ganas. Durante ese mes,aprendió a soldar, algo que llevaba tiempo posponiendo.. Todo esto se trata de un ejemplo sencillo, pero revelador. No era falta de tiempo, sino de energía y foco. El móvil no solo ocupa horas, también reduce la iniciativa.. Volver al iphone, sin volver a lo mismo. Al volver al iPhone, Domínguez tenía claro que no quería repetir los mismos patrones. Por eso empezó a usar unas aplicaciones para poner límites al uso:. Dumb Phone: convierte el móvil en una versión minimalista. One Sec: introduce una pausa antes de abrir redes. Forest: gamifica el no usar el móvil. AppBlock: bloquea aplicaciones según horarios. StayFree: muestra estadísticas de uso como funciones nativas como “Tiempo de uso” o “Bienestar digital”. Su objetivo final. No se trata de eliminar el móvil, sino de recuperar el control. El caso de Juan Domínguez no es aislado, pero sí representativo de algo que empieza a cambiar.. En las redes hay más ejemplos de jóvenes que empiezan a retarse para desconectar.. Una generación que ha crecido con el móvil en la mano empieza ahora a preguntarse cuánto le está costando mantenerlo ahí.
Cada vez más jóvenes empiezan a cuestionar esa relación constante con la pantalla y empiezan retos para desconectar de ella
No hay más que mirar a nuestro alrededor y ver como la escena se repite en cualquier metro, terraza o sala de espera: jóvenes (y no tan jóvenes) mirando el móvil casi sin levantar la vista. No es solo una cuestión de ocio, sino de hábito. O de algo más. En los últimos años, el uso de redes sociales ha pasado de ser entretenimiento a convertirse, en muchos casos, en una rutina difícil de controlar.. Una generación hiperconectada. Los expertos llevan tiempo poniendo cifras a lo que muchos intuían. Un editorial del Journal of the American Medical Association advertía de los patrones preocupantes entre adolescentes:. El 48% pierde el control del tiempo que pasa con el móvil. El 25% lo usa para evadirse o no deja de pensar en redes incluso sin utilizarlas. El 11% reconoce impacto en sus estudios. El 17% ha intentado reducirlo sin éxito. La clave, según los expertos, no está tanto en las horas de uso, sino en los comportamientos adictivos. De hecho, algunos especialistas ya comparan esta relación con el móvil con la de ciertas sustancias.. Cambio de percepción. Lo interesante es que, poco a poco, también está cambiando la percepción. Cada vez más jóvenes empiezan a cuestionar esa relación constante con la pantalla. No hablan solo de “usar menos el móvil”, sino de recuperar atención, tiempo y, en muchos casos, tranquilidad mental. Algunos se animan a compartirlo en redes para hacer saber que no es personal.. Como es el caso de Juan Domínguez, conocido por ser uno de los impulsores del «Tengo un Plan», junto a su amigo Sergio Beguería.. Uno de los podcasts de emprendimiento y desarrollo personal más escuchados en España, con entrevistas a más de 200 referentes y una comunidad de millones de seguidores. Su impacto le ha llevado incluso a aparecer en listas destacadas como las de Forbes España en 2025.. Pero más allá del contenido que crea, Domínguez decidió ponerse a prueba a sí mismo.. El reto de Juan. La idea llevaba tiempo rondándole la cabeza. Quería cambiar su iPhone por un móvil de los de antes, de tapa, durante 30 días. Solo para llamadas. Un dispositivo básico de unos 25 euros para desconectar de todo lo que no fuera esencial.. Juan cuenta en sus redes sociales que pensaba que lo más difícil sería el aburrimiento. No lo fue. Lo realmente impactante fue darse cuenta de todo lo que el móvil estaba “tapando”: su atención, su calma e incluso las ganas de hacer cosas.. El reto ha ido de la mano de un especialista, la Dra Ana Asensio,@vidasenpositivo_anaasensio, especialista en neurociencia y psicología. Los 4 aprendizajes que no esperaba. El experimento dejó conclusiones más profundas de lo que imaginaba.. No era falta de atención, era saturación. Antes del reto, se hizo un test de atención y le salió un percentil 20. Después de 30 días el percentil fue 80.. La conclusión fue clar, no era un problema cognitivo, sino de sobreestimulación. “Mi cerebro no era peor, solo llevaba años saturado”, resume.. El scroll no relaja, estresa. Uno de los grandes mitos que desmontó fue el de que usamos el móvil para “desconectar”.. En su caso, tras estos días, su estrés bajó un 30% en solo un mes sin cambiar nada más. Lo que parecía descanso, en realidad estaba generando más activación.. No sabía estar solo. Sin el móvil, aparecieron momentos incómodos. No por nada profundo, sino por algo más simplecomo es el aburrimiento. Había perdido el hábito de estar consigo mismo en silencio.. El móvil no solo quita tiempo, quita ganas. Durante ese mes,aprendió a soldar, algo que llevaba tiempo posponiendo.. Todo esto se trata de un ejemplo sencillo, pero revelador. No era falta de tiempo, sino de energía y foco. El móvil no solo ocupa horas, también reduce la iniciativa.. Volver al iphone, sin volver a lo mismo. Al volver al iPhone, Domínguez tenía claro que no quería repetir los mismos patrones. Por eso empezó a usar unas aplicaciones para poner límites al uso:. Dumb Phone: convierte el móvil en una versión minimalista. One Sec: introduce una pausa antes de abrir redes. Forest: gamifica el no usar el móvil. AppBlock: bloquea aplicaciones según horarios. StayFree: muestra estadísticas de uso como funciones nativas como “Tiempo de uso” o “Bienestar digital”. Su objetivo final. No se trata de eliminar el móvil, sino de recuperar el control. El caso de Juan Domínguez no es aislado, pero sí representativo de algo que empieza a cambiar.. En las redes hay más ejemplos de jóvenes que empiezan a retarse para desconectar.. Una generación que ha crecido con el móvil en la mano empieza ahora a preguntarse cuánto le está costando mantenerlo ahí.
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