La política energética vuelve a situarse en el centro del debate en Cataluña. En un contexto internacional marcado por la inestabilidad —con la guerra entre Rusia y Ucrania y, más recientemente, la escalada en Oriente Medio con Irán y las tensiones en el estrecho de Ormuz—, el precio de la energía se ha convertido en un factor crítico. Esta situación ha reforzado, a ojos del Govern, la urgencia de acelerar la transición hacia fuentes renovables en España y, especialmente, en una comunidad como Cataluña, con un suministro renovable todavía bajo.. Al mismo tiempo, el sistema eléctrico catalán evidencia una fuerte dependencia de la energía nuclear. Las centrales de Ascó I, Ascó II y Vandellòs II generaron en 2025 el 58,8% de toda la electricidad producida en Cataluña, según datos de la Asociación Nuclear Ascó-Vandellòs II (ANAV). En total, los tres reactores alcanzaron los 22,8 teravatios hora, consolidando a Cataluña como el territorio más nuclearizado de la península. Este peso contrasta con el escaso desarrollo de las renovables: apenas un 20% de la electricidad generada procede de fuentes limpias, muy por debajo de la media española.. En este escenario, la Generalitat encara la recta final del Pla Territorial Sectorial per a la Implantació de les Energies Renovables a Catalunya (Plater), la hoja de ruta con la que pretende transformar por completo el modelo energético de aquí a 2050. El objetivo es ambicioso: alcanzar cerca de 62.000 MW de potencia renovable instalada, frente a los poco más de 5.000 MW actuales, y multiplicar por 2,3 la demanda eléctrica en un sistema más electrificado.. El plan, cuyos resultados preliminares empezarán a conocer ayuntamientos y consejos comarcales a través de un visor cartográfico, identifica la necesidad de desplegar unos 48.000 MW en suelo no artificializado, además del potencial de 14.000 MW en espacios urbanos y ya transformados. En conjunto, la implantación de parques eólicos y solares ocuparía aproximadamente el 1,2% del territorio catalán.. La consellera de Transición Ecológica, Sílvia Paneque, ha reconocido un “déficit histórico” en el desarrollo de energías renovables en Cataluña, una carencia que, según estudios citados por el Govern, tendría un coste de hasta 10.000 millones de euros anuales. El plan también contempla reforzar la red de distribución y reducir el consumo energético final en un 30,3% entre 2017 y 2050.. Un plan que no es «creíble». Sin embargo, la viabilidad de este planteamiento genera dudas entre los expertos. Alfredo García, conocido como “Operador Nuclear” y supervisor en la central de Ascó, considera que los objetivos fijados por la Generalitat difícilmente podrán cumplirse en los términos planteados: «No es creíble». En declaraciones a La Razón, advierte de que España ha necesitado unos 25 años para desplegar alrededor de 60.000 MW de renovables a escala nacional, mientras que el plan catalán pretende alcanzar una cifra similar en una sola comunidad, en menos tiempo y con mayores limitaciones territoriales.. García subraya además que el Plater deja fuera un elemento clave: la generación firme. Según explica, sin energía nuclear el sistema dependerá inevitablemente del gas para garantizar el suministro, especialmente en un escenario en el que la demanda eléctrica crecería de forma tan significativa. A su juicio, esto compromete la estabilidad del modelo propuesto.. El experto también apunta a dos obstáculos que ya están ralentizando el desarrollo renovable en Europa. Por un lado, la caída de los precios mayoristas en momentos de alta producción renovable está reduciendo la rentabilidad de las inversiones. Por otro, la creciente oposición social al uso intensivo del territorio —particularmente en Cataluña— amenaza con dificultar la ejecución de nuevos proyectos. En este contexto, García considera que el Plater se aproxima más a una declaración de intenciones que a una hoja de ruta plenamente viable.. En este contexto, los expertos coinciden en que la transición energética no debería basarse en una única tecnología, sino en un equilibrio realista entre distintas fuentes. Apostar exclusivamente por las renovables o prescindir completamente de la energía nuclear puede generar desequilibrios en el sistema. Mientras las renovables son clave para descarbonizar la economía, la nuclear ofrece una generación constante y libre de emisiones que complementa sus limitaciones, garantizando estabilidad y seguridad de suministro. Por ello, cada vez más voces defienden un mix energético que combine ambas, aprovechando las ventajas de unas y otras para lograr un sistema más limpio, eficiente, competitivo y menos dependiente del exterior.
El proyecto llega en un contexto de tensión por el encarecimiento de la energía
La política energética vuelve a situarse en el centro del debate en Cataluña. En un contexto internacional marcado por la inestabilidad —con la guerra entre Rusia y Ucrania y, más recientemente, la escalada en Oriente Medio con Irán y las tensiones en el estrecho de Ormuz—, el precio de la energía se ha convertido en un factor crítico. Esta situación ha reforzado, a ojos del Govern, la urgencia de acelerar la transición hacia fuentes renovables en España y, especialmente, en una comunidad como Cataluña, con un suministro renovable todavía bajo.. Al mismo tiempo, el sistema eléctrico catalán evidencia una fuerte dependencia de la energía nuclear. Las centrales de Ascó I, Ascó II y Vandellòs II generaron en 2025 el 58,8% de toda la electricidad producida en Cataluña, según datos de la Asociación Nuclear Ascó-Vandellòs II (ANAV). En total, los tres reactores alcanzaron los 22,8 teravatios hora, consolidando a Cataluña como el territorio más nuclearizado de la península. Este peso contrasta con el escaso desarrollo de las renovables: apenas un 20% de la electricidad generada procede de fuentes limpias, muy por debajo de la media española.. En este escenario, la Generalitat encara la recta final del Pla Territorial Sectorial per a la Implantació de les Energies Renovables a Catalunya (Plater), la hoja de ruta con la que pretende transformar por completo el modelo energético de aquí a 2050. El objetivo es ambicioso: alcanzar cerca de 62.000 MW de potencia renovable instalada, frente a los poco más de 5.000 MW actuales, y multiplicar por 2,3 la demanda eléctrica en un sistema más electrificado.. El plan, cuyos resultados preliminares empezarán a conocer ayuntamientos y consejos comarcales a través de un visor cartográfico, identifica la necesidad de desplegar unos 48.000 MW en suelo no artificializado, además del potencial de 14.000 MW en espacios urbanos y ya transformados. En conjunto, la implantación de parques eólicos y solares ocuparía aproximadamente el 1,2% del territorio catalán.. La consellera de Transición Ecológica, Sílvia Paneque, ha reconocido un “déficit histórico” en el desarrollo de energías renovables en Cataluña, una carencia que, según estudios citados por el Govern, tendría un coste de hasta 10.000 millones de euros anuales. El plan también contempla reforzar la red de distribución y reducir el consumo energético final en un 30,3% entre 2017 y 2050.. Un plan que no es «creíble». Sin embargo, la viabilidad de este planteamiento genera dudas entre los expertos. Alfredo García, conocido como “Operador Nuclear” y supervisor en la central de Ascó, considera que los objetivos fijados por la Generalitat difícilmente podrán cumplirse en los términos planteados: «No es creíble». En declaraciones a La Razón, advierte de que España ha necesitado unos 25 años para desplegar alrededor de 60.000 MW de renovables a escala nacional, mientras que el plan catalán pretende alcanzar una cifra similar en una sola comunidad, en menos tiempo y con mayores limitaciones territoriales.. García subraya además que el Plater deja fuera un elemento clave: la generación firme. Según explica, sin energía nuclear el sistema dependerá inevitablemente del gas para garantizar el suministro, especialmente en un escenario en el que la demanda eléctrica crecería de forma tan significativa. A su juicio, esto compromete la estabilidad del modelo propuesto.. El experto también apunta a dos obstáculos que ya están ralentizando el desarrollo renovable en Europa. Por un lado, la caída de los precios mayoristas en momentos de alta producción renovable está reduciendo la rentabilidad de las inversiones. Por otro, la creciente oposición social al uso intensivo del territorio —particularmente en Cataluña— amenaza con dificultar la ejecución de nuevos proyectos. En este contexto, García considera que el Plater se aproxima más a una declaración de intenciones que a una hoja de ruta plenamente viable.. En este contexto, los expertos coinciden en que la transición energética no debería basarse en una única tecnología, sino en un equilibrio realista entre distintas fuentes. Apostar exclusivamente por las renovables o prescindir completamente de la energía nuclear puede generar desequilibrios en el sistema. Mientras las renovables son clave para descarbonizar la economía, la nuclear ofrece una generación constante y libre de emisiones que complementa sus limitaciones, garantizando estabilidad y seguridad de suministro. Por ello, cada vez más voces defienden un mix energético que combine ambas, aprovechando las ventajas de unas y otras para lograr un sistema más limpio, eficiente, competitivo y menos dependiente del exterior.
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